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Ismael sonrió sin tan siquiera mirarme.
―Vienes sin ropa interior, ¿verdad?
―Sí... ―contesté en un susurro casi imperceptible―. He escuchado a Fran y Sandra desde mi habitación, tu compañero se ha comportado como un cabrón...
―Los dos son adultos, y ella ya sabía lo que había..., y tú, ¿por qué has bajado otra vez?
―No lo sé...
―No voy a follarte...
―Tampoco te lo he pedido, ni quiero...
―¿Entonces?, ¿es para que vea cómo vas vestida?
―No...
―¿Te has corrido pensando en mí? ―me soltó mirando los últimos restos de su copa mientras giraba el vaso.
―No...
―Pero te has tocado, y ahora estás que te subes por las paredes...
―No he hecho nada...
―Te he dicho antes que me gusta que seas sincera, seguro que los dedos todavía te huelen a coño, je, je, je...
pero bueno, si no te has corrido mejor, no quiero que lo hagas, así mañana estarás todavía más cachonda, quiero que en el vuelo de vuelta no te pongas la ropa interior...
tu novio me lo agradecerá cuando llegues a casa...
Y se levantó de la silla y me pegó un buen repaso de arriba abajo.
―Anda, deja eso y vámonos... ya hemos bebido bastante por hoy ―dijo soltando un billete de veinte euros y dejándolo en la barra.
Caminamos juntos y en silencio hasta el ascensor y permanecimos callados hasta que se abrieron las puertas.
Entramos dentro e Ismael pulsó el número 3.
Reconozco que iba muy nerviosa y ese fue el momento que él aprovechó para pegarme otro buen repaso visual e incluso hizo que me girara, para mirarme el culo.
Intentaba hacerse el duro, pero al bajar la mirada comprobé que tenía el paquete muy marcado. Me gustó saber que él no había podido evitar excitarse, y comprobar que aquel hombretón iba empalmado bajo los pantalones todavía me encendió más.
―Lo que yo decía, esa falda te queda mejor sin braguitas ―y se situó detrás mí, mirándonos a través del espejo del ascensor.
Su polla rozó de manera imperceptible mis trasero y cuando eché las caderas hacia atrás para que me la incrustara entre los glúteos, él se retiró, apartándose de mí, pero me después me soltó un tremendo azote en la nalga derecha.
¡¡PLASSSS!!
Sonó seco y contundente e incluso se me escapó un gemido. Justo se abrió la puerta del ascensor y él se giró, dejándome allí plantada.
―Te he dicho que no iba a follarte. Buenas noches, Andrea y no olvides lo que te he pedido, eh...
Caminé hasta la habitación temblorosa, asustada, y muy avergonzada por mi comportamiento.
Enseguida me desnudé, observando en el espejo la manaza de Ismael marcada a fuego en mi glúteo y colé una mano entre mis muslos, acariciándome con suavidad, pero enseguida caí en la cuenta de lo que me había pedido.
“No quiero que lo hagas, así mañana estarás todavía más cachonda, quiero que en el vuelo de vuelta no te pongas la ropa interior... tu novio me lo agradecerá cuando llegues a casa”.
Me fastidió mucho tener que meterme en la cama en ese estado, incluso tardé en conciliar el sueño un par de horas, moviéndome de lado a lado, retorciéndome de placer, sintiendo el calor que emanaban mis muslos y reprimiendo una imperiosa necesidad de correrme.
Al día siguiente me pegué una ducha y me puse el uniforme de auxiliar, pero sin la ropa interior, como me había pedido Ismael. Sandra pasó a buscarme por la habitación para desayunar algo rápido y en su cara vi que para ella tampoco había sido una noche fácil.
―¿Qué tal ayer? ―la pregunté.
―Muy bien, tía, terminé con Fran... ―me confesó sin entrar mucho en detalles, como si no supiera que los había escuchado a través de la pared.
Entonces me llegó un correo del trabajo con mis próximos vuelos y la tripulación. No podía ser. La semana siguiente volvía a volar con Ismael. Otra vez el mismo destino.
Madrid-Zurich.
Y cuando entramos en la cafetería del hotel lo vi sentado junto a Fran, tomando un café, perfectamente repeinado y en aparente buen estado. Me puso muy nerviosa la mirada que me pegó y después sonrió.
Él también había visto el correo...