Magia ilimitada (Los expedientes Grimm nº 4) Prólogo
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Magia ilimitada (Los expedientes Grimm nº 4)

Magia ilimitada (Los expedientes Grimm nº 4)

Por Delta James

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Prólogo

Nueva Orleans era una ciudad de secretos, y las hermanas Duvall figuraban entre los más peligrosos.

Geneva deslizó los dedos por los bordes desgastados del diario que había recibido en su decimosexto cumpleaños.

El cuero estaba suave de tanto uso, y las páginas eran gruesas, repletas de bocetos detallados de demonios y descripciones escritas con meticulosidad.

Era un recordatorio constante del destino que le habían impuesto.

Al igual que sus hermanas —Phoenix, Savannah y Catalina—, ella tenía su propio expediente Grimm y su arma, a la vez regalos y maldiciones transmitidos de generación en generación, unidos por la magia y la muerte.

La noche en que llegó el diario, su vida cambió para siempre.

Desterradas del reino feérico, su madre y su tía habían construido una vida en la Ciudad de la Media Luna.

Sus alas, antaño resplandecientes, habían quedado cercenadas para siempre por el amor y el exilio.

Su madre se había enamorado de un mortal, un amor que le había costado todo.

Sin embargo, ese amor prohibido había engendrado algo más poderoso de lo que el Consejo Feérico jamás habría podido imaginar: cuatro hijas, destinadas a enfrentarse a los males más oscuros.

Bajo la animada superficie de Nueva Orleans, la oscuridad las llamaba. Estaban listas, entrenadas desde la infancia para empuñar la magia como un arma, con sus cuerpos convertidos en instrumentos letales. Pero había algo para lo que nunca se habían preparado: sus compañeros predestinados.

Un escalofrío le recorrió la columna a Geneva mientras la voz de su tía resonaba en su mente. «No conocerás todo tu poder hasta que lo encuentres. Y cuando lo hagas… todo cambiará».

Cada una de las hermanas se había vuelto más fuerte, con sus poderes bullendo justo bajo la superficie.

Sin embargo, sin su compañero, eran solo la mitad de lo que podían llegar a ser.

El diario se lo había advertido. La cacería era inevitable, no solo de los demonios que estaban destinadas a destruir, sino de la única alma capaz de liberar todo su potencial.

Los expedientes Grimm eran más que una maldición: eran una profecía. Una que podía salvar el mundo o provocar su destrucción.