Epílogo #2
“Mi padre mató al suyo”. Si realmente siempre supo quien era yo, en este preciso momento, empiezo a comprender muchas cosas de su actitud. Todo entre nosotros acababa de cambiar. El dolor me arde en el pecho y soy incapaz de mirarlo.
—Pero yo ahora era reina y no podía abandonar el trono de Niebla.
Thoriam me hizo creer que volvería a por mí, así que esperé.
Hasta que llegó la noche de tu nacimiento.
Fue algo difícil, pero al final, llegaste a este mundo sana y salva.
Desde que te vi supe que serías especial…
Una preciosa niña de rizos cobrizos y ojos verde aguamarina.
—Su mente parece haberse perdido en los recuerdos y una sonrisa cálida se vislumbra en su rostro —.
Aún recuerdo tu olor y la calidez de tu cuerpecito en mis brazos. Llevo toda mi vida soñando con ello.
Sus dedos rozan mi mejilla calentándola. Una lágrima cae de mi ojo y ella la para en seco.
—Tu padre llegó, te arrebató de mis brazos…
—Su mirada se ensombrece —. Acababa de dar a luz, estaba dolorida, aunque mi cuerpo se recuperaba rápido.
Había estado al borde de la muerte. Esta vez el proceso de curación fue más lento, me sentía débil, pero intenté luchar por tí…
—Sus lágrimas ruedan por su rostro de forma agresiva y la desesperación del recuerdo la envuelve.
Se me encoge el corazón al ver tanto dolor en su historia. Al tener al fin la verdad sobre mi origen, las respuestas a las preguntas que durante años me había formulado. Ella no me abandonó, simplemente me perdió.
—Me confesó que había matado a su padre mientras dormía…
Ahora él era el rey. —Trago saliva, cegada por la maldad de mi padre —.
Necesitaba una heredera. Grité, sabía que eso era un delito, un pecado prohibido, una ofensa hacia los dioses…
No me quiso escuchar, había cincuenta por ciento de posibilidades de que la jugada le saliera bien.
Si tu don era otorgado por el dios de Armaria, nadie sospecharía de lo que habíamos hecho.
Nadie sabría nunca de nuestro imperdonable pecado.
Años de exigencias y preparación para el don, el que él quería que tuviera, “maestra de dragones”. Todo tenía un porqué. Él quería, necesitaba, que mi don fuera de Armaria, que su pecado no quedara al descubierto.
—Pero no se salió con la suya —digo.
—Eres vidente —responde ella.
—¿Cómo lo sabes? —No dice nada más.
Axel se mantiene en silencio a nuestro lado. No pierde detalle de la conversación.
—Te juro que si en el momento que se te llevó, hubiera tenido mis poderes a punto, lo habría hecho arder a llama viva.
—Sus lágrimas siguen inundándole las mejillas, pero se secan al instante al contacto con su piel ardiente.
Ahora es rabia lo que le llena la mirada —.
Cuando supe que te había quitado la vida…
Jamás pensé que llegaría tan lejos. —Baja la cabeza triste y yo la rodeo con mis brazos, aspirando el aroma que jamás pensé que olería.
—Pensé que habías muerto —le digo.
—¿Eso te dijo él? —Asiento con pena —. Elara, te juro que habría ido a buscarte.
Tuve dieciocho años para hacerlo y te aseguro que me arrepiento cada día de haber sido tan cobarde.
.. Todo esto podría haber desencadenado en una guerra y no sé que otras consecuencias terribles si los dioses lo hubiesen descubierto todo.
—Ahora estoy aquí. —La miro a los ojos, ignorando por completo que Axel sigue a nuestro lado, en la misma sala. Ambas reparamos en él al mismo tiempo.
—Crié a Axel durante los años siguientes —dice secándose las lágrimas —, me volqué en él. Intenté darle lo mejor de mí.
—Jamás has sido, ni serás mi madre —responde Axel con el rencor que le carga la voz.
—Su odio siempre le ha cegado, nunca me quiso. Siempre me culpó por la muerte de su padre y sé que en el fondo tiene razón. —Ahora, lo mira a él —. Nunca te lo he dicho pero… Lo siento.
—Si no te hubieras acostado con otro, mi padre aún seguiría aquí. —El odio le quema la garganta, es evidente.
—Si no me hubiera acostado con otro, Elara tampoco estaría aquí. —Su respuesta atraviesa la sala —. Creo que también tenéis cosas que explicarme vosotros dos. —Nos mira a ambos ahora.
Es evidente que ha sido testigo de nuestro beso, de nuestra cercanía. Axel y yo cruzamos una mirada fugaz.
Me duele demasiado lo que veo en sus ojos, pero las revelaciones que se suceden son tan abrumadoras que soy incapaz de hacer ni decir nada.
Lo siento, como nuestra historia, nuestro destino, siempre ha estado entrelazado.
Entretejido como un hilo invisible. Peor, empañado de dolor, de sombra y de muerte.
Axel retira la mirada en el momento que el rubor acude a sus mejillas.
—Dejemos los reproches para otro momento —digo —Axel, ¿Cómo acabaste en la Tierra? —Eyndra posa su mirada en mí, alarmada por lo que acabo de decir.
—¿Habéis estado en la Tierra? —Yo asiento —. Pero si ahí ya no queda… Nada… —La voz de mi madre se quiebra por unos instantes.
—Seis largos años, sí… Y mirá por dónde ¡Aquí estoy! —dice Axel con tono sarcástico.
—Axel desapareció una noche —dice Eyndra reconduciendo el relato, mientras lo mira fijamente. Su voz suena ahora extremadamente serena. —Movilicé a todo el mundo para encontrarlo, mis ejércitos… Aquí y en otros reinos, no había rastro de él.
—¿Cómo acabaste allí, Axel? —pregunto de nuevo.
—Es una larga historia —dice él poniéndose de pie de golpe.
Comienza a caminar por la estancia, el suelo de mármol retumba a su paso.
—Lo importante es que he vuelto y voy a recuperar el trono —dice dirigiéndose a mi madre con una mirada desafiante.
—Me temo que eso no es posible. —Esta se pone en pie también —. Aún soy la Reina de Niebla y además… Ahora, está ella… Elara. —Sus palabras hacen que la estancia se vuelva enormemente fría. Más que antes . —El trono está entre vosotros dos.
Los ojos de Axel se oscurecen de ira. Me mira, pero en su rostro solo puedo ver el deseo golpeteando por salir al exterior, extenuado por el miedo y el dolor, el rencor…
Yo y Axel enfrentados por un trono “¿Es eso lo que quiero?” Es mi destino, Myrgala me lo había dicho…
La sacerdotisa, en aquel santuario, me había pedido que eligiera, que eligiera luchar.
Salvar nuestros reinos. Se me hiela la sangre al comprender que cada uno de mis pasos, de mis decisiones me han llevado hasta aquí.
A cumplir mi destino. Debo ocupar el trono de Niebla “¿Pero a qué precio?”
Cuando nuestras miradas se encuentran de nuevo, siento como el abismo crece entre nosotros.
Ya no parece existir ese deseo, nuestra olvidada complicidad.
El peso del dolor y la muerte es más fuerte.
Las mentiras, los secretos, nos dan alcance como una sombra cerniéndose sobre el recuerdo de nosotros, de lo que fuimos.
La piel me arde bajo su mirada, juzgándome por un destino que yo no he elegido.
Aparto los ojos antes de que pueda ver mi duda en ellos.
Se mueve con una calma calculada y con dos amplias zancadas se pone frente a mí. Sus ojos son ahora dos pozos oscuros repletos de ira.
—Entonces, que comience la guerra. —Su vozse me clava en la piel, desgarrándome.
Anunciando que ya nada volverá a ser igual entre nosotros. Todo es distinto ahora y el futuro incierto nos aguarda.
CONTINUARÁ …