Los que volvieron el domingo DANIEL VALDÉS.
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Los que volvieron el domingo

Los que volvieron el domingo

Por Javier Gila

© inepub.com

DANIEL VALDÉS.

Nada más.

—Eso es de psicópata.

Daniel se volvió. Clara estaba sentada en el extremo del sofá con los pies debajo del cuerpo, un cuaderno abierto sobre las piernas y el portátil reproduciendo una serie que supuestamente no estaba viendo porque estudiaba.

—¿Qué cosa?

—Una carta sin sello. —Señaló el sobre con el bolígrafo—. Si estuviera escrito con letras recortadas de revistas ya podrías llamar a la policía.

—Gracias por el diagnóstico.

—Dieciséis años observando adultos. Da para una especialidad.

Daniel sonrió sin ganas. Llevaba once horas en Urgencias, dos cafés después del último café razonable y una mancha diminuta de sangre seca en la manga de la camisa que esperaba que perteneciese al hombre de la moto y no a la mujer del box ocho.

Necesitaba una ducha. Después comer cualquier cosa.

Después dormir hasta que alguien necesitara que volviera a salvarle la vida o a explicarle que no podía hacerlo. Cogió el sobre.

—¿Lo has traído tú?

Clara apartó la vista del ordenador.

—Sí, papá. Mi plan secreto consistía en escribir tu nombre en un sobre y dejarlo en la mesa.

—Pregunto si estaba en el buzón.

—Cuando he vuelto ya estaba ahí.

—¿Has abierto?

—No soy una delincuente.

—La semana pasada entraste en mi correo.

—Porque habías olvidado la contraseña.

—Entraste antes de preguntarme si la había olvidado.

—Intuición clínica.

Daniel pasó un dedo por debajo de la solapa.

No estaba pegada. El papel cedió inmediatamente.

Dentro solo había una fotografía. Antes de sacarla por completo supo que era antigua.

Tenía el brillo mate de las copias reveladas en laboratorio, los bordes ligeramente curvados y una fecha naranja impresa en la esquina inferior derecha.