Los Sullivan de Seattle (Libros 1-3) Capítulo 10
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Capítulo 10

CAPÍTULO DIEZ

A unque Ford estaba desesperado por recuperar el tiempo perdido con Mia, no quería arruinarle el gran día a Nicola, y por eso planeaba colarse justo antes de que empezara la ceremonia.

No es que se lo tuviese demasiado creído porque sí, pero ya había estado en suficientes situaciones parecidas para saber que la gente tendía a volverse un poco loca con los músicos, incluso en los momentos menos apropiados.

No le iban mucho los trajes, pero Nicola se merecía que él se tomase su tiempo para arreglarse y que llevase corbata.

Sabía que Mia pensaría que había cambiado su agenda para este fin de semana a propósito, para poder seguir topándose con ella, pero aunque el que ella estuviese también allí había resultado ser un asombroso premio extra del universo, él de verdad había estado deseando que su cargada agenda pudiese modificarse aunque solo fuese por unas horas para poder ver a su amiga intercambiando sus votos.

De acuerdo con la experiencia de Ford, el amor de verdad era la hostia de raro. Y cuando dos personas increíblemente ocupadas y de éxito como Nicola y Marcus conseguían de hecho que funcionara, en su opinión eso merecía una celebración espectacular.

Billy, su guardaespaldas, ya le estaba esperando en el asiento del pasajero del Tesla negro que habían alquilado para ese día. Cuando Ford se sentó al volante Billy dijo: «Te quiero» al teléfono y luego volvió a metérselo en el bolsillo.

—Un traje y una corbata muy bonitos, señor.

Ford sonrió ante el comentario sarcástico.

—Hoy espero impresionar a una dama e imaginé que había llegado el momento de sacar la artillería pesada. ¿Qué tal está Susan?

Billy apenas tenía que usar medidas de fuerza como guardaespaldas, porque era tan enorme y tenía un aspecto tan aterrador que nadie se atrevía a intentar hacerle nada a Ford. Pero que le preguntasen sobre su esposa suavizaba sus rasgos hasta el punto en que parecía casi amable.

—Ya tiene bastantes ganas de tener al crío, ahora que solo le falta cuatro semanas.

Ford ya había elegido un regalito genial para el bebé de Susan y Billy. El vehículo más seguro del mercado estaría esperándoles en el parking del hospital después de que ella diese a luz a su mini-yo.

Unos minutos después, Ford aparcó en la parte trasera de las Bodegas Sullivan. Nicola había aleccionado al aparcacoches para su llegada, así que este solo les hizo un gesto para que pasaran. Un tipo con un traje azul que hablaba por un pinganillo se acercó a su coche.

—Bienvenido, Sr. Vincent. La Sta. Harding quería que le hiciese saber que la ceremonia dará comienzo en cinco minutos. Por favor, vaya hacia allí por esa puerta lateral.

Ford les dio a ambos aparcacoches una generosa propina, se puso un sombrero oscuro y agachó la cabeza, por si acaso alguno de los invitados seguía remoloneando fuera, mientras Billy y él cruzaban la zona de gravilla.

Nicola y Marcus iban a intercambiar sus votos en un enorme establo reconvertido, pintado de rojo y renovado con unos enormes ventanales con vistas a las hectáreas de viñedos que se extendían en la distancia.

Era un sitio tremendo para casarse, pensó Ford, tomando una nota mental sobre el viñedo para el futuro que esperaba compartir con Mia.

Cuando abrió la puerta lateral, las primeras notas de la Marcha Nupcial salieron de un viejo órgano que habían instalado en un altillo del granero. La parte delantera del granero se había decorado para parecerse a una antigua iglesia rural, con bancos de madera incorporados y un pasillo central.

Aunque los bancos estaban llenos, Ford tardó menos de cinco segundos en encontrar a Mia.

Estaba en primera fila con lo que él supuso que serían otros miembros de la familia.

Llevaba un vestido de seda de color rosa oscuro tan elegante como sexi, que parecía haber sido especialmente confeccionado para ella, Lo llevaba igual que llevaba cualquier cosa que se pusiera, incluyendo nada en absoluto: con una confianza y una sensualidad innatas que hacían que a Ford le resultase imposible apartar la vista de ella.

Gracias a Dios, estaba allí de pie mirando hacia el pasillo y esperando a que apareciese Nicola, lo que significaba que Ford podía colarse y hacerse hueco fácilmente detrás de ella. Por suerte, todas las demás miradas estaban puestas en la puerta también.

Aunque le era casi imposible apartar la vista de Mia, Ford se obligó a tomarse unos cuantos segundos para observar la boda de Nicola.

A diferencia de otras ocasiones en las que Ford había visto al futuro novio con rostro verdoso y preocupado en el altar, aparte de una ligera impaciencia en el gesto de Marcus Sullivan por tener a su mujer en sus brazos, él parecía el tío más feliz del planeta.

Años atrás, Ford no se habría creído que el amor fuese algo real. Pero ahora estaba empezando a darse cuenta de que el amor era más poderoso que ninguna otra cosa. Más importante que una carrera, o que el dinero, o que el orgullo.

Había cinco tíos de pie a un lado de Marcus y todos se parecían tanto a él que Ford enseguida supuso que tenían que ser o sus hermanos o sus primos.

Reconoció a Smith Sullivan, por supuesto, no solo por sus películas, sino porque los dos habían estado frecuentando las mismas fiestas de Hollywood a lo largo de los años.

En realidad, nunca se habían sentado y charlado, pero a Ford siempre le había parecido que Smith era un buen tipo y sorprendentemente normal teniendo en cuenta su enorme fama y su éxito.

Al otro lado de la oficiante, había cinco mujeres y entonces fue cuando tuvo que mirar dos veces.

La oficiante era la mujer de sesenta y muchos con el mejor aspecto que él hubiese visto jamás.

Y si no estaba emparentada de cerca con Marcus y sus padrinos de boda, Ford se comería el sombrero.

Ya sabía que la familia de Mia se llevaba bien pero parecía que todas las otras ramas de su familia también.

¿Habría elegido Marcus a su propia madre para casarlos a Nicola y a él?

Señor, Ford no podía ni imaginarse a su madre pensando en hacer algo así para él.

Su círculo social jamás se recuperaría de que ella hiciese algo tan poco convencional.

Y tampoco él podía imaginarse un universo paralelo en el que él desease que ella lo hiciera.

Cuando por fin se casara, francamente, ni siquiera estaba seguro de que ellos se acordarían de asistir; no si tenían algún otro evento social más importante al que acudir.

Además, probablemente estarían aterrados de que él se presentase en su propia boda vestido con ropa de cuero y con sus tatuajes a la vista.

¿Cómo sería, se preguntó, formar parte de una familia como los Sullivan?

Una emoción que no fue capaz de definir de inmediato se elevó en su garganta y le hizo un nudo por un momento. Como letrista, su cerebro automáticamente buscó la palabra adecuada.

No eran celos, exactamente. Más bien… añoranza. No solo porque la mujer a la que todavía amaba le correspondiera, sino por una familia que de verdad se preocupara por el igual que los Sullivans se preocupaban los unos por los otros.

Mia estaba tan cerca de él que podría haber cedido fácilmente a ese deseo desesperado, haberle pasado el brazo por la cintura y haberla atraído hacia él.

Tal como estaban las cosas, su exótico olor le estaba volviendo medio loco.

Pero, maldita sea, se había prometido a sí mismo que no haría nada que pudiese arruinar la boda de Nicola…

Y el lío que Mia iba a montar si él se atrevía a tocarla de esa forma seguro que lograría ese efecto.

Pero era un trabajo jodidamente duro contenerse en ese momento.

Sin embargo, sabía que su autocontrol iba a ceder, pronto…

Una exclamación de asombro colectiva resonó por el granero cuando Nicola apareció del brazo de su padre.

—Oh, cielos, está tan guapa —susurró Mia para sí misma.

Y mientras su amiga recorría lentamente el pasillo sembrado de pétalos de rosa con su padre, Ford tuvo que estar de acuerdo de corazón.

Nicola era una mujer que gozaba de una belleza natural.

Pero hoy estaba resplandeciente de veras con un vestido de encaje finamente cosido y una corona de pequeñas flores blancas y amarillas sobre su cabello rubio con mechas rosas y azules.

El hombre canoso de detrás de Ford se movió para ver mejor, lo que empujó las caderas de Ford contra el extraordinario trasero de Mia.

Pillado , pensó con una sonrisa al sentir como su cuerpo se calentaba delante del de él, antes de ponerse rígido.

Señor, él jamás había olvidado lo que era tenerla entre sus brazos, el fuego infernal de la pasión y la dulzura al que ninguna otra cosa que había experimentado en su vida se había acercado siquiera.

Ni ganar media docena de Grammys en un anoche ni tocar para un público de doscientas mil personas en Japón.

Por suerte, nadie a excepción de Mia pareció haberse dado cuenta aún de la presencia de Ford, y él se bajó más el ala del sombrero instintivamente mientras se volvía hacia la parte delantera del granero.

Entonces es cuando vio a Marcus separarse del grupo del frente.

Con unas grandes zancadas, se encontró con Nicola y su padre en medio del pasillo.

Después de estrecharle la mano a Marcus, el padre le dio un beso a su hija en la frente. Los ojos de Nicola estaban claramente inundados de lágrimas al abrazar a su padre, pero cuando Marcus cogió sus manos y la acercó para darle un apasionado beso, ella no fue capaz de dejar de sonreír.

Aunque la novia y el novio acabasen de romper el protocolo de la ceremonia, sus invitados se pusieron a aplaudir como locos, sin mencionar los silbidos que soltaron los padrinos.

Incluso Mia, a pesar de su obvio shock al descubrir a Ford detrás de ella, no pudo evitar aplaudir y reír mientras los novios se separaban por fin y prácticamente corrían hasta el altar para sellar oficialmente el asunto.

Con la gente todavía riendo y sentándose, Ford se volvió y le susurró a Mia:

—Estás muy guapa.

Con los ojos todavía clavados en los novios, ella se inclinó hacia atrás y le respondió con:

—Y tú eres un hijo de puta retorcido.

Solo su fuerza de voluntad evitó que Ford se partiese de risa. Porque solamente el estar sentado cerca de Mia Sullivan le hacía sentirse más feliz que nada en el mundo.