Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 27
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Capítulo 27

CAPÍTULO VEINTISIETE

M ientras recorrían el sendero enladrillado que conducía a la puerta de sus padres el viernes por la noche, Mia deslizó su mano en la de Ford. En la otra, él sujetaba un enorme ramo de rosas, uno que ella sabía que iba a hacer que su madre se volviese loca.

—Nunca antes había traído a nadie para presentárselo a mi familia —le dijo, con la garganta atenazada por la emoción.

Justo entonces, su padre abrió la puerta principal y dijo:

—Calabacita, estás aquí.

La agarró y le dio un largo abrazo, como si hubiese pasado mucho más de una semana desde que se habían visto en la boda.

Para cuando Mia consiguió apenas decir «papi» su madre estaba también envolviéndola en un abrazo.

Como siempre, se sintió reconfortada por el familiar aroma del champú de limón que su madre había utilizado desde que ella era capaz de recordar.

Mia siempre había creído ser una mujer independiente, pero la verdad es que cuando pasaba más de unas pocas semanas sin ver a sus padres y hermanos, empezaba a sentirse un poco perdida.

—Me gustaría presentaros a mi amigo Ford. —Al oír la palabra amigo , Ford le apretó la mano—. En realidad —añadió, porque necesitaba que lo supieran—, es mi amigo y mi novio.

Casi volvió a sentirse igual que una adolescente. De algún modo, a pesar de lo que ella y Ford habían hecho en la cama años atrás, todos sus largos besos de buenas noches de esta semana habían revestido su actual relación de una sorprendente capa de inocencia.

Ford estrechó la mano de su madre y su padre.

—Estoy encantado de poder conocerles por fin, Sr. y Sra. Sullivan. Han criado ustedes a una hija asombrosa.

Tal y como ella esperaba, Mia vio que a su padre le iba a llevar un tiempo decidir qué opinaba sobre la estrella del rock que estaba intentando hacerse con el corazón de su hija, pero su madre quedó hechizada de inmediato.

—Encantada de conocerte a ti también, Ford. Y Mia es la mejor hija que jamás habría esperado tener.

—Lo mismo digo, Mamá.

Su madre fue a poner las flores en un jarrón y su padre se dirigía hacia la cocina para coger una cerveza de la nevera cuando su hermano Adam entró por la puerta delantera.

—Hola, Mia. —La besó en la coronilla, pero estaba mirando por la ventana hacia la acera—. Parece que algún derrochador se ha mudado al vecindario con su elegante co…

Se quedó con la palabra a medias cuando por fin se dio cuenta de que Ford estaba allí de pie a su lado.

Mia casi suelta una risita al ver la cara de total sorpresa cuando su hermano se encontró de pronto cara a cara con su héroe musical en casa de sus padres…

Especialmente cuando al bajar la vista vio que Mia le estaba cogiendo de la mano.

—Adam —dijo Mia—, no creo que conocieras a Ford en la boda de Marcus y Nicola. Ford, este es mi hermano, el segundo de más edad.

—Es estupendo conocerte por fin —dijo Ford, con tono relajado.

Pero en vez de tender la mano para estrechar la de Ford, Mia vio como las ruedecitas del cerebro de su hermano giraban mientras miraba del uno al otro una vez, dos veces.

—¿Vosotros dos os conocisteis en la boda el fin de semana pasado?

—Pues no —dijo Mia con una sonrisa alegre, deslizando el brazo por el de Ford e inclinándose contra él.

—. Nos conocimos hace cinco años. Ya sabes cómo es, un estúpido amor juvenil y todo eso.

Pero no nos habíamos vuelto a ver hasta un par de días antes de la boda, cuando Ford me contrató para encontrarle una casa en Seattle.

Dado lo histérica que había estado por estar con Ford en la boda, presentárselo a su familia una semana más tarde estaba siendo sorprendentemente divertido. Era asombrosa la diferencia que podía hacer una semana.

Por otra parte, ¿no había sido una semana con Ford la que la había llevado a cambiar del todo su corazón cinco años antes?

—¿Hace cinco años? ¿Amor juvenil? —Al pobre Adam parecía estar a punto de estallarle una vena—. ¿Qué demonios, Mia? Hemos escuchado sus canciones en la radio mil veces y ni una sola vez has mencionado que lo conocías.

—Siento no haberlo hecho. Pero el pasado no importa —le dijo Mia a su hermano. Y lo decía de verdad—. Lo único que necesitas saber es que estamos juntos ahora.

Dada la airada —y casi asesina— mirada que Adam le lanzó a Ford en ese punto, Mia fue consciente de que su hermano había dejado totalmente a un lado su gusto por la música de Ford, a cambio de protegerla a ella.

Justo entonces, se escuchó un portazo viniendo de la entrada lateral de la cocina y ella supo que había llegado Dylan.

Se quedó parado en seco en el umbral entre la cocina y el salón cuando vio a Ford ahí de pie.

Boquiabierto, Dylan se puso a míralos a ella y a Ford, alternativamente, varias veces, con un ceño que se fruncía más a cada pasada.

—Ford, este es mi hermano Dylan. Dylan, este es mi…

—Novio —gruñó Adam por detrás de ella.

Su hermano marino, tan rudo y grandote, parecía estar a punto de tragarse la lengua.

—¿ Él es tu novio?

—Guau —dijo ella, riendo—, me alegra saber que piensas que yo soy tan buen partido.

—Jesús, Mia, no es eso. Tú eres genial. Pero él es…

—Una maldita estrella del rock —completó de nuevo Adam.

—Si alguno de vosotros quiere darme unos puñetazos para relajarse de la impresión, —ofreció Ford—, me apunto.

—No seas ridículo —le dijo ella antes de volverse a mirar airadamente a sus hermanos—.

Estoy segura de que mis hermanos sobreprotectores podrán encontrar dentro de ellos la forma de confiar en que su hermana tenga algo de buen gusto…

Y que haya esperado a traer a un hombre a casa hasta que haya encontrado a uno que merezca la pena. ¿Verdad, chicos?

Dylan se rindió el primero.

—Necesito una cerveza. —Pero antes de que pudiese escapar, su padre entró con suficientes botellas frías para todos.

Cuando Adam se bebió la primera con de un solo trago, claramente irritado, Mia le dijo a Ford:

—Vamos a ver si mi madre necesita algo de ayuda.

—Señora Sullivan —dijo Ford en cuanto entraron en la cocina—, todo huele genial.

—Llámame Claudia, por favor.

Mia no pudo resistirse a meter la mano en la fuente de la ensalada para sacar una nuez caramelizada.

—Toma, prueba esto. Las tuesta ella misma.

Ford emitió un sonido que les indicó tanto a Mia como a su madre lo buena que Ford creía que estaba la pequeña nuez dulce.

—Claudia, ¿con qué puedo ayudarte?

—¿Por qué no vais Mia y tú a acabar de poner la mesa?

Una semana atrás, Mia había llamado a Ford egocéntrico y desquiciado.

Ahora, sabía que Ford no tenía ni pizca de prima donna estrella del rock de las que se sentaban y esperaban que les atendieran en todo.

Por el contrario, a Mia le pareció que disfrutaba de verdad poniendo los platos multicolores y los bonitos vasos de vidrio soplado en la mesa.

Adam pasó por ahí y les puso mala cara, y Mia decidió que sería mejor que se ocupara de él antes de que la fastidiara tanto que tuviese que saltar por encima de la mesa en medio de la cena para aporrearle hasta que recobrara el sentido común.

—Tengo la cosa esa para ti en el coche, Adam.

—¿Cosa? ¿Qué cosa? —Pero salió tras ella por la puerta principal.

—Esta cosa. —Le dio un puñetazo en el antebrazo, tan fuerte que él hizo una mueca—. Eso es por ser un capullo con mi invitado. Hasta hace quince minutos, tú eras el mayor fan de Ford.

—Eso fue antes de saber que andaba por ahí tirándose a mi hermana.

—¿En serio? ¿Crees que soy tan débil que dejo que los tíos se me vayan tirando por ahí?

—Sabes que eso no es lo que quiero decir.

—Entonces, puede que debas intentar decirlo de otra manera.

Él se pasó la mano por el pelo, claramente frustrado por toda esta inesperada situación.

—Ese tío podría tener el mundo entero servido en bandeja de plata si quisiera.

—Lo mismo que Smith —señaló ella—. Y tú no le tratas como si fuese la última escoria de la tierra simplemente por osar respirar en tu presencia.

Claramente irritado por su lógica, él echó una mirada furiosa en dirección al salón.

—Yo he crecido con Smith. Y no conozco a Ford. No sé cómo trata a las mujeres.

Ella sabía que no debería estar enfadada con su hermano. Si, se estaba pasando, igual que Ian lo había hecho en la boda, pero las intenciones de su corazón eran buenas.

—Dale una oportunidad esta noche, Adam. Por mí. Porque él me importa.

Él la observó minuciosamente.

—¿Cuánto te importa, Mia?

—Mucho. —Ni siquiera había tenido que pararse a pensarlo, ni había dudado. Pero eso, en vez de hacer que Adam pareciese más contento, solo consiguió que hacerle fruncir más el ceño—. ¿Adam?

—Cuando naciste, no me podía creer lo pequeñita que eras. Siempre fuimos un poco brutos jugando, pero contigo…

—Os asegurabais de que no me hiciese daño, y os quiero por eso.

Pero ya no estamos en el parque, y no pienso que podáis controlar si me hago daño o no esta vez.

—Le plantó un beso en la mejilla—. Siento haber tenido que darte un puñetazo.

Probablemente te haya hecho desear no haberme enseñado a pegar tan bien, ¿verdad?

Porque estoy bastante segura de que va a salirte un morado.

Se alegró de escucharle reír mientras la seguía de vuelta adentro.

—¿Cuánto hace que conoces a Nicola, Ford?

Mia sabía que podía contar con su madre para romper el hielo mientras todos atacaban sus platos llenos.

—Vi uno de sus conciertos hace un par de años y me quedé muy impresionado.

En cuanto empezó a tocar su guitarra pude escuchar en mi cabeza los acordes y la letra de la canción que íbamos a escribir juntos.

—Se rio de sí mismo—. Ella terminó cogiendo esos acordes y letras y haciéndolos mil veces mejores, por supuesto. Fue un honor para mí asistir a su boda.

—Recuerdo cuando Mary me llamó después de un almuerzo familiar que celebraron en Palo Alto, en el que Marcus declaró su amor por Nicola delante de todos ellos —dijo Claudia—. Me pareció tan dulce.

Mia pudo notar los ojos de Ford clavados en ella, y como le leyó la mente, le lanzó una mirada que decía: ni se te ocurra, estrella del rock .

La sonrisa que él le devolvió no hizo nada en absoluto para que confiase en que no le iba a liar un numerito al estilo del de Marcus.

Ese tipo de cosas sonaban muy románticas, pero aunque ella y Adam habían tenido su pequeña charla previa, no estaba segura de lo bien que llevaría que Ford declarase sus sentimientos a lo grande delante de ellos esta noche.

—Vuestra familia es genial. Aun cuando Mia me había contado lo bien que os llevabais todos, verlo por mí mismo en la boda fue asombroso.

—Con una sonrisa despreocupada, se volvió hacia sus hermanos y dijo—.

Adam, tu hermana me ha dicho que trabajas con edificios históricos. Y Dylan, tú diseñas veleros, ¿verdad?

Y así de rápido, Mia supo que él siempre tendría un asiento reservado en la mesa de su madre.

Y cuando consiguió que Dylan y Adam arrancasen a hablar a pesar de sus accidentados inicios, le inundó el asombro al ver lo bien que Ford se adaptaba a su familia…

Y lo mucho que parecía florecer al estar con ellos.