Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Epílogo
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Epílogo

EPÍLOGO

— E stoy tan, tan contenta —le dijo Mia a Ian—. Pero sería todavía más feliz si estuvieses aquí con nosotros esta noche.

A través de la conexión de Skype de su Tablet, Ian podía ver que Mia estaba radiante.

Todos estaban en casa de sus padres celebrando el compromiso, pero como él no había podido llegar desde Londres a Seattle a tiempo para la fiesta, su hermana estaba ahora sentada delante del portátil de la guarida de su padre para intentar incluirle en la fiesta.

—A mí también me gustaría estar ahí. —Seguía estando enfadado por las reuniones de hoy que no había podido cambiar sin perder potencialmente millones del dinero de sus inversores—.

El mes que viene, cuando esté de vuelta en Seattle para siempre, tendrás que reservarme una noche para que pueda sacarte por ahí a celebrarlo.

—Sacarnos a mí y a Ford —le recordó ella con su habitual aire descarado. Justo entonces, su prometido apareció por detrás de ella y le rodeó la cintura con un brazo.

Encantado de que no pudieran ver cómo apretaba las manos por debajo del escritorio, Ian asintió.

—Correcto. A los dos. Sabiendo que disgustaría a su hermana si no intentaba hacerlo un poquito mejor que eso, hizo un gesto con la cabeza en dirección a la estrella del rock.

—Felicidades, Ford.

El otro hombre le sonrió, mientras parecía ridículamente satisfecho por cómo habían salido las cosas.

—Gracias, Ian. Soy el hombre más afortunado del mundo.

Para ilustrar esa afirmación, Ford besó a su hermana a plena vista de la cámara.

Como si quisieran que la tensión no le subiese demasiado, el primo de Ian, Smith, y su prometida, Valentina, que habían entrado en la oficina de Ian justo después de que él y Mia empezasen a hablar, intervinieron a la vez con sus propias felicitaciones.

—Guau, estáis celebrando vuestra propia fiestecita Sullivan en Londres, ¿no? —Dijo Mia, sonriéndoles a todos.

—Solo un poquito más, mientras acabamos la producción de nuestra última película. —dijo Smith. Valentina y yo nos instalaremos en Seattle pronto para rodar la próxima.

Mia le preguntó a Valentina.

—¿No estará Tatiana por aquí también?

Valentina asintió, alegre.

—Acaba de confirmar que se quedará en Seattle durante un tiempo, a partir del mes que viene. Estoy tan contenta de que volvamos a estar en la misma ciudad…

—Nos lo vamos a pasar divertidísimo todos juntos —dijo Mia, mirando específicamente a su hermano y añadiendo—: ¿verdad, Ian?

Él vio en su expresión traviesa que ella no había olvidado su reacción ante Tatiana en la boda de Marcus y Nicola en el Valle de Napa.

Por suerte, sin embargo, Valentina no parecía tener ni idea de que él había pasado algún tiempo con su hermana pequeña…

Ni de que habían surgido unas chispas más intensas entre Ian y Tatiana en esos quince minutos entre los viñedos de lo que él había vivido con ninguna otra mujer en años.

Unos minutos después, cuando Mia y Ford habían colgado para unirse a su fiesta de nuevo, Ian se levantó de su sillón de cuero para servirse y servir a sus invitados unas copas.

—Todavía estoy intentando hacerme a la idea de que Mia esté con…. —Era incluso difícil decir el nombre del tipo sin soltar un gruñido—. Ford.

Pero no era solo el hecho de que se estuviese casando con un tío con el estilo de vida que tenía Ford lo que le molestaba.

La experiencia personal le había enseñado a Ian lo difícil que era mantener a un matrimonio unido.

Aun así, se obligó a reconocer que solo porque él nunca cometería el error de volver a casarse, ni de enamorarse, de nuevo, eso no quería decir que este no fuese el camino correcto para su hermana.

—Obviamente sabe que te alegras por ella —dijo Valentina con una dulce sonrisa—. Y que a veces hace falta tiempo para acostumbrarse a los grandes cambios.

Después de darle una copa a cada uno, él dio un largo trago de la suya.

—¿Cómo lidiaste tú con las relaciones de tus hermanas, Smith?

—Honestamente, —respondió su primo—, no resultó fácil.

Sophie y Lori mantuvieron las dos las cosas en secreto, aunque cuando Sophie acabó en el hospital y yo averigüé que Jack la había dejado preñada de gemelos, casi pierdo la cabeza.

Pero entonces, vi como ella le miraba, y como Lori miraba a Grayson y eso lo cambió todo.

Lo único que yo siempre he querido es que mis hermanas fuesen felices, y cuando me di cuenta de que los hombres con los que se habían casado lo darían todo y cualquier cosa para conseguir eso mismo, me resultó más fácil llevarlo.

—Sé que me voy a comportar como una chiflada cuando mi hermana se enamore —dijo Valentina—.

Todo el mundo ve a Tatiana como a una estrella de cine hermosa y segura de sí misma, que lo es, pero yo conozco a la auténtica persona que hay en el fondo…

Y lo inocente que es en realidad. —Valentina suspiró—.

Mi única esperanza es que cuando caiga por fin, lo haga por un tío que valga la pena, que se dé cuenta de lo especial que es.

—Si no —dijo Smith con tono amenazante—, tendré que cargarme a ese tío por hacerle daño a mi nueva hermana pequeña.

Ian se bebió el resto de su whisky escocés de un solo trago.

No había sido capaz de dejar de pensar en Tatiana desde la boda. Antes de que ambos se mudaran a Seattle, tendría que obligarse a sí mismo a olvidar lo mucho que deseaba tocarla.

Tendría que hacer lo que hiciese falta para dejar de pensar en cómo sería besarla.

Y, sobre todo, tendría que librarse por completo de este loco impulso de hacerla suya.