Los que volvieron el domingo La hora era 1120.
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La hora era 1120.

Los siete no aparecieron en la carretera hasta después de las cinco de la tarde.

Irene apoyó el dedo sobre el parte.

—Esto ya no depende de recuerdos.

Daniel leyó la línea tres veces. Un médico los había examinado seis horas antes de que el país supiera que estaban a salvo.

—¿Está vivo?

—Murió en 2012.

—Siempre llegan muertos los que podrían contestar.

—No todos.

Irene había conseguido el nombre de Pilar Mena, la enfermera que probablemente estuvo en Valcerezo. Había muerto en 2020, pero dejó una carta a su hija que Marcos localizó durante su investigación. La hija permitió leerla con una condición: que no se publicara completa.

Pilar no confesaba un crimen. Confesaba una cobardía.

Me dijeron que los niños habían salido de una instalación y que uno podía haberse quedado dentro.

Pregunté si estaban buscándolo. Tomás dijo que sí.

No volví a preguntar. Esa es la parte que llevo peor.

No hice nada malo con mis manos. Les di de comer, los lavé, curé heridas.

Pero supe que faltaba uno y acepté que otra persona se ocupara.

A veces pienso que toda aquella noche consistió en gente aceptando que otra persona se ocuparía.