Capítulo 58
Eran las cuatro de la tarde y Reed estaba a cargo de los auriculares cuando me hizo un gesto urgente con la mano.
Dante estaba hablando con Willard Bryant en la escalera.
—Pensaba que te habías olvidado por completo de mí —dijo ella.
Él se rio.
—No te he olvidado en absoluto. De hecho, he estado pensando mucho en ti.
—¿Oh, sí? ¿Pensamientos buenos? ¿Malos? —preguntó Dante en voz baja—. ¿O más bien, muy malos ?
—Eres lo más, ¿eh? Mira, ahora no puedo hablar. ¿Qué vas a hacer más tarde?
—He terminado por hoy, si vale la pena.
—Eh. ¿Sigues dispuesta a conocer al señor Forsythe?
—Por supuesto. ¿A qué tipo de reunión te refieres?
—¿Te gusta la fiesta, nena? ¿Quieres caerle bien al hombre? ¿De verdad?
— Ese tipo de fiesta. —Su risa era entrecortada, seductora.
—Exacto.
—Sí. —Lo alargó.
—Ahora no pareces tan segura. —Él se burló de ella—. Te estás echando atrás, ¿eh? Ya sabes, no pasa nada, no estás preparada para lo grande, chica, no estás preparada.
—No. No es eso
—¿Entonces qué?
—Mira, no voy a acabar como esa zorra estúpida que se lució en StarBright.
Tienes que avisarme primero. Dime qué hizo mal.
Qué tengo que hacer. Tú conoces esto desde dentro, ¿no?
Es mi gran oportunidad. No puedo cometer errores.
Entraré, pero lo haré con los ojos bien abiertos. Lo entiendes, ¿verdad?
Hubo silencio durante unos instantes. ¿Se había pasado de la raya?
—Claro, lo entiendo —dijo él, con la voz difusa y enmascarada por los ruidos de fondo. Gruñó, y se oyó un grito ahogado de Dante—. Te diré la verdad, te diré lo que le gusta al hombre, lo que necesita. Iremos despacio.
Me sentí mal al imaginar lo que le estaba haciendo, con las piernas tensas para moverme, pero todo terminó tan rápido como había empezado.
—Genial —dijo él, con la voz más ronca—. Me vas a deber una. Esto es algo gordo lo que estoy haciendo por ti.
—Sí. Me metes ahí, me dices lo que necesito y tú... —Se rio de nuevo. Era una risa más aguda y me sonó forzada, pero su voz seguía firme—. Tendrás lo que quieras.
—Acabas de firmar un cheque, nena. Vale. Tengo un trabajo más que hacer. Una hora.
—¿Y luego?
—Bueno, aquí no puedo hablar. —Su voz empezó a rebosar confianza—. Tampoco sé si querría cobrar un cheque aquí. Saldremos, iremos a un bar. O algo así.
—¿Conoces algún bar donde se pueda cobrar un cheque? ¡Qué guay!
Se rió.
—Ya verás.
—Te escucharé, ¿no? Y luego ya veremos.
—Te diré lo que necesitas saber. Luego te enseñaré lo que tienes que hacer.
—Trato hecho.
—¿La salida de la parte trasera del edificio? ¿Por la que salen las chicas cuando no quieren que les hagan fotos? En una hora estás allí.
—Suena genial.
—Lo será.
—Perfecto —dijo Dante—. Hasta luego.
Hubo un segundo de silencio y luego pude oírle subir corriendo unas escaleras.
—¡No! —Se me escapó—. Ni de coña se va a ir a ningún sitio con ese tío.
—Tranquila —dijo Reed.
— No voy a calmarme. Tienes a una civil en una operación encubierta de la policía, en una situación que la supera por completo. No tienes recursos para este tipo de operación. Cancélala ahora mismo. Llámala, o lo haré yo.
Saqué mi móvil.
Reed me detuvo y me enseñó la pantalla de su móvil.
Dante le había enviado un mensaje a Reed mientras subía las escaleras. Gran noche. Vale. No hay problema. Nos vemos luego.
El código acordado para decir que quería seguir adelante.
—No —repetí—. ¿En qué demonios estás pensando? ¿Los seguimos en una gran furgoneta blanca?
—Conseguiré un coche camuflado.
—No puedes seguirles con un único coche. —No lo entendía—. ¿Qué harías si fuera tu hija?
Ignoró eso.
—Podemos...
—¡Chicos! —El otro detective dio un golpe con la mano sobre la mesa—. Os pueden oír desde la calle. Si seguís así, os oirán hasta dentro del estudio.
—Sabes, ya hemos hecho este tipo de cosas antes, en la policía —dijo Reed, hablando con los dientes apretados, pero bajando la voz—. Conseguiré un par de coches más.
—Sigue sin poder hacerse —dije—. Este tipo puede que sea un matón, pero es el chófer de Forsythe. Sabrá cómo tomar precauciones. Se necesitan como mínimo seis coches para seguirlo eficazmente sin que se dé cuenta.
—Hacemos seguimientos todo el tiempo. Y tenemos un rastreador puesto en él.
—Para lo cual se necesita una furgoneta grande que lo reciba. Una que destaque como una valla publicitaria andante.
—Puede que esta sea la única forma de recuperar a Tamanny Harper, y es una operación policial, Farrell. Yo la dirijo. Tú estás aquí como observadora.
Ya había tenido suficiente. Salí de la furgoneta y le llamé.
—Dante, esto es demasiado peligroso —le dije—. Voy a ir yo.
—¡No! —dijo ella—. No, por favor. ¿Por favor? Escúchame.
Me detuve con esfuerzo.
—Vale. Te escucho.
Tuve que tragarme el miedo que sentía por ella, junto con mi frustración. Ella formaba parte de mi Casa. Le debía el derecho a exponer su caso.
—Tengo que hacerlo.
—No estoy de acuerdo, pero explícame.
—Tú no lo ves como… —Se detuvo y lo intentó de nuevo—.
Tu Casa. Todos tienen un papel. Una habilidad.
Yo sólo soy la chica estúpida que escuchaba a escondidas detrás de la puerta.
La que pensaba que todo eran fiestas geniales y orgías.
No es así. Es real y no es justo, y a veces hay cosas que hay que hacer.
Y a veces tienen que ser hechas por alguien que no tiene todas las habilidades que debería tener.
—Sí, habilidades que hay que enseñar, y que se enseñarán. Es imposible que alguien de mi Casa te esté diciendo que tienes que hacer esto.
—Nadie excepto yo —dijo ella.
—Pero...
—Es algo que puedo hacer. No es sólo por ti, por Tamanny y por todas las demás chicas. También es por mí.
—No es sólo una situación peligrosa. Está el hombre en sí mismo: él es peligroso.
—Es tan peligroso como la mitad de la población cuando piensan con las pelotas.
—No es una pose que adopta para parecer atrevido, por el amor de Dios —dije—. Es violento.
Su voz pareció apagarse al otro lado de la línea.
—Lo sé.
—Entonces, ¿por qué…?
—Porque es lo que hago por Dominé —dijo ella—. Es mi habilidad. Es lo que sé hacer. Soy una de las válvulas de seguridad del club. Puedo manejarlo. Estoy acostumbrada.
Esta era la cruda y dura realidad del mundo en el que vivían Dominé y Dante.
No todo era dulzura y luz, disfraces y juegos de rol.
A veces era feo. E incluso en un sector donde pocos conservaban sus ilusiones, había quienes lo llevaban mejor que otros.
—Conseguiré lo que el teniente quiere. Y si sabes a lo que me refiero... —Se quedó en silencio durante un largo rato—. No pienses mal de mí.
— Nunca . Dante, formas parte de mi Casa. Si por alguna razón sientes que aún no te lo has ganado, ten claro esto: lo harás. Sin hacer locuras. No tienes que hacer esto para demostrar que eres lo suficientemente valiente.
—No soy valiente, porque sé que tú estarás ahí.
—Siempre. Estaré ahí para ti.
Lo intenté una vez más, pero al final acordamos que lo detendría si oía que se ponía violento, independientemente de si ella usaba su palabra clave o no, y sin importar si teníamos la información que necesitábamos. Y que lo detendría si se producía una avería en el cable.
Lo que me obligó a volver a meterme en la furgoneta y limar asperezas con el teniente Reed.
El detective que quizá sabía más sobre un miembro de mi Casa de lo que yo me había molestado en averiguar.
De quien necesitaba permiso para seguir implicada y así poder cumplir mi palabra con Dante.
Y que había estado escuchando cada palabra de mi conversación telefónica.
Elizabetta pensaba que el detective Reed era un buen hombre.
Lo era.
No tuve oportunidad de abrir la boca.
—Dejemos todo lo demás a un lado por el momento —dijo—. He oído que tienes experiencia en este tipo de operaciones. Así que dime qué crees que debemos hacer.
Había dejado a un lado cualquier curiosidad sobre la conversación que había escuchado y se había centrado directamente en hacer el trabajo.
Aun así, yo dudé, y él continuó.
—He llamado al capitán. Va a volver a incorporar a Bailey, y vamos a retransmitir la escucha a la central. En cuanto oiga algo que pueda usar para una orden judicial, lo cerramos. Si no conseguimos esa orden, toda esta operación contra Forsythe habrá terminado mañana de todos modos.
—¿Bailey está dispuesta a hacerlo?
—Hemos tenido que prometerle de todo, incluido mi primogénito. —Resopló—. Nos tiene comiendo en su mano.
—Si yo lo ordeno, ¿lo cerramos?
Él murmuró.
—Dentro de lo razonable.
No iba a rendirse sin más.
Tenía un as en la manga llamado Yelena, que cerraría esta operación más rápido que un equipo SWAT. Tendría que implicarle y seguir adelante confiando en ella.
—Vale, ¿qué necesitamos? Seis coches camuflados. Dos personas por cada coche. Con walkie-talkies, no con la radio de la policía. Códigos acordados. La furgoneta se queda una manzana atrás y mi colega nos sigue en su moto para ayudar a coordinar.
— ¿ Otra civil?
—La moto te da una perspectiva que no tienes en un coche. Puede sortear los obstáculos. Pero, sí, es una civil, igual que yo.
Al oír eso, entrecerró los ojos, seguramente reflexionando sobre lo que había oído decir a Dante acerca de mi Casa y mis habilidades , pero al final suspiró y asintió con la cabeza.
Me llegó un mensaje de Billie: Forsythe se está desplazando con guardaespaldas. Limusina .
Parece que Forsythe no dependía de Bryant para que lo llevara de un lado a otro.