Maldito hechizo
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Prólogo
Cuando Tristan Branok se escapó por la ventana de su dormitorio la noche antes de su decimosexto cumpleaños, lo que menos esperaba era toparse con el hermano mayor de su mejor amigo y vecino desde que, siendo casi bebés, se mudaron a la casa de al lado.
Liam y él llevaban semanas planeando la escapada.
Tristan incluso había fingido sentirse mal y a las seis les había dicho a sus padres que se iba a la cama.
Después esperó tapado hasta el cuello a que su madre y su tía entraran, una hora más tarde, para comprobar cómo estaba antes de escabullirse por la ventana.
La presencia de Hunter era molesta en un día normal, pero era mucho peor en esa ocasión.
Estaba parado justo en el lugar en el que había quedado con Liam, y de espaldas, Tristan no se había dado cuenta de que no era su mejor amigo, ya que los dos hermanos eran altos, de hombros anchos y con el mismo tono de cabello, rubio miel.
—¿Por qué estás aquí? —inquirió Tristan con una mirada fulminante mientras buscaba a Liam con la mirada.
Era imposible que su amigo le hubiera dejado tirado sabiendo lo que la escapada significaba para él y más imposible todavía que le hubiera contado a su hermano mayor sus planes.
Hunter era con total certeza su persona menos favorita del mundo y Liam lo sabía.
El hermano mayor de su amigo iba un curso por delante de ellos, pero siempre se había creído el adulto responsable.
Por no mencionar que era el chico más atractivo que Tristan había visto en persona, y el que más reacciones le sacaba a su cuerpo, lo que ya de por sí era suficiente para que no le cayera bien.
—¿Dónde está Liam?
—Ocupado ayudando a mi madre. —Se encogió de hombros—. No ha podido venir —comentó con tranquilidad. Tristan estaba seguro de que era culpa suya que Liam no hubiese podido escapar.
—¿Qué has hecho? —preguntó cabreado.
Había puesto muchas esperanzas en la aventura de esa noche y en ningún momento pensó en la posibilidad de que sus planes se truncaran por culpa de Hunter.
—No creo que vuestro plan sea buena idea.
—Una lástima porque yo sí creo que lo es.
—Pues lo siento, pero Liam no va a acompañarte en esta locura que habéis montado.
—Así que sí que te has chivado.
Negó con la cabeza.
—No, pero lo haré si os marcháis. Liam ha accedido —explicó muy serio—, le preocupa que visite a tus padres y les cuente vuestros planes. Tú plan.
—¿Por qué? —preguntó con desconcierto y molestia—. ¿Por qué intervienes?
¿Qué le importaba a él lo que hicieran? De acuerdo, era el hermano de Liam, pero seguro que él también cometía locuras, no podía ser tan hipócrita.
—Londres es peligroso para unos adolescentes de Cornualles.
Tristan bufó.
—¿Solo para los de Cornualles?
—Para todos, pero más para vosotros que no estáis familiarizados con la ciudad, por no mencionar que nuestros padres os mataran cuando se enteren de que os habéis largado sin permiso.
—No lo harán si no se lo dices.
Fue el turno de Hunter de bufar.
—Vuestro plan hace aguas por todas partes. Sois menores de edad —le recordó—. Estoy seguro de que ni siquiera ibais a poder subir al tren sin llamar la atención.
—Parecemos mayores.
—Claro que sí. De todos modos, ¿por qué Londres?
—Quiero ir a un sitio —dijo, de repente avergonzado.
—¿Por qué necesitas ir a un pub gay?
Las mejillas de Tristan se pusieron rojas en cuanto le escuchó mencionarlo. Lo sabía, seguramente les había espiado a Liam y a él mientras organizaban el plan, lo que era peor de lo que había esperado al verle en el parque frente sus casas, el lugar en el que había quedado con su mejor amigo.
—Estoy esperando tu respuesta.
—No tengo por qué decirte nada.
La sonrisa diabólica de Hunter lo hizo más guapo de lo que ya era.
—Lo harás si no quieres que les cuente a tus padres sobre tu intento de convertirte en Houdini.
Se encogió de hombros como si no le importara, aunque sí que lo hacía.
—Mi madre y mi tía se pondrán de mi parte.
—Seguro, pero tu padre no es tan blando como ellas y, apuesto mi paga semanal a que tu abuela tampoco te dejará irte de rositas.
Eso no podía rebatirlo. Estaba seguro de que su madre y su tía conseguirían calmar los ánimos, pero no iba a ser algo de unos minutos, les iba a costar, al menos un par de horas, que su padre y su abuela, dedicarían enteramente a sermonearle y a obligarle a hacer tareas domésticas en el mejor de los casos.
Suspiró resignado y le lanzó lo que esperaba que fuera una mirada fulminante.
—Hay algo que necesito hacer —respondió sin explayarse en los detalles.
—¿Y no puedes hacerlo aquí?
No había burla, solo curiosidad en su tono de voz.
—No.
—¿Por qué?
—No hay pubs gais en St. Ives. Al menos ninguno en el que pueda colarme y pasar desapercibido.
—¿Puedo preguntar qué es lo que quieres hacer una vez que estés allí?
—¿Desde cuándo pides permiso?
—Muy bien, ¿por qué quieres ir allí?
—Mañana cumplo dieciséis años y quiero dar mi primer beso antes de ese hito. ¿Contento?
Lo vio negar con la cabeza.
—No es tu primer beso. Te vi besarte con Martha Linton.
—No me lo recuerdes.
—¿Fue tan malo? —se rio.
Empezó negando para acabar asintiendo.
—Necesito estar seguro de algo.
—¿De si te gustan los chicos?
—Sí.
—Bueno, no necesitas ir a un pub para descubrirlo. Soy un chico.
Tristan abrió los ojos desmesuradamente por la sorpresa.
—¿Te estás ofreciendo voluntario para ser mi experimento?
Negó muy serio.
—No, me estoy ofreciendo a ser tu primer beso o, al menos, el que realmente cuente.
—Pero a ti no te gustan los chicos.
—A ti sí.
—Si me estás tomando el pelo me cabrearé mucho.
—¡Vaya! Ya veo lo bien que piensas de mí —comentó con cierta tensión en su voz.
Tristan no dijo nada. No tenía ni idea de qué decir y tampoco estaba muy seguro de qué hacer.
Hunter era guapísimo, pero también era un idiota que se había cargado sus planes sin siquiera despeinarse y, además, el hermano de su mejor amigo y, sobre todo, no quería que su primer beso fuera uno de lástima. Aunque… que fuera con él… era tentador.
No tuvo tiempo de llegar a una conclusión porque de repente se encontró con el rostro de Hunter casi pegado al suyo mientras sus manos le sujetaban de las mejillas para acercarlo más.
Su mente cortocircuitó cuando sus labios se posaron sobre los suyos y, aunque Tristan no era consciente en ese momento, comprendería unos minutos después que su relación nunca volvería a ser la misma.