Los Sullivan de Seattle (Libros 4-6) Epílogo
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Epílogo

EPÍLOGO

Dos semanas después ...

A dam Sullivan levantó su copa de champán para brindar por los votos nupciales que Dylan y Grace acababan de intercambiar.

Estaban en el taller de Dylan... Ahora vacío, mientras se preparaba para empezar con su nuevo encargo, un velero de once metros y medio de eslora, y el sol brillaba sobre ellos por los paneles abiertos del techo.

Cuando Adam diseñó el taller para su hermano, jamás había visualizado que el espacio se emplease para celebrar una boda, pero había funcionado genial, con sitio más que suficiente para que su familia y sus amigos íntimos fuesen testigos de sus votos y disfrutasen de una pequeña fiesta después.

Dylan y Grace sostenían a Mason entre los dos y los tres sonreían para Mia, que estaba haciendo las fotos como sus fotógrafa de bodas no oficial.

Un ratito después, cuando llegó el momento de que todos se despidieran de ellos tres, que salían rumbo a su luna de miel navegando hasta el Cabo San Lucas de México, Adam, y todos los demás, se sorprendieron de ver el velero nuevo amarrado al muelle justo al lado del taller.

Adam supo que pasaba algo antes incluso de que su hermano dijera:

—Ha sido un día perfecto para casarme con el amor de mi vida delante de las personas que más significan para nosotros. —Dylan se detuvo para besar a Grace y a Mason, a los que estaba abrazando—. Y también es el día perfecto para regalaros este barco a todos.

Mia le lanzó a Adam una mirada de incredulidad antes de volverse a Dylan.

—¿Estás diciendo que has construido este barco alucinante para nosotros ?

Dylan no pudo hacer nada más que sonreír y asentir antes de que Mia se lanzase a sus brazos.

Segundos después, Brooke, Tatiana y su madre estaban allí...

Con todos los hombres de la familia uniéndose pronto al gran abrazo de grupo de los Sullivan.

El pequeño Mason estaba en su salsa, vitoreando junto a la familia que tan alegremente le había adoptado desde aquella primera cena de viernes noche.

Todos estaban en el séptimo cielo y Adam se sentía extremadamente feliz por todos ellos. Solo Dylan construiría un barco increíble como este para dárselo a su familia. Eran muy afortunados. Adam siempre había apreciado eso.

Lo único que no le encantaba justo en ese momento era ser el último Sullivan soltero de Seattle, porque si sabía algo sobre su familia, y normalmente podía leerlos a todos igual que si fuesen un libro abierto, no iban a descansar hasta que le viesen a él felizmente emparejado también.

Después de que todos se hubiesen tomado su tiempo para admirar su nuevo velero, Rafe interceptó a Adam cuando volvía hacia el taller de barcos para flirtear con una mujer bonita con una minifalda negra que estaba sirviendo el champán y los canapés.

—Pero qué perro eres —dijo Rafe—. ¿Lo sabes, verdad?

Adam soltó un ladrido, haciendo reír a Rafe.

—¿Cómo tienes la agenda para el miércoles por la tarde? —Preguntó Rafe.

—La puedo dejar despejada si necesitas que lo haga. —Eso era fácil para Adam. La familia siempre era lo primero—. ¿Qué pasa?

—Brooke tiene que estar en el lago para hacer unas entregas extra de trufas y yo tengo un gran caso que acabar de cerrar y tengo que irme a Portland, pero tenemos una cita que no podemos retrasar más.

—¿Con quién teníais que quedar?

—Con la planificadora de bodas. Y no culpes a Brooke por esta petición —dijo Rafe, levantando la mano para evitar que Adam se negase—.

Cuando resultó que todos los demás tenían ese día ocupado, me dijo que no te lo pidiera y que ya pensaría en algo.

Pero yo sabía lo triste que se iba a quedar si fastidiábamos las cosas con la planificadora de bodas cancelando otra vez la cita porque últimamente no hemos sido capaces de coordinar nuestras agendas.

Rafe sabía bien como liarle. Adam no podía decir que no porque tampoco quería hacer nada que pudiese hacerle daño a Brooke.

—Vale, quedaré con la planificadora de bodas.

—Gracias —le dijo Rafe con una sonrisa—. Me has salvado la vida.

Pero algo en la sonrisa de Rafe parecía un poco demasiado encantado. Claramente, pensó Adam, el rollo Celestina de su familia había empezado.