Magia desatada (Los expedientes Grimm nº 3) Capítulo
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Capítulo

Siete

GAGE

Gage se despertó sobresaltado. La luz temprana de la mañana se filtraba a través de los enormes ventanales de su loft y proyectaba largas sombras sobre los suelos pulidos.

Los restos de la noche anterior se aferraban a él: el calor del cuerpo de Savannah junto al suyo, el sabor embriagador de sus labios y la innegable química que había surgido entre ellos, que amenazaba con consumirlos a ambos.

Durante un momento, se quedó allí tumbado, con la mirada fija en el techo mientras lidiaba con el caos de su mente.

Sus sentimientos por Savannah eran... complicados.

No podía negar la atracción, el magnetismo que sentía hacia ella, pero también había algo más, algo peligroso.

No era solo otra mujer que lo hubiera atraído; era una cazadora de demonios, una de las infames hermanas Duvall, y eso la convertía tanto en una amenaza como, quizás, en lo mejor que le había pasado en la vida.

Podía arruinarlo o ser la salvación que ni siquiera sabía que necesitaba.

Giró ligeramente la cabeza y la observó dormir, con el rostro relajado y en paz.

Su cabello corto con reflejos azules estaba revuelto, y un brazo descansaba perezosamente sobre las sábanas mientras su pecho subía y bajaba a un ritmo constante.

Parecía tan vulnerable, tan diferente de la feroz guerrera junto a la que había luchado la noche anterior.

Pero no podía permitirse encariñarse demasiado.

Había aprendido por las malas que entregar el corazón a alguien podía acabar en traición, y Savannah no era una mujer cualquiera: era peligrosa, y su mundo estaba plagado de engaños e intenciones oscuras.

Aún había demasiado que desconocía sobre ella y sus verdaderos motivos.

Gage exhaló lentamente y se deslizó fuera de la cama con cuidado.

Agarró los vaqueros del suelo y se los puso tan silenciosamente como pudo.

No podía permitirse acercarse demasiado, no cuando había cosas más importantes en juego.

Le bullía la cabeza con preguntas sobre el Obsidian Lounge, Falwell y, ahora, la implicación de Grungle.

La presencia de Savannah en su vida solo complicaba más las cosas, y necesitaba respuestas.

La miró una última vez antes de dirigirse a la puerta y la dejó seguir durmiendo tranquila. Tenía que aparcar sus asuntos personales por el momento.

Había asuntos más urgentes de los que ocuparse.

Gage se abrió paso por las bulliciosas calles de Nueva Orleans, con el peso de los últimos días oprimiéndole.

La ciudad rebosaba del aroma del jazmín, de los beignets fritos y del zumbido constante de energía sobrenatural que parecía latir justo bajo la superficie.

Necesitaba despejarse, buscar consejo de alguien que pudiera ayudarlo a entender la tormenta que se avecinaba.

Finn O'Riley, el dueño de The Thorny Rose y uno de los individuos mejor conectados del inframundo sobrenatural, era justo la persona que necesitaba.

El bar de O'Riley era más que un lugar para beber: era un centro de información, un sitio donde los secretos se intercambiaban como moneda de cambio, y si alguien tenía información sobre el conflicto que se gestaba en el Obsidian Lounge, ese era él.

Al empujar la pesada puerta de madera de The Thorny Rose, lo recibió el familiar aroma de whisky añejo y humo de puro. El bar en penumbra estaba casi vacío a esa hora tan temprana, pero el murmullo de conversaciones y el tintineo de vasos creaban un ambiente acogedor.

—Buenos días, Tremblay —saludó O'Riley desde detrás de la barra, con su voz áspera teñida de diversión.

O'Riley, como tantos de los fae, era alto pero no necesariamente corpulento, con ojos agudos y calculadores que no se perdían nada—.

No esperaba verte aquí tan temprano. Pensé que estarías recuperándote de la resaca después de la noche que pasaste.

Gage resopló y se acomodó en uno de los taburetes de la barra.

—Estoy aquí por algo más que una copa, Finn. Necesito respuestas.

O'Riley arqueó una ceja y dejó el vaso que había estado limpiando.

—¿Sobre?

—El Obsidian Lounge. Falwell. Algo oscuro se está cociendo allí, y necesito saber qué pasa antes de que la cosa empeore.

La expresión de O'Riley se ensombreció y su actitud jovial se desvaneció mientras se inclinaba hacia delante.

—No te equivocas. Ha habido rumores, susurros sobre magia antigua, algo poderoso que está despertando bajo la ciudad. Pero todo son rumores, nada concreto.

—En nuestro mundo, los rumores suelen acabar siendo ciertos —respondió Gage con voz sombría—. Necesito más que especulaciones. Necesito saber qué traman Falwell y Madame Vesper.

—¿Falwell y Vesper? Eso no pinta bien. ¿Estás seguro?

Gage asintió.

—Los he visto juntos.

Antes de que O'Riley pudiera responder, la puerta del bar se abrió con un crujido y la atmósfera de la sala cambió. Gage se tensó instintivamente y se giró para ver al mismísimo Edward Falwell, que entraba con sus ojos agudos recorriendo el bar con un brillo calculador.

—Vaya, vaya —dijo Falwell arrastrando las palabras, con los labios curvados en una sonrisa burlona mientras se acercaba—. Pero si es Gage Tremblay. No esperaba verte aquí.

—Todo el mundo es bienvenido en The Thorny Rose, Falwell; ya lo sabes —dijo O'Riley.

A Gage le dio un vuelco el corazón, pero se obligó a mantener la calma.

—Falwell.

—¿Te importa si me uno? —Falwell no esperó respuesta antes de sentarse junto a Gage, con una presencia opresiva y sofocante—. Busco a alguien con ciertas habilidades especiales. Hay un artefacto raro que necesito recuperar de las cloacas, un lugar donde creo que podrías tener cierta influencia.

—No sé muy bien qué buscas aquí. Gage tiene fama de localizar cosas que la gente quiere encontrar —intervino O'Riley.

Gage intercambió una rápida mirada con O'Riley, que le respondió con un sutil asentimiento. Era exactamente el tipo de pista que había estado esperando. Seguirle el juego a Falwell podría ser su mejor oportunidad de acercarse a la verdad.

—¿Un artefacto? —preguntó Gage en tono casual mientras se recostaba en la silla—. ¿De qué tipo de artefacto estamos hablando?

La sonrisa de Falwell se ensanchó con un encanto malévolo.

—Digamos que es una reliquia antigua con cierto... valor para mis planes actuales. Está enterrada en las profundidades del dominio de Grungle, bajo la ciudad.

—Eres rico, Falwell —dijo Finn—. ¿Por qué no lo compras sin más?

—Lo intenté. Grungle no estaba interesado. Necesito a alguien con talento para recuperarlo.

Gage pensó a toda velocidad. Fuera lo que fuese ese artefacto, debía estar relacionado con la magia oscura que envolvía el Obsidian Lounge. Y si Falwell había querido comprarlo y ahora estaba dispuesto a enviar a alguien a los laberínticos túneles bajo la ciudad, tenía que ser importante.

—Puedo conseguirlo para ti —dijo Gage, manteniendo la voz firme—. Pero necesitaré acceso a los túneles.

Los ojos de Falwell brillaron con satisfacción.

—¿O'Riley?

Finn asintió.

—Considéralo hecho. Le daré acceso por el precio adecuado.

Falwell asintió y se puso de pie. Le hizo un breve gesto de cabeza a O'Riley y le entregó un fajo de billetes antes de salir del bar; su largo abrigo ondeó tras él como una sombra.

O'Riley soltó un silbido bajo en cuanto la puerta se cerró tras Falwell.

—Bueno, esa es una forma de involucrarse.

Gage apretó la mandíbula mientras su mente ya daba vueltas.

—Necesito acceso a los túneles.

O'Riley lo estudió por un momento antes de asentir.

—Puedo llevarte allí abajo. Pero ten cuidado, Gage. Si Falwell está involucrado con Madame Vesper, esto es más grande de lo que crees.

Gage exhaló bruscamente.

—Lo sé. Por eso necesito detenerlo.

Gage bajó las escaleras hacia los túneles bajo Nueva Orleans, que eran un mundo en sí mismos: un laberinto de pasadizos olvidados, ríos subterráneos y magia antigua que palpitaba en las propias piedras.

El aire estaba cargado con el olor a tierra húmeda, y las paredes parecían vibrar con una energía inquietante, como si cobraran vida con los ecos del pasado.

Los pasadizos y habitaciones aparecían, desaparecían y se transformaban a voluntad, a menudo sin previo aviso.

Gage avanzó por los túneles con determinación, con todos los sentidos en alerta máxima.

Ya había estado en lugares como este, donde las líneas entre lo sobrenatural y lo mundano se difuminaban, pero había algo diferente en estos túneles.

La magia aquí era antigua, mucho más antigua que nada de lo que hubiera encontrado antes.

A medida que se adentraba en el subsuelo, el sonido de unos pasos resonó delante de él. Gage se tensó y llevó la mano hacia la daga oculta bajo su chaqueta. Giró en una esquina y se quedó inmóvil.

Savannah.

Estaba de pie en medio del túnel y entornó los ojos al verlo. La tensión entre ellos crepitó como un cable con corriente, y por un momento, ninguno de los dos habló.

—¿Qué haces aquí abajo? —preguntó Gage en voz baja, cauteloso.

Savannah cruzó los brazos con la mirada dura.

—Podría preguntarte lo mismo.

—Estoy buscando un artefacto. Algo que Falwell quiere —dijo Gage, sin apartar los ojos de ella.

La expresión de Savannah se ensombreció.

—Entonces, ¿ahora trabajas para él?

—No exactamente. Estoy tratando de averiguar qué está planeando, y este artefacto parece ser una pieza clave.

Savannah dio un paso hacia él y bajó la voz hasta un susurro.

—Ese artefacto es peligroso, Gage. Si Falwell se hace con él...

—Lo sé —la interrumpió con la mandíbula apretada—. Por eso estoy aquí abajo.

Por un momento, simplemente se miraron, la tensión entre ellos tan densa que se podía cortar con un cuchillo. Gage sentía la atracción entre ellos, esa atracción innegable que había bullido bajo la superficie desde que se conocieron. Pero también había algo más, algo más oscuro.

—Estamos del mismo lado, Savannah —dijo Gage con suavidad, con un deje de frustración en la voz—. Tienes que confiar en mí.

Los ojos de Savannah se suavizaron, pero solo por un momento.

—La confianza no es algo que dé fácilmente.

—Lo entiendo —respondió Gage, y dio un paso hacia ella—. Pero si vamos a detener lo que sea que esté pasando, tenemos que trabajar juntos.

El aire entre ellos crepitó con palabras no dichas, con deseo y desconfianza entrelazados en una maraña confusa. Gage podía ver el conflicto en los ojos de Savannah: la guerra entre su instinto de alejarlo y la innegable conexión que los unía.

Antes de que pudiera decir algo más, Savannah suspiró y se giró con la voz tensa.

—Bien. Trabajaremos juntos, por ahora. Pero en cuanto piense que me estás engañando, me largo.

Gage asintió con el corazón latiéndole con fuerza en el pecho mientras la veía adentrarse en el túnel. No estaba seguro de poder confiar en ella más de lo que ella podía confiar en él, pero por ahora, se necesitaban mutuamente. Se colocó detrás de ella.

Tenía la sensación de que su alianza estaba a punto de volverse mucho más complicada.