Luna renace (Libro 1) CAPÍTULO 63
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CAPÍTULO 63

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(Punto de vista del autor)

El teléfono de Vivian sonó a las siete de la mañana.

Ella seguía en la cama. Daisy dormía en el cuarto de invitados, al fondo del pasillo.

Cogió el móvil y vio el nombre de Ronan en la pantalla.

—Buenos días —dijo, cuidando de que la voz le saliera suave.

—He tomado una decisión —dijo Ronan.

Hablaba con calma, directo.

—El mes que viene. Celebraremos la fiesta de compromiso y, al mismo tiempo, anunciaremos la fecha de la ceremonia de apareamiento.

Vivian se quedó completamente inmóvil.

Entonces lo sintió: una oleada rápida y arrolladora que le subió desde el pecho antes de que pudiera contenerla.

Había funcionado. La tormenta de las redes del día anterior había funcionado de verdad. La presión lo había empujado por fin a dar el paso.

—Ronan —dijo con cautela—, ¿estás seguro?

—Lo he ido dejando —dijo él—. Debería haberlo hecho oficial hace mucho tiempo.

Casi nunca le admitía un error a nadie. Ella lo sabía. El hecho de que lo dijera ahora significaba algo.

—Me salvaste la vida cuando no había nadie más —dijo él—. Mereces algo mejor de lo que te he dado.

Vivian cerró los ojos un segundo.

—Volveré del territorio vecino a última hora de la mañana —dijo él—. Iremos juntos a elegir el anillo. ¿Te parece bien?

—Sí —respondió ella de inmediato—. Estaré lista.

Colgó.

Durante un momento se quedó ahí sentada, con el teléfono apretado contra el pecho.

Sonrió: una sonrisa amplia, sin reservas, sin nada que esconder.

Por fin iba a ser la Luna de la manada Stormcrest.

(Punto de vista de Aria)

Dormí hasta las siete y media.

Cuando cogí el móvil, tenía una ristra de mensajes de Vivian.

En el primero decía que ella y Ronan se iban a comprometer el mes siguiente y preguntaba si pensaba ir a la fiesta.

Luego otro, casi inmediatamente después.

Y luego otro.

Me contaba que esa mañana iban a ir a por el anillo. Me contaba que Ronan le había prometido la reliquia de los Stormcrest: el anillo que habían llevado todas las Lunas de su linaje.

Se aseguró de mencionar que yo había sido Luna un año entero y que no lo había visto ni una vez.

Lo leí todo.

No sentí nada. Ni celos, ni rencor, ni siquiera un destello del viejo dolor. Ese matrimonio me había dejado seca mucho antes de terminar. No me quedaba nada dentro para Ronan Stormcrest ni para nada que llevara su nombre.

Dejé el teléfono y fui a lavarme.

Cuando volví, cogí de nuevo el teléfono y volví a leer sus mensajes.

Escribí una sola línea.

Os deseo a Ronan y a ti una unión perfecta. Que envejezcáis juntos.

Cada palabra era educada. Cada palabra dio exactamente donde yo quería que diera.

Lo envié, entré en su perfil, la eliminé de mis contactos y abrí las redes sociales.

La publicación del día anterior había pasado del medio millón de «me gusta» en una noche.

No lo dudé. Escribí una publicación nueva y le di a publicar.

Seguid difundiendo mentiras. Nos vemos en los tribunales.

Debajo lo adjunté todo: los registros de pago con las transferencias de Vivian a las cuentas de cotilleo. Las capturas de su transferencia al Dr. Fay a cambio del informe de lesiones falsificado. Las grabaciones de seguridad de aquella noche.

Le escribí a Elena.

Mueve esto. Todo lo que puedas.

Su respuesta llegó en menos de diez segundos.

Ya estoy en ello. Wyatt me está ayudando.

Los comentarios llegaron a mil en menos de cinco minutos.

La gente hablaba de un giro de ciento ochenta grados. Alguien dijo que la publicación original le había olido mal desde el principio. Otro, que se alegraba de no haberla compartido.

Elena entró en los comentarios en persona.

No se contuvo.

Expuso toda la historia: cómo había acabado yo casada con Ronan, para empezar, cuál había sido la situación real y cuál había sido de verdad el papel de Vivian en todo aquello. Dejó claro que yo no sabía nada de Vivian cuando perseguía a Ronan. Que me enteré después de graduarme, no antes.

Puso en evidencia a quienes habían estado defendiendo a Vivian.

«Hay gente a la que le encanta defender como víctima al que llore más bonito», escribió. «Da igual que la historia no tenga ni pies ni cabeza. Da igual que no haya una sola prueba. Se lo creen igual».

La sección de comentarios se dio la vuelta en cuestión de minutos.

La gente empezó a hablar de Ronan. De Vivian. De cuánto tiempo llevaba funcionando el engaño.

Las cuentas que habían estado difundiendo la historia original empezaron a borrar sus publicaciones una a una.

(Punto de vista del autor)

Vivian vio que la solicitud de amistad que le había enviado a Aria seguía ahí, sin aceptar.

Abrió las redes sociales.

Se le cayó el alma a los pies.

Las publicaciones que el día anterior habían atacado a Aria ya no estaban. Las cuentas que habían gritado más fuerte ahora la señalaban directamente a ella. Los mensajes privados se le llenaban más rápido de lo que podía leerlos.

Se quedó mirando la pantalla.

No esperaba que Aria lo publicara todo de golpe. Había dado por hecho que, aunque Aria lo rastreara hasta ella, iría primero a por Daisy. Daisy era el blanco más fácil. Daisy era la que había hecho las llamadas y había mandado el dinero.

Pero Aria había ido directa a por ella.

Un mes. Le quedaba un mes para la fiesta de compromiso.

No podía dejarlo así.

Cogió el móvil y buscó el número de Aria.

Estaba a punto de llamar cuando la pantalla se le iluminó: una llamada entrante.

Ronan.

Respondió.

—Estoy abajo —dijo él.

A Vivian se le cerró la mano en torno al móvil.

—¿Ya estás aquí?

—He conducido de vuelta toda la noche —dijo él—. Quería empezar el día temprano. Se me ocurrió darte una sorpresa.

Se levantó. La cabeza le iba a mil por hora.

Ronan había estado trabajando toda la noche. Había vuelto conduciendo sin parar. Seguramente llevaba horas sin mirar el móvil.

Todavía no lo sabía.

Fue hasta la puerta de entrada. Respiró hondo una vez, y luego otra.

Cuando alargó la mano hacia el pomo, ya tenía la sonrisa puesta.

Abrió la puerta para dejarlo entrar.

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