Los Tres Rostros del Crimen Capítulo 33
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Capítulo 33

Setenta y cuatro casos

La revisión no se llamó revisión Kopelman.

Todo el mundo en el estado sabe por qué existe.

Nació de un párrafo.

El párrafo de la sentencia de once páginas de la jueza Marion Ekwueme en el que ordenaba remitir copia al fiscal general y a la comisión legislativa correspondiente, y que decía que la acusación del condenado contra las instituciones del estado era, en buena parte, cierta.

La comisión tardó cuatro meses en reunirse.

El programa se aprobó el 6 de noviembre de 2025 con un presupuesto de un millón cuatrocientos mil dólares y una plantilla de nueve personas: dos fiscales, tres analistas, un forense, dos investigadores y una administrativa.

Trabajaron en la tercera planta de un edificio de Madison, en una sala sin ventanas con setenta y cuatro cajas apiladas contra la pared.

Los criterios de selección fueron tres, y los redactó una analista de treinta y cuatro años llamada Priya Sandoval, que en 2013 había sido becaria en una clínica jurídica de Milwaukee y que había gritado en un pasillo el día que admitieron a trámite el caso Fairbrook.

Fue ella quien pidió el traslado a aquel programa.

Y fue ella quien redactó el criterio número dos, que es el que produjo casi todos los hallazgos:

«Expedientes cerrados como suicidio, accidente o sobredosis en los que conste al menos una objeción documentada por parte de un familiar directo, y en los que dicha objeción no generara ninguna actuación posterior».

Ese criterio, aplicado a seis condados y veinticinco años, produjo setenta y cuatro cajas.

Setenta y cuatro personas cuyos familiares habían dicho esto no fue así.

Y a las que nadie había vuelto a llamar.

El proceso fue lento y aburrido y no se pareció en nada a lo que sale en la televisión.

Consistió, sobre todo, en telefonear a gente.

Priya Sandoval hizo cuatrocientas once llamadas en nueve meses.

La primera frase era siempre la misma y la había ensayado con una compañera hasta que dejó de temblarle la voz:

—Buenos días. Llamo del Departamento de Justicia del estado de Wisconsin. Estamos revisando el expediente de su hija y me gustaría hacerle unas preguntas, si le parece bien.

En cuarenta y ocho de esas cuatrocientas once llamadas, la persona al otro lado se echó a llorar antes de la segunda frase.

En once, colgaron.

En tres, alguien le dijo que era demasiado tarde y que se fueran todos al infierno, y Priya Sandoval anotó las tres en el sistema como «contacto no productivo» y después salió al pasillo.

De los setenta y cuatro casos:

Cuarenta y siete se confirmaron. La conclusión original era correcta y así se comunicó a las familias por carta y por teléfono, en ese orden, y siempre con una llamada previa para avisar de que iba a llegar la carta.

Dieciséis quedaron sin resolver por falta de material: sin muestras conservadas, sin escena, sin testigos vivos.

Once fueron reclasificados.

De esos once, ocho pasaron de suicidio o accidente a muerte de causa indeterminada.

Y tres pasaron a homicidio.

Los tres homicidios no tenían absolutamente nada que ver entre sí ni con el caso Kopelman.

Un hombre de Green Bay, muerto en 2007, cuya viuda había dicho durante dieciocho años que su marido no bebía. Un chico de veintidós años de Fond du Lac, muerto en 2011. Y una mujer de Sheboygan, muerta en 2016, cuya hermana había llamado catorce veces.

Los tres casos terminaron en detención.

Dos han sido condenados. El tercero está pendiente de juicio.

El expediente de David Chen, Milwaukee, 3 de diciembre de 2013, fue reclasificado como homicidio el 11 de marzo de 2025, antes incluso de que el programa existiera, por la fiscalía del condado, sobre la base de la confesión de Marcus Kopelman.

La carta certificada llegó a la tienda de electrodomésticos de Wauwatosa el 14 de marzo.

Henry Chen la leyó de pie, entre dos cajas de lavadoras.

El expediente de Sarah Brenner, Neenah, 4 de febrero de 2002, fue el número treinta y uno de los setenta y cuatro.

Lo trabajaron durante cinco semanas.

Reinterrogaron a dos personas: un vecino que en 2002 había declarado que no vio nada y que en 2026 siguió declarando que no vio nada, y una antigua compañera de clase de Sarah que dijo que en enero de 2002 la había notado rara y que nadie se lo había preguntado nunca.

Esa declaración —tres páginas, tomada el 4 de febrero de 2026, veinticuatro años exactos después— es lo único nuevo que produjo la revisión del caso.

Volvieron a analizar la nota con un perito calígrafo distinto, que llegó a la misma conclusión que los dos anteriores.

No había material biológico conservado. Las muestras de 2002 se habían destruido en 2009 conforme al protocolo de conservación entonces vigente, que era de siete años para casos cerrados.

El 19 de junio de 2026, el expediente treinta y uno se cerró de nuevo.

Conclusión: se mantiene la calificación original. Sin elementos nuevos suficientes.

Priya Sandoval hizo la llamada personalmente.

—¿Señor Brenner?

—Sí.

—Le llamo del Departamento de Justicia. Es sobre el expediente de su hermana.

—Ya lo sé.

—Va a recibir una carta, pero he preferido llamarle antes.

—Se lo agradezco.

—No hemos encontrado nada, señor Brenner.

Hubo un silencio al otro lado de la línea.

—¿Han mirado? —preguntó Tom.

—¿Perdón?

—Que si han mirado. No le pregunto si han encontrado. Le pregunto si han mirado.

Priya Sandoval miró la caja número treinta y uno, que llevaba cinco semanas abierta encima de su mesa.

—Sí —dijo—. Cinco semanas. Cuatro personas. Hemos leído las cuarenta y una páginas y hemos vuelto a hacer las preguntas.

—¿Y no había nada?

—No había nada, señor Brenner. Y quiero que sepa que eso no significa que usted se equivocara. Significa que no lo podemos saber, que es una cosa distinta y peor.

Tom Brenner tardó unos segundos en contestar.

—Gracias —dijo.

—No me dé las gracias.

—Sí. —Se le movió la voz—. Llevo veinticuatro años esperando que alguien me dijera que había mirado. Deje que se lo agradezca.

El informe final del programa se publicó el 30 de agosto de 2026.

Tiene doscientas once páginas —el mismo número, por casualidad, que el libro de Marcus Kopelman— y termina con una recomendación de once puntos.

El punto siete propone la creación de un registro estatal unificado de personas desaparecidas y no identificadas, con cotejo automático diario en lugar de manual mensual.

En el preámbulo del punto siete, sin citar nombres, dice esto:

«Esta comisión ha constatado que una persona puede permanecer simultáneamente registrada como desaparecida en tres condados y enterrada como no identificada en un cuarto, durante ocho años, sin que ninguno de los cuatro sistemas produzca una alerta.

No se trata de un error humano. Ninguna de las personas que intervinieron en ese procedimiento incumplió norma alguna.

Se trata de que nadie había asignado a ningún funcionario de este estado la tarea concreta de mirar».

El punto siete se aprobó por unanimidad en marzo de 2027.

El registro estatal unificado se llama, oficialmente, Sistema Integrado de Identificación de Wisconsin.

En los pasillos del Departamento de Justicia, y esto no consta en ningún documento, todo el mundo lo llama el sistema Wolcott.