Lujuria, dinero y asesinato: súper pack (6 libros) 37
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Cuando Lexy llevaba tres meses de embarazo, Giorgio recibió un impacto que cambió por completo su actitud hacia el bebé que estaba por nacer.

Cuando la llevaba al ginecólogo de la clínica en Nicosia, siempre esperaba en el coche leyendo un libro. Lo que menos le apetecía era sentarse en una sala de espera llena de chicas turcas embarazadas.

Cuando Lexy volvió a subir al coche, Giorgio la miró dos veces, incrédulo. Ella sonreía de oreja a oreja.

—Es un niño —dijo ella.

—¿Qué?

Ella abrió el bolso, sacó un papel y lo desdobló.

—Me hicieron una ecografía.

Giorgio lo cogió y lo miró, estupefacto. Podía distinguir la imagen fantasmal en blanco y negro de un pequeño feto.

Su primera reacción fue de repulsión, y quiso apartar la mirada. Pero Lexy señaló una mancha alargada sobre las diminutas piernas encogidas.

—Eso es su... ya sabes.

Giorgio lo miró más de cerca y sonrió.

—¡Parece enorme! —dijo.

Lexy se rio.

—¿Es lo único en lo que piensas?

Giorgio no respondió; estaba paralizado, ni siquiera respiraba. Hasta ese momento había pensado en el bebé como una «cosa», no como un ser humano. Y desde luego no como un niño.

Además, siempre lo había considerado el bebé de ella, una especie de excrecencia que había aparecido inesperadamente en su interior y que suponía un tremendo inconveniente para sus planes.

Con una extraña sensación de euforia, se dio cuenta de que estaba sentado allí mirando la primera foto de su hijo.

Su hijo.

—¿Qué te pasa? —dijo Lexy.

Giorgio la miró con expresión ausente.

—No pasa nada.

Le devolvió la imagen y sonrió ampliamente.

—¡Enhorabuena!