Mamá está escribiendo… 32. Una comida incompleta
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32. Una comida incompleta

Una comida incompleta

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—Teresa dice que si vais a destruir la familia al menos comáis algo.

Deja la bolsa en la mesa.

Hay uno de tortilla sin cebolla marcado con una C. Otro vegetal con una I. El de Marc lleva jamón y una nota escrita en servilleta: «SIN TOMATE».

Mi padre todavía recuerda qué pide cada uno cuando no estamos discutiendo sobre la muerte de nuestra madre.

—¿Y el tuyo? —pregunto.

—Ya he comido.

—Mentira.

—He probado uno en el coche.

Eso significa que ha comido medio bocadillo y ha decidido que cuenta.

Durante un minuto los demás abren papel de aluminio y nadie pregunta por credenciales. Yo dejo el mío cerrado; le he dicho a Nora que le avisaría.

Marc le pasa a Gabriel una botella de agua sin mirarlo. Inés no está. Samuel tampoco.

Somos una versión incompleta de una comida familiar. Gabriel abre el suyo y arranca un trozo de pan antes de mirar la pantalla.

—¿Nora ha comido? —pregunta.

—Sí —digo.

—¿Seguro?

—Papá.

—Era una pregunta.

Le escribo a Nora de todos modos: «¿Has comido?»

La respuesta llega diez segundos después: «Sí. Y no necesito auditoría».

Le enseño el mensaje a Gabriel. Mi padre sonríe.

—Eso es tuyo.

—No. Eso es completamente de ella.

Durante un instante la diferencia importa. Dura muy poco.

Adriana gira el portátil hacia mi padre. Nadie se ríe.

—¿Qué he hecho ahora? —pregunta.

Adriana le enseña la familia de credenciales FND. Gabriel se inclina sobre la pantalla.

—Dios.

—¿Las conoces? —pregunto.

—Claro. Todos las odiábamos.

—¿Todos quiénes?

—Los que estábamos al principio.

Laura le pide nombres, no recuerdos generales. Helena Vidal.

Samuel Ortega. Gabriel Vidal.

Durante un periodo, Marta Esteve. Las cuentas cambiaron después. Algunas se migraron a identidades individuales. Otras quedaron asociadas a procesos heredados.

—¿Conservaste alguna credencial? —pregunta Laura.

—No conscientemente.

Laura deja el bolígrafo.

—Eso es una respuesta de persona, no de auditoría. Dame la versión que pueda escribir sin adivinar.

Gabriel asiente.

—No sé si alguna clave o credencial técnica que yo usara hace años siguió siendo válida después. Mi acceso personal sí cambió.

Es una respuesta mejor de lo que me gustaría.

Laura le pide sus dispositivos corporativos y autorización interna para revisar sus accesos conforme al protocolo que Adriana acaba de activar. Gabriel gira hacia Adriana.

—¿Samuel también?

—Sí —dice Adriana.

—Bien. —No protesta. Otra vez, la normalidad.

Mientras firma, le pregunto por la demostración de Calder Quay.

—La preparé yo.

—Ya lo sé.

—Entonces ¿qué quieres saber?

—¿Qué utilizaste?

Se queda pensando.

—Dos pilotos sintetizados y perfiles construidos para la demo.

—¿Datos reales?

—Los resultados partían de trabajo real. Los perfiles que vio Daniel estaban preparados.

—¿Con qué corpus entrenaste la adaptación?

Su expresión cambia muy poco. Lo suficiente.

—Eso tendrás que reconstruirlo con Samuel.

—Samuel dice que hubo una ampliación que no tiene una orden limpia.

Gabriel queda un instante entre Adriana y yo, como si cualquiera de las dos pudiera completar la frase.

—En investigación muchas decisiones no tenían una orden limpia.

—Eso también lo he oído hoy.

—Porque es verdad.

Laura interrumpe.

—No vamos a convertir una entrevista informal en atribución. Tendremos los registros preservados y contrastaremos versiones.

Gabriel termina de firmar. Antes de entregar el portátil, lo cierra y apoya la mano encima un segundo.

No parece despedirse de una prueba. Parece despedirse de trabajo.

Eso también puede ser verdad. Cuando se va con Laura, Adriana me enseña la lista histórica de miembros del grupo fundador y los cambios de permisos.

—Hay algo que tienes que entender antes de seguir señalando nombres —dice.

—Estoy escuchando.

—El acceso no fue estable. Helena tuvo privilegios que luego delegó. Samuel administró sistemas que después se separaron. Gabriel conservó entornos de reproducibilidad con autorización parcial. Marta y Youssef salieron. Las cuentas de servicio sobrevivieron a personas y organigramas.

—O sea, cualquiera.

—No. O sea, todavía no podemos decir quién.

La pizarra que Laura ha dejado sin borrar sigue allí. CORPUS. OBJETIVO. DESTINATARIO. ACCIÓN.

No hace falta que una persona haya controlado todo durante tres años.

Solo que haya conservado suficiente acceso. Y que nos conozca lo bastante bien para saber dónde empujar.

Pienso en Gabriel trayendo bocadillos porque Teresa se lo ha pedido.

Pienso en Samuel entregando su portátil. Pienso en Inés intentando vender una empresa mientras yo intento averiguar qué hizo nuestra madre con ella.

Pienso en Marc, que ya no puede ser el hombre de la escalera y sigue siendo capaz de haber hecho otras cosas terribles.

La lista de sospechosos no se ha reducido. Solo ha dejado de tener un nombre arriba.