Luces, cámara, amor 8. Bea
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8. Bea

La mañana empezó igual que siempre: café en mano, planos abiertos, tres llamadas seguidas con proveedores hablando demasiado rápido y yo intentando que mi cerebro arrancara. El trabajo era el mismo pero yo ya no lo era.

Ya no me tensaba cada vez que pensaba en él. No revisaba el celular compulsivamente, ni armaba escenarios dramáticos en mi cabeza antes de que pasara nada.

Habíamos acordado lo básico: nada en el trabajo.

Profesionalismo ante todo. Lo estábamos cumpliendo…

más o menos. Nada de sentarnos juntos, nada de tocarnos cuando había gente alrededor, nada de miradas que duraran más de lo necesario, o eso intentábamos.

Las miradas rápidas, los mensajes a deshora, las noches que se nos quedaban cortas. Eso bastaba por ahora.

—Bea, tenemos que hablar del marco de la puerta del barco —dijo Luis, apareciendo detrás de unas cajas de madera—. Lo montaron anoche, pero se ve torcido. El aplique reciclado no estaba bien alineado.

—¿Nivel grave o nivel disimulable? —pregunté, agarrando el iPad.

—Nivel; Martín lo ve en dos segundos.

—Ok. Que lo desmonten y lo ajusten visualmente. Luego vemos cómo rellenar el hueco por detrás. Aún estamos a tiempo.

—¿No quieres verlo antes?

—Confío en ti. Avísame cuando esté listo.

Asintió. Me sostuvo la mirada un segundo más de lo normal. Quizá no esperaba que estuviera tan tranquila. Luego Dani apareció con una caja abierta.

—El camión de props llegó tarde. Los cristales de los breakables vinieron mal embalados. Si se rompe uno más, lloraré.

—¿Iván?

—En modo colapso.

—Vale. Avisaré a dirección que hoy hacemos ensayo técnico sin romper nada. No pienso gastar material mal armado.

—¿Y si protestan?

—No van a protestar.

Dani me miró.

—¿Qué estás comiendo últimamente? Quiero de eso.

—Paz mental.

Se rió.

La presión seguía ahí y el caos también, pero yo no estaba al borde. Eso era nuevo.

—Así que tú y el protagonista —dijo uno de utilería mientras me pasaba un listado—. Interesante.

—Interesante no es una categoría de inventario —respondí sin levantar la vista.

—¿Desde hace cuánto?

Levanté la vista entonces, incrédula de su confianza.

—Eso no tiene nada que ver con el listado, ¿verdad?

Él se encogió de hombros y siguió con lo suyo. Listo. Sin drama. Sin necesidad de justificar nada.

Volví al iPad. Había una nueva notificación.

KAI:

¿Comes conmigo después del ensayo de hoy?

No respondí al instante, solo sonreí. Ya no había ruido, solo claridad y una parte de mí —la que había aprendido a protegerse tanto—, empezaba a soltar el aire.

El ensayo técnico empezó media hora más tarde de lo previsto porque todo en esta producción parecía necesitar cinco minutos extra.

El set del barco ya estaba montado, la puerta torcida estaba corregida, el marco alineado, y sobre la mesa había cuatro botellas de azúcar perfectamente colocadas. Cuatro. Necesitábamos al menos diez.

Kai entró al set ajustándose la chaqueta del vestuario de prueba.

Cruzó el espacio con esa forma suya de ocuparlo todo sin pedir permiso.

Detrás venía Leira, como siempre demasiado cerca.

Había trabajado con ella antes y es muy buena en lo que hace.

Con Kai, sin embargo, había algo distinto.

Le alisó el cuello de la camisa, le sacudió una pelusa invisible del hombro, le acomodó el puño, todo con una concentración que rozaba lo innecesario.

—Quieto —le dijo, apoyando la mano en su pecho para “colocar mejor la caída”.

Kai obedeció, paciente.

Yo lo vi de reojo desde el monitor y en lugar de molestarme, me entró la risa. Leira tenía la sutileza de un cartel luminoso.

—Repito —dije en voz alta, mirando al equipo—. Hoy no se rompe nada. Es solo recorrido y marcas. Si alguien golpea una botella, lo saco del ensayo.

Algunas risas suaves.

—Ya escucharon chicos, ¡no se rompe nada! — repitió Ana la Asistente de Dirección.

Kai se detuvo frente a la mesa. —¿Ni una? —preguntó mirando las botellas.

—Ni media —respondí—. Son las únicas decentes que tenemos.

Martín estaba al fondo del set, junto al monitor, con el guion en la mano, inmóvil mientras seguía el ensayo en silencio, analizando cada movimiento antes de intervenir.

—Vamos desde la entrada —indicó Martín—. Kai, cruzas, empujas la puerta, tomas la botella, amenaza y lanzas contra el suelo.

—Sin romper. Solo marca el movimiento. No tenemos suficientes botellas —agregó Ana.

Kai asintió y se colocó en posición. Yo me moví hacia el lateral del set para revisar el marco que habíamos corregido antes y luego ir al monitor con Martin. No tenía que estar pegada a él para darle indicaciones. De hecho, no debía.

—Listos para marcar —dijo Ana.

Kai ejecutó la entrada.

—Puerta, dos pasos, mesa, botella, amenaza, lanzamiento sin soltar —recitó el stunt mientras veía el ensayo en el monitor.

Martín, desde el monitor, señaló:111

—Kai, en el lanzamiento falso, abre más el torso hacia cámara B. Ahora mismo tapas la acción.

El stunt se acercó y le ajustó el brazo, colocándolo justo en el ángulo que necesitábamos.

—La trayectoria va aquí. Marca hasta el suelo, pero simula que lo sueltas sin hacerlo.

Yo me moví hacia el monitor para revisar cómo estaba leyendo el marco corregido en cámara.

—Y no cargues peso en la mesa —añadí sin mirarlo—. Es decorativa.

—Copiado —respondió él.

La primera marca salió limpia. La segunda no tanto, para la tercera repetición, su codo rozó una de las botellas y el set entero contuvo el aire. La botella se tambaleó e Iván dio medio paso adelante preparado para agarrarla pero Kai la atrapó antes de que cayera.

Ana miró el reloj.

—Eso habría sido un informe precioso.

Algunas risas contenidas.

Iván recuperó la botella de la mano de Kai con gesto dramático.

—Eso era categoría hero, ¿sabías? —murmuró Iván, recuperando la botella con cuidado.

—Lo estaba probando —respondió Kai—. Reflejos felinos.

Martín miró el monitor una última vez.

—Funciona. Abre un poco más el cuerpo en el lanzamiento y en el rodaje rompemos en serio. Pasemos al siguiente bloque.

Ana dio dos aplausos suaves. —Listo, equipo. Cambio de bloque. Kai, tienes ensayo en el salón dos con el resto del elenco en veinte minutos.

Kai asintió y empezó a quitarse la chaqueta del personaje. Leira apareció casi al instante.

—Bueno —dijo, plantándose frente a él—, ahora sí hay que desvestirte.

Leira sabía muy bien lo que hacía y decía. Se acercó más de lo necesario y empezó a desabotonarle la camisa con una calma innecesaria, con un contacto visual que incluso a mí me resultaba incómodo.

Yo estaba revisando un ajuste de iluminación del pasillo con David, el diseñador de producción, y Theo, el director de fotografía.

David era quien llevaba el diseño completo, y aunque era la primera vez que trabajaba con él, bastaban un par de indicaciones para saber que sabía exactamente lo que quería conseguir.

Aun así, escuchaba perfectamente la conversación de Leira.

—Te juro que deberíamos ensayar más seguido —añadió Leira—. Te queda muy bien este look, sobre todo cuando sudas.

Kai sostuvo su mirada un segundo y sonrió.

—Gracias. El mérito es de ustedes.

Volví a concentrarme en la pantalla.

—Si abrimos un poco aquí, ganamos aire para el movimiento comentó Sergio.

—Pero perderíamos sombra en el fondo —respondió el DP.

Juanjo el gaffer, se acercó por detrás.

—Lo podemos compensar arriba.

Juanjo se inclinó para mirar mejor el plano y su brazo rozó mi espalda baja para hacerse espacio ante el monitor.

—Perdón —dijo.

—Todo bien —respondí sin levantar la vista.

—Metemos un recorte suave desde parrilla, bajamos medio punto la intensidad en fondo y abrimos un poco el lateral. Así no se aplana la escena cuando él gire.

Sergio asintió.

—Eso nos devuelve volumen sin tocar estructura.

El DP miró la imagen un segundo más.

—Sí. Me sirve. Ganamos aire y mantenemos contraste.

Juanjo sonrió, satisfecho.

—Listo. Lo preparo ahora mismo.

Se apartó del monitor y, antes de irse, me dio un toque ligero en el hombro. Ese tipo de ajustes eran los que marcaban la diferencia. No se trataba solo de que algo se viera bien, sino de que funcionara dentro de la escena, de que el espacio acompañara el movimiento sin robarle atención.

—Así no te complicamos más la vida.

—Pues eso sería de gran ayuda no voy a mentirles — añadí sonriendo.

David y Theo ya estaban hablando de otra cosa.

Juanjo se alejó hacia las luces cuando levanté la vista buscando a Kai ya no llevaba la chaqueta del personaje.

Leira seguía a su lado, organizando cosas en un rack, pero él ya tenía su mirada en mí.

Al ver que lo miraba levantó su mano , con absoluta naturalidad, imitó el gesto de Juanjo; tocándose su hombro con dos dedos, exagerando el movimiento, y no pude evitar reír cuando de pronto mi teléfono vibró:

KAI:

Estoy haciendo lo posible por no meterme donde no me llaman.

KAI:

En serio. Estoy muy orgulloso de no haber intervenido.

KAI:

Porque estuve a esto de darle una masterclass sobre espacio personal.

BEA:

No te tenía en el equipo de los celosos.

KAI:

No lo soy, solo no me gusta cuando alguien cruza líneas contigo, es distinto.

BEA:

Aaah es una pena.

KAI:

¿Qué?

BEA:

Por un momento me parecía sexy que Kai sintiera celos por mi.

KAI:

Estoy increíblemente celoso.