Chapter 32
PRIMERA PÁGINA DEL PERIÓDICO DE LA CIUDAD
Diecinueve de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro.
EL ALCALDE DE LA CIUDAD HA LIDERADO UNA TRAMA DE CORRUPCIÓN JUNTO CON EL MINISTRO DEL INTERIOR Y MANDOS POLICIALES.
Meses de investigación periodística han llevado a destapar una corruptela de primera magnitud.
El expolio es de varios cientos de millones de pesetas.
La trama comenzaba en la empresa pública ZOFAZASA, donde su presidente, Daniel Hidalgo, era un miembro de la organización criminal que actuaba a las órdenes de Juan Antonio Artajona Humeral, alcalde de la ciudad y uno de los cabecillas de la trama.
ZOFAZASA dirigía las obras de ampliación de la Zona Franca de la ciudad.
Falseaban las certificaciones de obra e inflaban las cantidades que debían pagar a la contratista de las obras, la cual, después de cobrar, pagaba enormes cantidades de dinero en metálico a los implicados en la trama.
La interventora jefe municipal Rocío Lasala Amez aprobaba el gasto desproporcionado.
Según ha investigado este periódico, tanto Daniel Hidalgo como Juan Antonio Artajona y el marido de Rocío Lasala, Marcelo Espino, eran amigos de la infancia y estudiaron juntos en el colegio de Nuestra Señora del Pilar.
Veinte de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro.
EXISTE CONEXIÓN ENTRE LA TRAMA CRIMINAL QUE OPERABA EN LAS ObrAS DE LA ZONA FRANCA Y LA MUERTE DE LOS DOS INSPECTORES Y EL COMISARIO TIROTEADOS EN LA CARRETERA DEL AEROPUERTO.
Según las averiguaciones de este medio, hay una conexión entre los implicados en la trama de corrupción y el comisario que iba en el coche con los dos inspectores, todos fallecidos en un tiroteo el pasado diecisiete de julio.
El comisario, apellidado Garanto, era compañero de clase del alcalde y del resto de implicados.
Este periódico ha tenido acceso a la información facilitada por las autoridades de Andorra, acerca de las transferencias que realizaba el alcalde Artajona a un número de cuenta en Andorra y a otro más en Suiza.
El titular de la cuenta de Andorra es el comisario Garanto, mientras que el titular de la cuenta Suiza es nada más y nada menos que el ministro del Interior.
Seguiremos ampliando información los próximos días.
Veintiuno de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro.
Según información confidencial de la Policía Nacional a la que ha tenido acceso este medio de comunicación, al parecer el comisario Garanto y los dos inspectores madrileños no fueron asesinados por la banda terrorista ETA, sino que fueron tiroteados por un detective privado contratado por la madre de Itziar Cestero Acón, la joven asesinada en diciembre de mil novecientos noventa y tres a manos de un traficante de drogas de nombre Yousef.
El detective privado habría ido acumulando pruebas que implicaban a los dos inspectores de Madrid en el asesinato de la joven, la cual, trabajaba de ingeniera en la empresa pública ZOFAZASA, donde se encargaba de hacer las certificaciones de las obras de la Zona Franca.
La joven al parecer se negó a firmar certificaciones fraudulentas, y los cabecillas de la trama, muy posiblemente Garanto y el ministro, ordenaron a Vicente Vela y a Ricardo Ricarte el asesinato de la joven.
Posteriormente se hicieron cargo de la investigación, falsearon las pruebas e incriminaron a Yousef, el joven que finalmente fue condenado por el asesinato de Itziar.
Después la organización criminal preparó el asesinato de Yousef en la cárcel.
A últimas horas de la noche, justo antes de que las rotativas comiencen a girar, el ministro del Interior ha declarado que es totalmente inocente y que pondrá una denuncia contra este periódico por las calumnias que están siendo vertidas contra él.
Veintitrés de septiembre de mil novecientos noventa y cuatro.
El ministro del Interior ha sido detenido por la Policía Nacional a primeras horas de esta mañana. Tras su detención, el presidente del Gobierno ha procedido a cesarlo con carácter inmediato. El juez ha decretado su ingreso en prisión provisional.
El resto de implicados en la trama criminal que este periódico destapó el pasado día diecinueve de septiembre han sido igualmente imputados, y el juez ha decretado el ingreso en prisión provisional de todos ellos dado el elevado riesgo de fuga y de destrucción de pruebas.
La gente se pregunta acerca del detective que investigó el caso. Según hemos podido saber por medios oficiales, dicho detective estaría siendo buscado por la Policía para que declare como testigo en el futuro juicio mediático que se realizará dentro de unos meses.
Por el momento se desconoce su paradero.
Matilda se recostó en el sillón, la luz amarillenta y tenue de la lámpara llenaba cálidamente la estancia.
Eran las nueve de la noche y tenía sintonizado el telediario nacional.
El informativo abrió con las imágenes del ministro del Interior siendo escoltado por la Guardia Civil a la prisión de Alcalá Meco.
Después el informativo conectó con un periodista apostado a la entrada de la cárcel.
Habló de que en el interior del presidio ya estaban esperándole sus compinches en la trama: Juan Antonio Artajona Humeral, Daniel Hidalgo, Marcelo Espino Lucero y Rocío Lasala Amez.
Micrófono en mano el periodista contó a los telespectadores que se había decretado el secreto de sumario y no se descartaban nuevas imputaciones en el caso, muy posiblemente de funcionarios que podrían haber cometido cohecho o prevaricación.
Matilda veía la noticia con la foto de su hija agarrada en el regazo. La alzó para contemplarla y se echó a llorar.
—Al fin te hemos hecho justicia cariño… —acarició melancólicamente su rostro—. Descansa en paz hija mía.
***
En la otra punta de la metrópoli, resguardado en la oscuridad de los montes de Torrero, una figura clandestina fuma silenciosamente contemplando en la noche la ciudad de Zaragoza.
Una ciudad cubierta por un manto de corrupción, donde sus luces de ciudad, estrellas decadentes atrapadas por la gravedad de la urbe, alumbran los arrabales y los polígonos industriales con su luz amarillenta y anaranjada, y su contemplación parece atraparlo como si estuviera en una ensoñación hipnótica de la que no quisiera despertarse.
Después de todo, tras remover el fango, había obtenido algo de justicia.
Sonó su busca: «Vete de la ciudad por un tiempo, orden de busca y captura contra ti».
Se iría, claro que se iría, al menos hasta que las cosas se calmaran.
Había matado a tres policías, aunque fuera en defensa propia y hubiera destapado una organización criminal, seguramente tres o cuatro años en la cárcel no se los iba a quitar nadie.
Se acercó al barranco, el mismo donde hacía algo más de medio año había estado a punto de pegarse un tiro en la boca.
Esta vez fue diferente. Fue consciente de que alrededor de él estaba todo lo malo.
La ciudad lo abrumaba desde la distancia llena de corruptelas, intereses, y hombres sin escrúpulos capaces de hacer lo que sea por alcanzar sus objetivos.
Pero cerró los ojos y vio la luz azul, la misma que le había empujado a no suicidarse, y estaba rodeada de oscuridad y de maldad, asediada por ellos, pero su interior contenía todo lo bueno, y de nuevo, por un instante, solo por una fracción de segundo, alguna divinidad le permitió sentir a su hija, ella estaba allí, dentro de esa maravillosa luz, y sintió su amor y su consuelo.
Ella le mandaba una calidez que lo envolvía.
Y también estaba Itziar, y en ese momento fue plenamente consciente de que el bien existe y de que él, a pesar de que su corazón estaba lleno de tinieblas, había luchado por algo bueno.
Se echó a llorar, totalmente quebrado, y se metió en el coche.
Echó un último vistazo a la ciudad. Se encendió un cigarrillo y arrancó. Puso algo de música, un poco de jazz de Billie Holiday, y se dirigió a alguna parte, quizá al este, o a lo mejor al norte, ya vería. Lo único que tenía claro es que tarde o temprano regresaría a su ciudad.
Por supuesto que regresaría.
FIN