CAPÍTULO I #2
El vikingo, atemorizado porque los herederos del inglés muerto pudieran convertirse en una amenaza, iluminó sus pensamientos y entendió que no sería una buena idea arrojar él mismo a los infantes Edmundo y Eduardo por los acantilados.
Fueron enviados, en cambio, en encomienda humana al rey Olaf de Suecia, solicitándole que acabara con la vida de los niños.
Sin embargo, el rey Olaf, que había sido amigo del rey inglés asesinado, los envió a la corte del rey István I de Hungría, donde vivieron felices mientras les duró la era de la inocencia.
Un día, llegó a oídos de Canuto el Grande que los herederos del trono de Inglaterra estaban vivos.
Encomendándose a Odín, envió a unos sicarios a Hungría para que acabaran con la amenaza.
Sin embargo, las noticias soplaron con los vientos hasta István I, y este les recomendó a los jóvenes que emprendieran la fuga rumbo a Rus de Kiev, (5) donde el gran príncipe Yaramov les dio asilo.
Pero los jóvenes ingleses, al poco tiempo, hicieron saber que no era de su agrado la vida en aquella corte, bastante más austera que la del Reino de Hungría.
El rey húngaro, muertos sus hijos y sin heredero para ocupar el trono, eligió a su sobrino Andrej el Blanco para que lo sucediera.
Cuando István I de Hungría expiró, los aires se envalentonaron y el elegido emprendió la fuga para salvar su pellejo, y corrió en busca de protección a las tierras de Rus de Kiev.
Hizo buenas migas con los ingleses Edmundo y Eduardo, y juntos regresaron a Hungría.
Andrej logró la corona y, en función de la alianza construida, les entregó a los príncipes ingleses las tierras, el castillo y el villorrio de Nádasd, en el condado de Vas.
Edmundo era el agraciado de los hermanos y le sacó provecho con las mujeres.
Veloz, se entregó a una pasión desatada con una de las princesas húngaras de la corte del rey Andrej el Blanco.
El asunto se transformó en un escándalo de proporciones porque habían pasado al cuerpo y la princesa quedó encinta.
Fueron obligados a desposarse y recluirse en las propiedades de Nádasd.
Al poco tiempo, Edmundo fue ultimado en batalla y su hijo heredó los terrenos y el nombre, convirtiéndose en el ancestro del clan Nádasdy.
Y es en la primera mitad del siglo XVI que unas pocas familias ascienden al rango superior de la nobleza, sobre todo después de la batalla de los Mohács.
Tras la derrota del ejército húngaro al sur de Buda, (6) comandado por el rey Luis II de Hungría, en manos del ejército otomano al mando del sultán Soleymán el Magnífico, las consecuencias para el reino fueron inquietantes.
De nuevo la sucesión devino en tembladeral y acefalía, y esto aceleró la avanzada del esposo de la hermana del monarca muerto, Ana Jagellón de Hungría y Bohemia, que no era otro que Fernando I de Habsburgo, hermano de Carlos V, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico.
Una desgracia, la tranquilidad nunca llegó. Juan de Zápolya, conde de Szepes y voivoda (7) de Transilvania, se hizo coronar rey Juan I de Hungría y, en pocos meses, el reino arrasado por los turcos mantuvo a dos reyes en el trono.
Mohács trajo una importante baja poblacional, sobre todo de las familias medievales ilustres, estamento fundamental para liderar el reino.
Los Nádasdy, originados en tiempos de la conquista húngara, recién cobraron relevancia cuando Tamás Nádasdy contrajo nupcias con la joven Orsolya Kanizsay, única heredera y miembro de una poderosa familia húngara.
Tamás Nádasdy de Nádasd había nacido en Egervár, en 1498. Como todo húngaro con posibilidades, había sido educado lejos de la estepa, en Graz, Bolonia, y en Roma. Los galardones culturales se adquirían fuera del reino, se hallaban en Austria e Italia.
En 1521 Nádasdy ofició de intérprete del enviado papal Tomás Cayetano para predicar una cruzada contra los turcos.
La turba otomana era la verdadera amenaza que asolaba Europa.
Cuatro años después, Tamás fue miembro del Consejo de Estado y enviado por el rey Luis II a la Dieta de Speyer para pedir colaboración ante la inminente guerra contra los turcos.
Durante las deliberaciones tuvo lugar la derrota de Mohács, y Nádasdy regresó a Hungría a tiempo para escoltar a la reina viuda.
Fue el elegido para ofrecerle la corona húngara al archiduque Fernando de Habsburgo y, en la coronación, el 3 de noviembre de 1527, fue nombrado comandante de Buda.
Al año siguiente y con la ayuda del comandante de Tata, György Cseszneky, Tamás ocupó Györ en nombre de Fernando I.
Pero cuando Soleymán el Magnífico tomó Buda, Nádasdy se pasó al bando contrario.
Al tiempo, celoso de la influencia que había adquirido el veneciano Lodovico Gritti, hombre muy cercano a Juan I de Hungría, pero también ministro del sultán otomano, desertó a la facción fernandina.
El matrimonio con la rica heredera fue pura felicidad.
Además de casarse por amor —insólito, pues las alianzas maritales eran por conveniencia—, la familia Kanizsay les legó una infinidad de propiedades por línea femenina, lo que les abrió camino a las más importantes posiciones políticas.
Llegó a ser major-domo, (8) guardián del Tesoro, ban (9) de Croacia, señor presidente del Tribunal de Justicia y palatino. (10)
En vez de residir en el viejo castillo de Léka (11) y el fuerte de Kanizsay —parte de la dote tras su casamiento—, que resultaban incómodos y peligrosos como residencia familiar, Nádasdy estableció su corte en Sárvár, para él y su entorno.
Como Orsolya no sabía ni leer ni escribir, Tamás se ocupó de instruirla y mandó a traer importantes hombres de las Letras para asistirla.
La amada esposa aprendió rápido. Cada vez que Nádasdy viajaba, la correspondencia entre ambos era constante.
Se amaron y demostraron la veneración que sentía uno por el otro cada vez que podían.
También cuidaron de sus súbditos, algo raro en aquellos tiempos.
Las jóvenes damiselas que conformaban el séquito de la señora Orsolya estaban hospedadas en el palacio y se las instruía en diversas capacidades, como el baile, la conversación y el protocolo de la mesa,
además de adquirir conocimientos prácticos que concernían a la supervisión del hogar y los cultivos, especialmente la jardinería.
Ellas cuidaban de las flores y las plantas, para eso se las preparaba —y para desposarse bien—.
Tamás Nádasdy fue el primer protestante de la familia.
Pertenecía al círculo del arzobispo de Esztergom, László Szalkai, además de mantener vínculos con varios humanistas como Ursinus Velinus, Georgius Logus y Jacobus Piso.
Tamás estableció una escuela protestante en Sárvár, mientras que la iglesia y la parroquia fueron la casa del luteranismo.
Tras la Dieta de Worms, la asamblea de los príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico llevada a cabo en Alemania en 1521, la separación tajante entre católicos y luteranos se hizo pública.
Estos últimos afirmaban que la justificación dogmática solo era por la gracia, que se obtenía mediante la fe, basada únicamente en la Escritura.
La Biblia era la autoridad suprema en las cuestiones relativas a la doctrina cristiana.
En la Corte de Sárvár, Tamás Nádasdy fundó la primera imprenta de Hungría, en 1537, e hizo imprimir el primer libro en húngaro. La biblioteca del castillo fue la más importante del reino. En 1541 financió la traducción y publicación del Nuevo Testamento.
* * *
Pero el clan de clanes, la familia de estirpe y misterio, de aullido y poderes, con estandartes y escudo, fue la Báthory.
Gustaron siempre de cubrirse con un velo de niebla, del primero al último recorrieron los mundos bajo la pulsión de su torrente, disfrutando de una provocación de zozobras constante en el otro. Eran la confirmación de lo inquietante.
Los orígenes de los Báthory se encontraban allá lejos, en los confines de los tiempos.
En el siglo X, la familia noble por antonomasia afirmaba que descendía de la nobleza sueca, del clan Guthkeled.
Los hermanos Guth y Keled, del castillo de Staufen, situado en el ducado de Swabia y en el límite con Alemania, defendían su legado con uñas y dientes.
En aquellos lares, el estado de la civilización era ralo, la barbarie consentida era el modo de vida que todos asumían, y a nadie se le ocurría confrontar.
Estaban en guerra, reconocían poco el estadio de paz.
Hasta que Enrique III, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, al que apodaban el Negro, arrió a una junta de guerreros para que cabalgaran —armados hasta los colmillos e impulsados por el grito de guerra— rumbo a Hungría.
Entre ellos, los hermanos Guth y Keled dejaron su estela.
El Reino de Hungría se había quedado acéfalo tras la muerte del gran rey de reyes, István I.
Sin más, le había llegado el turno al sobrino de la esposa regia Gisela de Baviera, el veneciano Pedro Orseolo.
La mesa chica estuvo de parabienes, pero algunos nobles húngaros pusieron el grito en el cielo y enviaron a ese que consideraron intruso al exilio.
Hacia allí fueron encomendados los del castillo de Staufen, a socorrer al malhadado.
Guth y Keled fueron de tal utilidad que se apercibieron como la escolta del rey Pedro para lograr su regreso a Hungría.
Los integrantes del clan Guthkeled alcanzaron preponderancia durante los reinados del rey Salomón, el rey Ladislao y el duque Géza. A partir de ahí comenzaron las dádivas de la casa real, y las arcas de los miembros se fueron colmando.
En los tiempos del rey Salomón, un consejero del clan Guthkeled llamado Wyda se destacó por su astucia.
Llegó a ser ispán (12) del condado de Bács y, gallardo hasta el tuétano, ostentó el título de nádor, (13) ganado a fuerza de elucubraciones.
El rey húngaro se acomodó en el trono entre el año 1063 y 1074.
Asistido por las tropas alemanas, al final entendió que la alianza debía afianzarse aún más y se desposó con la hermana del emperador alemán Enrique IV, la joven Judit.
Se sintió a salvo, creyó que quien detentara ese origen tenía mucho territorio ganado.
Pobre iluso, en 1074 fue víctima de conspiraciones familiares y derrotado por su primo Géza en la batalla de Mogyoród.
En esa contienda expiró Wyda, el astuto.