Capítulo 18 #2
—Durante mucho tiempo, me dije a mí mismo que no necesitaba a nadie, que me daba igual si nadie amaba jamás a mi yo real, que era suficiente con tener a todos esos fans gritándome Te quiero desde el público y que solo amaban mi música en vez de al hombre que había detrás del micrófono.
Pero entonces, desde el mismísimo primer momento en que entraste en mi vida, era tan fácil, demasiado fácil, necesitarte…
Y desear que estuvieses conmigo todo el tiempo.
Sentía como si no fuese capaz de respirar sin ti, ya no podía imaginarme viviendo el resto de mi vida como un hombre solo en su propia isla.
Y fue incluso peor sabiendo que tú eras demasiado independiente y amabas demasiado a tu familia, a tus amigos y a tu carrera para decir que sí a mi ultimátum.
—¿Estás diciendo que ya te había perdido antes incluso antes de que me pidieras que lo dejara todo por ti?
—No sabía cómo seguir.
Ella necesitaba saberlo.
—¿Y ahora crees que sabrás?
Él dejo escapar una larga respiración.
—Demonios, espero de verdad que sí. Porque si te vuelvo a hacer daño, no serían tus hermanos los que vinieran a por mí después y me hicieran pedazos. Yo mismo lo haría antes.
Nadie describiría a Ford Vincent como una persona frágil. Pero, por primera vez, Mia vio la vulnerabilidad que él había trabajado tan duro durante toda su vida para ocultar a todos los demás.
Incluyendo a ella, hasta ahora.
—Cuando te volví a ver de repente el viernes —dijo ella con cautela—, asumí que no habías pensado en mí ni una sola vez en cinco años.
Pero aunque ahora sé que no estaba en lo cierto, tienes que comprender que de verdad he intentado no pensar en ti en absoluto.
Al menos no hasta hace unos días. Quiero decir, obviamente no puedo resistirme a ti cuando nos besamos pero…
—Amigos —le recordó—. Quiero que primero seamos amigos. —Como para demostrar su intención, cogió la botella de champán y sirvió dos copas. Dándole una a ella, dijo—: Brindo por una hermosa amistad.
Él había prometido no volver a presionarla demasiado deprisa, y mientras una parte de ella estaba aliviada porque parecía como si él fuese a honrar esa promesa, otra parte de ella no pudo resistirse a preguntar antes de hacer chocar su copa:
—¿Tú siempre te enrollas con tus amigas?
—Normalmente no —dijo él sonriendo lentamente. Era obvio que entendía de dónde venía su pregunta—, pero últimamente me va el cambio un montón, así que me he dicho, ¿por qué no meter lo de enrollarse en el mismo saco de la amistad?
A ella le hormigueaban los labios aunque habían pasado unos cuantos minutos desde que se habían besado. Rayos, todo su cuerpo estaba hormigueándole solo por tenerle a él así de cerca.
—Ya sabes, cómo hay un gran salto entre besarse y practicar el sexo, tal vez debería hacer una lista de todo lo que cae entre ambos —sugirió ella—, y tú puedes indicarme la línea que no vas a cruzar.
A él se le oscurecieron rápidamente los ojos por el deseo.
—Dios mío, cómo me tientas, Mia. —Pero en vez de agarrarla como ella deseaba que hiciera, prosiguió—: Aunque hicieses una lista que, maldita sea, sabes muy bien que iba a volverme loco, tú y yo vamos a ser amigos antes de que te haga el amor otra vez.
Es una promesa que estoy haciéndonos a ambos, y una que no voy a romper.
Mia conocía a un montón de hombres poderosos y ricos.
Los que formaban parte de su familia eran geniales pero el resto, normalmente cogían lo que ellos querían sin preocuparse de lo que nadie más quisiera o necesitara.
A estas alturas, Ford ya podría tenerla en su cama.
Pero en vez de eso, parecía del todo comprometido a apuntar más alto que a un par de tremendos revolcones en el heno.
¿Quién habría imaginado que eso fuese posible?
Ciertamente, ella no.
Aun así, tuviese o no sentido todo este plan de nada de sexo hasta que seamos amigos, a ella vivir según una serie de reglas que no había colaborado en fijar le traía sin cuidado. Que es lo que hizo que no pudiese resistirse a fastidiarle un poquito más.
—En realidad creo que podrías tener razón sobre que la amistad era lo que nos faltó la otra vez, pero…
—¿Por qué tengo la sensación de que tu pero va a desquiciarme por completo?
Sus labios dibujaron una sonrisa, encantada de que él ya la conociese tan bien, aunque estuviesen dando solo los primeros pasos en el camino de la amistad.
— Pero es que no veo cómo es que unos cuantos orgasmos aquí o allá podrían romper la regla de nada de sexo hasta que seamos amigos.
—Nunca sabré como amarte de la forma correcta si no aprendo cómo ser tu amigo, Mia. —Sus ojos oscuros mostraban una mirada intensa al preguntar—: Si un orgasmo pudiese conducirme a eso, sabes que me estaría muriendo por darte uno ahora mismo. Dime, ¿hacer que te corras nos hará mejores amigos?
Ella tragó saliva lentamente. Cada vez que ella intentaba que las cosas adquirieran un tono menos serio, él se aseguraba de que supiera lo serio que era sobre querer estar juntos.
—No —tenía que ser honesta y decirle—. No lo haría.
—Eso creía yo, que no —dijo él suavemente. Lugo añadió—: ¿Sabes el qué lo haría?
Era una buena pregunta, una en la que ella ni había pensado siquiera. Pero aunque lo hubiese hecho, no estaba segura de que su cerebro era el lugar de donde saldrían las respuestas acerca de la amistad. No cuando su corazón había estado siempre al mando sobre en quién confiaba, a quién amaba.
Aunque se había prometido a sí misma que no dejaría que su corazón la guiase otra vez por el camino equivocado con Ford de nuevo, sencillamente era incapaz de combatir el poderoso impulso de cogerle de la mano y hacer que se tumbase con ella sobre la mano para contemplar el cielo azul.
Los dos se quedaron en silencio mucho tiempo, con las manos juntas, mientras miraban las gordas nubes blancas cambiando lentamente de forma por encima de ellos. Los pájaros revoloteaban entre los abetos de Douglas.
Por fin, ella dijo:
—Creo que esto podría ser un comienzo.
Y cuando él se volvió y le sonrió, y las últimas esquirlas de hielo que rodeaban su corazón se fundieron, ella supo que sí, lo era.