Capítulo 4 #2
—Porque por fin he descubierto que hay algunas cosas más importantes que estar en la carretera. —Su mirada se intensificó cuando volvió la vista del agua para mirarla a los ojos—. Mucho más importantes. Así que cuando la semana que viene termine esta gira, se acabó.
Manteniendo un tono escrupulosamente profesional a pesar de la gran sorpresa que le causaba la idea de que Ford dejase esas giras que eran claramente como la sangre de sus venas, le preguntó:
—¿Y cuánta gente residirá aquí de forma permanente?
—Solo yo, al principio. Aunque espero que no siga siendo así demasiado tiempo.
Lo más probable, decidió ella de repente, era que todo este asunto de la compra de la casa hubiese surgido porque él tenía una hermosísima e irritantemente insípida novia, que se moriría por jugar a las casitas con él y redecorarlo todo hasta el último milímetro de rodapiés del cuarto de la lavadora.
Aunque la casa y los acabados con los que venía fuesen perfectos tal y como estaban.
Pero ¿qué clase de mujer declararía que Ford le importaba y luego le pediría que dejase todo lo que le importaba por ella?
Mia se dijo que eso no era de su incumbencia, y que debería traerle al pairo lo que él hiciese con el resto de su vida y deliberadamente dejo de hacerle más preguntas sobre su vida privada mientras recorrían el resto de las estancias de la planta baja.
En vez de eso, le señaló las muchas características de esa casa bellamente construida.
Y durante todo el tiempo, hizo lo que pudo por ignorar la forma en que Ford siempre parecía quedarse un poco demasiado arrimado a ella, o peor aún, rozarse contra ella cada vez que quería echarle un vistazo más de cerca a algo.
Por fin, alcanzaron el dormitorio principal y las comisuras de los labios de Ford se curvaron hacia arriba cuando se acercó a la enorme cama. Pasó la mano por la mullida cubierta y dijo:
—Un dormitorio agradable, ¿verdad?
Profesional. Tenía que seguir siendo profesional aunque él estuviese intentando pulsar cada una de sus teclas a posta. Mia era lo bastante consciente de sí misma para saber que con su temperamento apasionado, tenía unas cuantas de esas…
—Sí —asintió—, el arquitecto hizo un trabajo fabuloso dándoles a Alana y su marido unas grandes vistas al lago mientras mantenía el aire extremadamente privado de la estancia, tanto con respecto al resto de la casa como de los terrenos de fuera.
Por supuesto, Ford tuvo que tumbarse en la cama, apoyar la cabeza en la almohada con las manos cruzadas por detrás y ponerse cómodo como si ya hubiese comprado ese sitio.
—Tienes razón, las vistas son igual de buenas hasta estando tumbado. —Volvió su mirada oscura de las vistas del agua hacia ella—. ¿No sabrás por algún casual lo bien insonorizada que está esta habitación?
Ella ya se esperaba que él le atacase con algo descaradamente sexual en el dormitorio, así que a pesar del hecho de que su cuerpo respondió al instante a la implicación de sexo desenfrenado y ruidoso, fue capaz de hablar como si nada al contestarle:
—Probablemente tendrías que insonorizarla un poco más para tocar tu guitarra eléctrica aquí si no quieres que el sonido se extienda por toda la casa.
—O sea lo que sea que él fuese a hacer en realidad aquí con esa hermosa novia descerebrada a la que Mia no podía evitar odiar.
Señaló hacia el baño—. Hay un gran baño doble y dos amplios vestidores.
Si quieres echarles un vistazo, después podremos ir a ver el piso de arriba.
Ford deslizó sus largas piernas por el borde de la cama, se acercó para asomar la cabeza en el baño y los vestidores y dijo:
—No está mal
Pero ella apenas pudo evitar sentir que él estaba apenas conteniéndose para comportarse… O que su escenita de probar la cama ni se acercaba apenas a lo lejos que pensaba llegar para intentar buscarle las cosquillas.
Extremadamente contenta por salir del dormitorio principal, ella le guio escaleras arriba hasta el segundo piso y cuando alcanzaron el descansillo, le dijo:
—Aparte del principal de la planta baja, hay otros tres dormitorios aquí arriba.
—Solo tres, ¿eh? —Él entró en uno de los dormitorios más pequeños y cogió un trofeo de fútbol que el decorador había puesto en un escritorio de niño—. Bueno, supongo que los niños podrán compartir dormitorio.
—¿Niños? ¿Compartir dormitorio? —Ella sacudió la cabeza, preguntándose cómo demonios podría tener él niños de los que ella no sabía nada.
Porque daba igual lo mucho que ella hubiese querido mantener la cabeza enterrada en la arena cada vez que su nombre salía en la tele, en la radio o en las revistas a lo largo de los años: había sido simplemente imposible.
Él era demasiado famoso—. ¿Los niños de quién van a vivir aquí?
—Espero que los míos, algún día. En tu familia eráis cinco, ¿verdad?
Todavía recuperándose de la información totalmente nueva de que él estaba claramente planeando tener una gran familia, ella apenas consiguió hacer más que asentir. Y cuando él preguntó:
—¿No me dijiste que uno de tus tíos tenía seis enanos?
Ella le corrigió de inmediato diciendo:
—Ocho.
—Guau, ocho críos. —Él sonrió ante esa idea—. Debió de ser una casa bastante divertida para ellos, todos esos chavales creciendo juntos.
—Lo era —asintió ella, antes de darse cuenta de la extraña dirección que había tomado su conversación.
—Tu tío y tu tía debían de estar realmente el uno por el otro, dados todos los enanos que no pudieron evitar fabricar.
—Mi tío falleció cuando yo era pequeña pero por lo que mi madre y mi padre cuentan sobre el tío Jack y la tía Mary, estaban locamente enamorados.
—Locamente enamorados —dijo él con una voz grave que envió una oleada de calidez por todo su cuerpo, de la cabeza a los pies—. Sé exactamente lo que se siente.
Un momento… ¿Qué estaba haciendo ella contándole todas esas cosas personales? ¿Y por qué narices había sido lo bastante estúpida siquiera para sacar lo del amor en su presencia, cuando él era la última persona de la Tierra capaz de entender lo que era el amor de verdad?
—Vayamos hacia la zona exterior. —Sería bueno salir de la casa. Porque por grande que esta fuese, estar en la misma habitación que Ford había resultado ser demasiado cerca.
Saliendo directamente por detrás había una increíble rosaleda.
Entre el torreón, las rosas y las vistas al agua, esta finca siempre parecía estar rozando el cielo.
Aunque estuviese haciendo una visita, ella no pudo resistirse a parar y oler las rosas.
Pero lo último que se esperaba es que Ford hiciese exactamente lo mismo.
—Solo he visto esta rosa, la Luna de octubre , en un puñado de sitios aparte de Seattle. —Inhaló su dulce aroma y luego dijo—: Es tu favorita, ¿verdad?
Durante la semana que habían pasado juntos, no habían salido mucho de su lujosa suite de hotel, en particular de la cama gigante, pero en una de sus pocas salidas espontáneas, él le había pedido que le llevase a su lugar favorito de Seattle.
Ella le había llevado al Jardín de Rosas del Parque del Zoo de Woodland, y juntos habían olido todas las rosas del jardín.
Para cuando regresaron al hotel, hambrientos por el otro de nuevo después de solo dos horas de no estar el uno en brazos del otro, ella descubrió que cuando Ford se había apartado un momento en el jardín para hacer una llamada rápida de teléfono, no había sido para hablar de negocios.
Había pedido que les llevaran unos cubos de rosas a su cuarto del hotel mientras estaban fuera.
Hasta altas horas de la noche, él había estado acariciando su piel con los suaves pétalos hasta que la tuvo suplicándole que fuesen más que pétalos lo que la tocaran.
Con esos recuerdos tan potentes llegándole en oleadas, ella no fue capaz de mentir, no pudo hacer otra cosa excepto asentir.
Todos esos años, Mia se había obligado a enterrar los buenos recuerdos de estar con Ford.
Pero con el aroma de su rosa favorita perfumando el aire, era casi imposible apartar las embriagadoras imágenes de los dos riendo y amando juntos.
Él la había hecho salirse del guion apareciendo sin ser anunciado como su cliente anónimo.
Pero lo que de verdad la estaba haciendo perder el equilibrio era la dulzura de esos recuerdos.
Deseando terriblemente que las cosas se alejaran de su pasado y de vuelta a la casa, mientras se dirigían al patio de la piscina, le preguntó:
—¿Qué te parece por ahora la casa?
—¿Qué te parece a ti ?
Diciéndose que era una pregunta extraña para devolvérsela a ella, a menudo los clientes querían saber si ella pensaba que la casa era una buena inversión antes de comprometerse, ella dijo:
—Está bien diseñada, bien construida y en una ubicación excepcional. Y aunque el torreón sea algo único, logra añadir valor a la propiedad en lugar de ser algo que echaría para atrás a unos futuros compradores.
—¿Pero puedes ver a una familia viviendo aquí?
Mia nunca había hecho nada que no fuese lo mejor por un cliente, así que se obligó a dejar de lado sus sentimientos personales hacia Ford y a mirar la casa desde el punto de vista de una mujer con un marido e hijos.
—Sí —le dijo mientras rodeaban la piscina—.
Puedo ver lo divertido que sería para los niños corretear y jugar por la hierba, y utilizar el torreón como una casita de juegos secreta.
Y aunque la finca sea grande, creo que tiene el tamaño perfecto para que un papá o mamá pueda controlar que nadie se haga daño ni se esté pasando demasiado con sus hermanos o hermanas.
—Bien. No querría un sitio donde la gente sintiera que tenía que preocuparse por romper cosas ni que precisase de una plantilla de empleados para poder llevarla.
Por fin, ella sintió que estaba consiguiendo saber algo sobre el Ford de verdad. Demasiado tarde, sí, pero todavía interesante, a pesar de sí misma.