Capítulo 9 #3
—Al principio no iba a venir por culpa de un problema de agenda —explicó Nicola—. Ayer por la tarde me llamó al móvil de pronto y me preguntó si la invitación seguía en pie.
—Ayer por la tarde. Por supuesto que era entonces cuando llamaría —dijo Mia, casi para sí misma.
Era imposible que esa llamada hubiese sido una coincidencia.
Él no había ido tras ella cinco años antes en Miami, pero ahora no iba a aceptar un sal cagando leches de mi vida por respuesta.
Claramente, todo siempre tenía que ser según sus condiciones, y si él no era el que decía adiós, entonces ese adiós no contaba.
De nuevo, Nicola frunció el ceño en dirección a Mia, pero la gemela de Sophie, Lori, ya se había acercado al grupo para entonces.
Su apodo, frente al Nice de Sophie, era Naugthy , traviesa.
Lori llevaba un sombrero y unas botas rojas de vaquero que quedaban monísimos con su vestido rojo y corto sin tirantes.
Las mujeres del grupo eran hermosas, pero de entre todas ellas, Lori era la que más llamaba enseguida la atención.
Ya fuese bailando en un escenario o ensuciándose con los cerdos de la granja que tenía con su esposo, Grayson, la gente sencillamente no podía quitarle la vista de encima.
—No vas a creerte quién viene a la boda —le dijo Sophie a su gemela—. ¡Ford Vincent!
Mia se quedó sorprendida cuando Lori soltó una sonora exclamación ahogada. Casi un jadeo.
—No me tomes el pelo, Soph. —Se volvió hacia Nicola, abriendo mucho los ojos—. ¿Es de verdad? ¿ De verdad va a estar aquí?
Nicola estaba asintiendo y a punto de decir algo más al respecto cuando Mia sencillamente no fue capaz de aguantarlo más.
—Pues yo no pillo a qué viene todo el alboroto. Él tiene algunas canciones bastante buenas, pero todas vosotras ya tenéis unos hombres realmente estupendos.
—Estás de broma ¿verdad? —dijo Lori—. Amo a mi marido hasta la muerte, pero no estoy muerta.
—Es verdad. —murmuró Megan—. Ford es la hostia de atractivo.
Mia observó estupefacta cómo una tras otra, cada una de las mujeres, incluyendo a la sensata Valentina, estuvieron de acuerdo en que Ford era una excepción especial a su regla habitual de no ser conscientes de que existían otros hombres.
Por supuesto, su tenso estado se trasladó al bebé que tenía en brazos, porque justo entonces Jackie se despertó de golpe, vio unos ojos que no eran los de su madre y su carita se arrugó en un puchero previo al primer sollozo.
—Oh-oh —dijo Sophie, poniéndose rápidamente de pie y colocando a la pequeña sobre su cadera—, parece que alguien tiene hambre. Lo que quiere decir que su hermano probablemente esté a punto de causarles problemas también a los chicos. Enseguida vuelvo.
Sin su paquetito de felicidad en su regazo, Mia se sintió como desnuda delante de su familia, con todas sus estúpidas emociones al descubierto. Que era el último lugar en el que las quería tener.
Lori se volvió hacia Brooke, que se acercaba al grupo.
—Tú eres fan de Ford Vincent, ¿verdad?
Brooke puso cara de enfado al instante.
—No. Le odio.
Todas se quedaron ojipláticas y Mia se dio cuenta de que necesitaba hacer un control de daños mayúsculo, y deprisa.
—Lo que Brooke quiere decir es que odia lo bueno que está cuando se supone que ella ahora solo puede estar pensando en mi hermano.
Brooke le lanzó una mirada confusa antes de caer de repente en la cuenta de que casi se había chivado de algo delante del grupo.
—Va a venir este fin de semana, a la boda —le dijo Mia a Brooke.
Intentó mantener el tono amargo apartado de su voz, con todas sus fuerzas, pero cuando Brooke la cogió por el brazo y le preguntó:
—¿Podrías entrar conmigo y ayudarme un momento con el vestido? Me pasa algo raro con la cremallera —Mia supo que no lo había conseguido.
No cabía duda de que todo el mundo se estaba preguntando qué era lo que pasaba con ellas dos, pero tanto Mia como Brooke siguieron actuando como si no ocurriese nada hasta que estuvieron dentro de la casa y detrás de la puerta cerrada de la oficina de Marcus.
—¿Cómo se le ocurre meterse en la boda de Nicola de esta manera?
Me da igual que le hayan invitado. Debería ser lo bastante listo para no arruinarte el fin de semana.
—Brooke, que era una de las almas más dulces y amables que Mia había conocido en su vida, parecía como una generala preparándose para ir a la guerra—.
Sencillamente, no puedo esperar a hacer pedazos a ese hombre, y luego echarle encima a todos tus hermanos y primos.
—No, por favor, no hagas eso. Si alguien averigua lo que ocurrió entre nosotros, se convertirá en una cosa enorme. Y nunca me lo perdonaré a mí misma si arruinara la boda de Marcus y Nicola.
Pero Brooke tenía razón. Presentarse en la casa a la venta era una cosa, pero asistir a una boda familiar era otra completamente diferente.
—Ya estoy harta de sus sorpresitas. En cuanto Ford llegue aquí, él y yo vamos a mantener una discusión racional y adulta sobre ciertas cosas en privado.
Y en cuanto acabemos, maldita sea, pienso asegurarme de que entienda que todo lo que hubo entre nosotros en el pasado se ha quedado firme y totalmente en el pasado.