CAPÍTULO 76 UN AÑO DESPUÉS, CONTINUACIÓN
Esa noche, mientras las estrellas de Nyxara empezaban a asomarse sobre las montañas humeantes de Ashkar, Ires sostuvo la mano de Kaelen con la misma facilidad natural de siempre, sintiendo el calor de su magia entrelazarse con la suya, ya no como un acto de guerra contra una amenaza antigua, sino como el gesto simple y cotidiano de dos personas que habían elegido, cada día durante el último año, seguir eligiéndose la una a la otra.
La profecía de la Escritura Primera se había cumplido, sí.
Pero mucho más importante que cualquier profecía, comprendió Ires mientras observaba el reflejo de las estrellas en los ojos de Kaelen, era la certeza mucho más simple de que el fuego y la luna, después de dos siglos de sombra, habían encontrado por fin la forma de compartir el mismo cielo.
FIN