Los relatos de David Lovia. Capítulo 13
41%

Capítulo 13

Matías y yo

En cuanto Marcos se metió en nuestra autocaravana, Matías me propuso entrar en la suya con la excusa de tumbarme en la cama y poder hacerme mejor el masaje.

Miré a Carmen y ella asintió con la cabeza, no hablamos, no dijo nada más, pero entendí el tipo de relación que tenían.

Me puse en pie, Matías me cogió de la mano y lo seguí.

El corazón me latía rápido y la respiración estaba algo agitada.

Entramos en el minúsculo espacio y el vecino me hizo un gesto para que me tumbara.

Obedecí sin plantearme lo que estaba haciendo, me acosté bocabajo en la cama y él me desabrochó el bikini librándome de él.

Se sentó en el borde del colchón junto a mí y esparció más crema por toda la espalda, empezó el masaje desde los riñones subiendo por la columna hasta mi nuca. Al bajar pasaba por el lateral rozando parte de mis tetas. No pude contener los suspiros de placer.

Lo deseaba, anhelaba follarme a aquel tío allí mismo. No podía dejar de pensar en su polla atravesándome. Mi mente iba a mil por hora, pero mi cuerpo seguía quieto sobre aquel colchón dejándose llevar por las caricias.

Continuó por las piernas, desde el tobillo subiendo por el interior de mi muslo hasta mi ingle.

Me rozó los labios por encima de las braguitas y cambió de pierna.

Sin quererlo arqueé un poco la espalda levantando la cadera.

Mi cuerpo lo esperaba con ansia y él lo sabía.

Cogió mi mano, la que estaba más cerca de él y la llevó hasta su paquete.

Era mucho más grande de lo que parecía a simple vista, la tenía muy dura y presionada bajo la tela.

La recorrí apretándola con la palma de la mano y esta vez fue él el que soltó el suspiro.

Me incorporé quedando sentada en la cama, lo miré a los ojos y no supe qué hacer.

Me puse de pie y él también, agarrándome de la cintura tiró de mí contra él.

Subió las manos despacio por mi cuerpo y con el dedo índice dibujó círculos sobre uno de mis pezones.

Sentí un placer que me recorrió entera. Cerré los ojos dejándome llevar por la sensación.

Luchaba contra el deseo que sentía mi cuerpo, en cambio, mi mente estaba fuera con Marcos.

Un ruido me hizo girar la vista hacia la puerta, allí permanecía él mirándonos. No dijo nada, vi en sus pantalones el mismo bulto que aquella mañana en la playa. Matías se abalanzó sobre mi cuello, suspiré y Marcos se dio media vuelta. Fue la señal para dar rienda suelta a mi deseo.

Matías se apartó un segundo y me miró a los ojos, lo empujé suavemente contra el mueble que había tras él y lo besé con pasión mientras le agarraba del paquete.

Ya nada iba a contener el fuego que sentía dentro.

Por mi cabeza pasaron mil imágenes, recordé todos aquellos momentos en los que mi jefe y muchos otros habían tratado de imponer su criterio sobre el mío, ahora tenía yo el control de la situación y Matías iba a satisfacer mis deseos más oscuros.

Le agarré fuerte de la entrepierna y sin dejar de besarlo desabroché sus pantalones, tiré de ellos y de sus calzoncillos que cayeron al suelo.

Me agaché y de un gesto rápido metí su polla desafiante en mi boca, hasta el fondo.

La atrapé con los labios y succioné, recorriéndola entera ayudándome de mi mano para acompañar el movimiento.

Matías me cogió de la cabeza marcando la velocidad.

Con la mano libre le agarré de las pelotas y las masajeé, de vez en cuando me sacaba su polla de la boca y las lamía para volver de nuevo a metérmela hasta el fondo.

Pocas veces había hecho una mamada con aquella fuerza y pasión.

Tras unos minutos, me levanté y me quité la falda para ponerme de rodillas sobre la cama.

Apoyé mis codos dejando mi culo y mi coño a merced de Matías.

Él no dudó un segundo, se lanzó a lamerme.

Primero por encima de la ropa interior, luego la apartó a un lado y me recorrió los labios con la lengua.

Empezó por mi clítoris, entreteniéndose en él haciendo pequeños círculos y luego siguió hasta la entrada de mi vagina hundiendo en ella su lengua dura.

Humedeció también mi culo y con el dedo índice lo acarició por la parte de fuera, estimulándolo.

Contuve el orgasmo que estaba a punto de estallar, quería que el primero fuese con su polla dentro.

—¡Fóllame! —dije casi gritando. Matías sonrió al escucharme en aquel alarido ahogado por la impaciencia.

—¿Ya? Quería jugar un poco más contigo —dijo dándome un cachete que me encendió todavía más.

—No me hagas esperar —respondí casi suplicante.

—Acabamos de empezar —añadió hundiendo más su cara en mí y agarrándome con las dos manos del culo. No pude contenerme y exploté en un primer orgasmo que seguro se escuchó desde fuera.

Mientras volvía a la calma, Matías no dejó de lamerle a la vez que se masturbaba preparándose para mí.

Bajé el culo dándole un mejor ángulo y de pie detrás de mí puso la punta de su polla en mi coño ya más que húmedo.

Metió solo el glande, un par de centímetros y se quedó quieto.

Yo moví la pelvis contra él, pero me frenó.

—Shh, no tengas prisa —dijo sujetándome de las caderas.

Aquel autocontrol que tenía me ponía muy cachonda, Marcos nunca me hacía esperar, me lo daba todo desde el principio y esperar era una sensación nueva y muy caliente. No tener lo que quería al momento me volvía loca de deseo.

Se hundió un poco más y alargó las manos hasta llegar a mis tetas que colgaban.

Me pellizcó ambos pezones y me hizo enloquecer.

Aproveché que tenía las manos ocupadas y empujé mi cuerpo de golpe contra él consiguiendo que se hundiera completamente en mí.

Hice círculos con mis caderas para sentirla por todas las paredes, quería llenarme de ella.

Matías estaba sobre mi espalda, notaba su cuerpo en mi piel.

No había soltado mis tetas y me mordía por el cuello.

—Eres muy mala, no te has estado quieta como te he dicho.

—Todavía puedo serlo más —respondí moviendo la cadera en círculos profundos que lo llevaron al límite en pocos segundos.

—Si sigues así me voy a correr —dijo en un tono más brusco agarrándome de los hombros y embistiéndome con fuerza. En cada sacudida el placer se multiplicaba, los suspiros pasaron a ser gemidos que retumbaron en aquel pequeño habitáculo.

Matías siguió empotrándome con fuerza, mi cuerpo temblaba y necesité sujetarme a las sábanas para anclarme al colchón. Me encantaba sentir esa vitalidad y potencia, su cuerpo contra el mío y sus pelotas rebotando en mi coño.

Las embestidas eran más profundas, cuando llegaba al final empujaba un poco más haciendo que el placer se expandiera. Tenía el pelo empapado en sudor, me agarró de él y tiró suavemente. Al arquear la espalda todavía sentí más el roce de su polla en mi punto G.

—No pares —dije sintiendo crecer el orgasmo en mi interior.

Sin responder acató mi petición, me follaba con el ritmo e intensidad perfecta.

¡Joder! No me esperaba que aquel «viejo» me diera aquella caña.

El placer explotó en mí una vez más, con tanta intensidad que se tensaron todos los músculos de mi cuerpo en un orgasmo agitado y duradero.

Matías se corrió con las contracciones de mi vagina y ambos caímos exhaustos sobre la cama.

El placer todavía me recorría hasta el alma y la respiración poco a poco se normalizaba. Allí tumbada junto a Matías acababa de tener dos de los mejores orgasmos de mi vida.

Ya recuperada me vestí y salí de la autocaravana despidiéndome de él con un beso, fuera solo estaba Carmen tumbada en la hamaca. Parecía dormida.

Me metí en nuestra caravana en busca de una toalla para irme a los vestuarios a darme una ducha. Marcos tumbado en la cama se dio la vuelta y me miró al escucharme entrar. No sabía qué decir ni qué hacer.

Me acerqué a él despacio y me senté en el filo de la cama, él se abalanzó sobre mí y me besó como queriendo devorarme.

Apartó la tela del bikini y me lamió las tetas con pasión haciendo que mis pezones se pusieran duros de nuevo, nunca lo había visto en aquella actitud.

No me daba tiempo a reaccionar, sus manos y su lengua eran mucho más rápidas.

—Voy a darme una ducha y vengo —le dije mientras me succionaba uno de los pezones.

—No, ven aquí —respondió en un tono imperativo poco común en él.

Me dejé hacer deseando comprobar qué había tras aquella actitud dominante.

Tumbada en la cama casi me arrancó la falda y las bragas, me puso de lado como la noche anterior y se humedeció dos dedos que acercó a mi culo.

Poco a poco y mientras me mordía por el cuello, uno de mis puntos débiles, fue haciéndose hueco con dos dedos.

Escasas veces practicábamos el sexo anal, requería de mucho más tiempo y atención, pero aquella noche ambos estábamos impacientes.

Agarré su polla y la dirigí a mi culo, la puse en la entrada y me moví despacio.

Marcos sacó sus dedos dejándome vía libre y así aprovechar para acariciar mi clítoris con una mano y mis tetas con la otra.

Clavé su polla en mí, despacio, sintiendo como entraba apretada y se hacía hueco.

Esa mezcla de dolor placentero, esa adicción que te pide más fue dando lugar al placer.

Tan solo unos minutos antes estaba follando con Matías y ahora Marcos se hundía en mí.

Despacio fue aumentando el ritmo volviéndose más salvaje que nunca.

Lo sentía resoplar junto a mi oreja, clavé mis uñas en su muslo.

El orgasmo crecía y las oleadas de placer hacían aumentar ese fuego.

Como una corriente eléctrica me invadió y tuve que morder la almohada para ahogar mi grito mientras sentía el néctar caliente de Marcos dentro de mí.

Después de las últimas sacudidas nos quedamos quietos y abrazados recuperando el aliento. Quizá aquel había sido el polvo más pasional de nuestras vidas.