Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1) Prólogo
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Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1)

Los Siete Reinos de Paz y Gloria (Los Siete Reinos de Paz y Gloria 1)

Por Patricia León

© inepub.com

Prólogo

Hace cientos de años la Tierra era un lugar oscuro y sombrío.

Desbordada por la escasez de recursos y sustento, la población se vió abocada hacia el escenario más desolador: la más absoluta extinción.

Las guerras, el hambre, las penurias y las pandemias mundiales, conducían a nuestro planeta al más catastrófico de los finales.

Sin embargo, los dioses ancestrales, quienes habían permanecido dormidos durante largos años, despertaron.

Quisieron otorgar a los seres humanos una segunda oportunidad.

Pero tenían dudas. No debían arriesgarse, tomando una decisión apresurada que conllevara medidas desesperadas.

Es bien sabido, que el ser humano está destinado a destruir todo cuanto posee.

La sed de poder y pertenencia es, sin duda alguna, la gran debilidad de nuestra raza.

Por ello, los dioses decidieron llevar a cabo una selección.

Los mejores hombres y mujeres, aquellos capaces de prosperar en esta nueva vida, dejando atrás todo lo que un día les hizo fracasar.

Se crearía así una nueva civilización, formada por hombres y mujeres de un corazón puro, de excelentes habilidades físicas, técnicas y mentales; cuya inteligencia y superioridad moral, ayudarían a reestructurar la paz y el nuevo orden mundial.

El resto, los considerados por los dioses como “escoria de la humanidad”, quedarían relegados a esa Tierra postapocalíptica hasta su completa extinción.

Personas de moralidad gris, cuestionable, ladrones y malhechores, asesinos…

Pero también enfermos degenerativos, personas con discapacidades o enfermedades hereditarias, transmitidas durante generaciones.

Este nuevo mundo, no podía tener ningún error.

Cualquier rasgo, por más insignificante que fuera, dejado al azar, podía suponer el fin. Ahora sí, para siempre.

Fue entonces, tras completarse la criba, cuando los dioses crearon un nuevo mundo en los cielos. Alzado sobre las nubes, se conformaron siete reinos. Reinos custodiados, cada uno de ellos, por los siete dioses principales. Los hicieron llamar: Los Sietes Reinos de Paz y Gloria.

Empezando por Andrómeda, el reino primigenio, creado por el Dios de Dioses, cuya máxima cualidad es la rica abundancia en su posesión. Custodiado por ángeles bellos y hermosos seres alados.

Seguido de Tecnara, el reino creado por el dios Ferion, el arquitecto de la luz.

Un reino dotado de la tecnología y las ciencias más avanzadas.

Dónde confluyen las grandes mentes de la humanidad y los más novedosos inventos.

A años luz de sus reinos vecinos, dónde la inteligencia artificial convive con el ser humano en perfecta sincronización y armonía.

Atlantea, es el tercer reino, aquel creado por la diosa Poseidonis, la guardiana de las corrientes celestiales. Este reino juega un papel crucial en el comercio entre reinos, ya que poseen barcos y naves, siendo los mejor capacitados para surcar los cielos.

Armaria, el reino protector del orden y de la paz, encabezado por su creador, el dios Forjador, el dios de la guerra.

Armaria es el reino que salvaguarda la paz y la gloria de nuestro orden establecido, un reino sin el que el resto estarían en peligro.

De aquí salen los mejores luchadores y guerreros, para velar por la integridad de los Siete Reinos.

El quinto reino, corresponde a la Diosa Amonia, la guardiana del corazón.

Esta diosa creó el reino de Cuora, cuyo cometido es custodiar el amor como el sentimiento más puro y leal de nuestro mundo.

Entretejiendo y preservando las conexiones puras entre las almas.

El amor, como la guerra, es lo único capaz de destruirlo todo.

Por ello, en Cuora, se trabaja para cuidar y generar vínculos puros y genuinos entre los humanos.

Oasis es el penúltimo de nuestros reinos, una tierra desértica, cuya fisonomía cubierta por dunas de arena y bañada por los rayos del sol, no debe llevar a engaño.

Oasis es el paraíso de los Siete Reinos, regido por la paz y la armonía.

En él, nuestro dios Zaroth, custodia y protege la magia oscura, evitando así su propagación.

Por último, el dios Erebos, dios de la muerte y creador de la Niebla, creó el reino de este mismo nombre: Niebla, donde se custodia y preserva la muerte de los habitantes de nuestro mundo.

Cuya función crucial, evita la corrupción del orden mundial.

Sus sombrías y oscuras calles están inundadas de humanos mentalmente superiores y criaturas inimaginables.

Basando su régimen en el miedo, protegen aquello que es incluso más importante que la vida: el secreto de la muerte.

Así mismo, custodian el Árbol Sagrado, la conexión vital entre los reinos, la cual funciona como el torrente sanguíneo en un cuerpo humano.

Tras la creación de los reinos, los dioses dotaron a los humanos de sus respectivos reinos con nuevas cualidades mágicas y poderosas, así como de nuevas responsabilidades dentro de este nuevo orden.

Buscaban conducir al buen funcionamiento del nuevo mundo.

De esta forma, estas nuevas criaturas semihumanas cumplirían con un nuevo rol, estando siempre en deuda con los dioses por su bondad y consideración, al otorgarles esta segunda oportunidad.

Convirtiéndose en esclavos de los dioses para toda la eternidad.

Pero no todo serían bendiciones, este nuevo mundo se levanta sobre pilares estrictos y se compone de fuertes y arraigadas normas preestablecidas, imposibles de romper.

Convirtiendo a los dioses en jueces y los únicos capacitados para la toma de decisiones.

Asegurando la unidad, la paz y prosperidad de este nuevo mundo celestial, en el que todos son iguales y todos deben culto a su dios.

Los dioses eligieron en cada reino un rey o reina cuyo linaje asegurase la paz y el control de estos lugares, siendo los descendiente directos de los mismísimos dioses en cada reino.

En los cuales delegaron determinadas funciones, para gestionar los reinos.

Pero, como ya he comentado, no solo los reyes contaban con habilidades especiales.

En cada dieciocho cumpleaños, cada habitante de cada reino recibe su don.

Un don que cambiará y condicionará su vida para siempre, convirtiéndolos en súbditos de pleno derecho de su reino.

Estos dones son adjudicados por el dios de cada reino de forma meticulosa, teniendo en cuenta el estatus social, así como el linaje familiar de cada individuo, siendo más poderosos cuanto mayor rango social se tenga en vida.

Para que nuestro mundo no se vea corrompido ni en peligro, los dioses establecieron una regla fundamental: la prohibición absoluta y expresa, de casarse o engendrar descendencia entre habitantes de diferentes reinos.

Prohibiendo, en otras palabras, el mestizaje, ya que esto crearía superhombres y supermujeres con más de un poder o don y cuyo control se escaparía al de los dioses.

La Tierra por su parte, quedó absolutamente desamparada y los dioses condenaron a los humanos con el mayor de los castigos: la ignorancia.

Dejándolos abandonados a su suerte y borrando de la memoria de sus habitantes lo acontecido el Día Glorioso, día en el que se llevó a cabo la criba y los ascendidos se ubicaron en los nuevos reinos.

Así, los simples mortales nunca sabrían de la existencia del mundo celestial, protegiendo sobre todas las cosas a esta nueva civilización.

En la Tierra se crearon ciudades robóticas, con desechos tecnológicos y residuos que ellos mismos habían generado.

Con ello, crearon una especie de ciudades errantes, constituidas por edificios enteros y un microorden dentro del reinante caos.

Estas ciudades les permitían a los humanos vivir una vida nómada, sin establecerse en ningún lugar, protegiéndose de sus enemigos gracias al escapismo y la confusión.

Aprovechando los pocos recursos que la Tierra contenía, de un lado para otro, sin descanso y para siempre.

Nuestro mundo estaba ahora en paz, reinaba la compasión, la lealtad y los hombres y mujeres vivían esta nueva vida adaptándose a sus normas, sin cuestionar ni por un segundo las decisiones de sus dioses. Nunca, hasta el día de hoy…