Epílogo
Los Ángeles nunca estuvo en mis planes. Yo siempre fui de cafés pequeños, librerías viejas y calles estrechas donde nadie sabía quién eras.
Sin embargo, aquí estoy: compartiendo un loft luminoso con un actor que también es músico, que también es mi novio y que lograba que esta ciudad caótica se sintiera como un lugar donde pertenecía.
Por que al final es así, un día te despiertas y estás en ese lugar.
Ese lugar donde todo se siente bien. Tu corazón está en calma, tu alma está encendida, tus pensamientos son positivos y tu visión es clara.
Estás en paz, en paz con donde has estado, con lo que has atravesado y con hacia dónde te diriges.
Ya no tengo miedo de ser sensible, no tengo miedo de ser quien ama más, de mostrar cuánto me importa, de llevar el corazón en la mano.
No tengo miedo de sentir profundamente, de dejar que otros entren, de ser “demasiado”.
No tengo miedo de serlo todo. No tengo miedo de ser yo.
El manuscrito fue un éxito rotundo. Un estreno de esos que hacían ruido en todos lados.
Acompañé a Kai en la alfombra roja. El era la estrella, yo me mantuve unos pasos atrás mientras le tomaban fotos.
Hasta que en un punto, en medio del ruido, los flashes y los gritos, me buscó con la mirada, y no me dejó esconderme.
—Ven —dijo, extendiendo la mano.
Negué con la cabeza, riéndome, intentando esquivarlo. Insistió, buscándome el mismo, me tomó de la mano y me llevó a su lado. Por un segundo todo se volvió demasiado: las luces, las cámaras, el mundo, pero su mano en la mía lo sostuvo todo en su sitio.
Nos anunciamos como pareja oficial, y aunque pensaba que el mundo se me iba a venir encima, lo cierto es que sobreviví.
Lo más inesperado fue que las fans lo entendieron.
Poco a poco, aprendí que estar en el spot no significaba perderme.
Significaba ser parte de su vida y descubrí que eso valía la pena.
Mi vida en Los Ángeles también tomó forma propia.
He trabajado más de lo que imaginé. Proyectos grandes, pequeños, todos llenos de esa chispa que me recuerda por qué amo lo que hago.
A veces, al terminar un rodaje vuelvo a casa agotada y lo encuentro con la guitarra en las manos, esperándome para cenar juntos.
Todo sigue como antes, pero mejor, porque ahora lo compartimos.
Hasta con mis padres las cosas cambiaron. Ya no hay silencios incómodos, ya no hay reproches. Adoran a Kai, y él se ha ganado ese lugar con la paciencia y la ternura que me enamoran todos los días.
Y yo… yo estoy aquí, viviendo algo que jamás creí posible.
Me tomó tiempo entenderlo, pero ahora lo sé: Kai no llegó a mi vida para completarme, sino para caminar conmigo.
Para recordarme que puedo ser fuerte y vulnerable a la vez.
Que se puede elegir una y otra vez a la misma persona, cada mañana, cada noche.
El me enseñó que una vida hermosa se construye con alguien que no solo te hace enamorarte de él, sino que te hace enamorarte de la persona en la que te conviertes gracias a él.
Del tipo de ser humano que te empuja e inspira a ser mejor, la clase de persona que te ama tal como eres, pero que aun así guarda espacio para que crezcas.
Del tipo que te cargaría por las escaleras si ya no pudieras caminar, que sostendría tu mano hasta el último minuto de la última hora.
Con quien podrías no tener nada, pero aun así se sentiría como tenerlo todo.
Si alguna vez dudo, si el ruido del mundo me sacude, solo tengo que mirarlo. Porque Kai era mi hogar, y yo estaba exactamente donde quería estar porque cuando el amor se siente más como volar que como caer, la vista se vuelve hermosa.