Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Roc

El sol poniente proyecta rayos de luz por el salón de babor del navío. No es el mismo barco en el que llegué, pero forma parte de una flota real y eso es lo que importa.

Una chica de la tripulación me trae un cuenco de cacahuetes recién tostados y lo deja sobre la mesa que tengo al lado.

—¿Necesita algo más, señor? —pregunta.

Según mi nuevo reloj de bolsillo, voy a necesitar sangre pronto, pero eso puede esperar.

—Por ahora basta con esto… —Intento recordar su nombre.

Ella se sonroja.

—Miera —responde con las manos a la espalda.

—Qué nombre tan bonito. Si necesito algo, ¿puedo llamarte directamente a ti?

—Por supuesto.

—Deja en paz a mis sirvientes —dice una voz desde el balcón de babor.

Hago un gesto con la muñeca para despedir a la chica y ella se va a toda prisa.

Agarro un puñado de cacahuetes, cruzo el pasillo cubierto y me uno a la antigua reina fae en la barandilla. El sol la pinta de dorado. Tiene los ojos cerrados y el viento le agita un mechón oscuro que se ha escapado de la larga trenza que le cae por el hombro.

—Deja de mirarme —dice sin abrir los ojos.

—No puedo evitarlo. Tienes la cara radiante de éxtasis, y me encanta.

—No voy a acostarme contigo, Roc.

—Qué tonta eres. Ni que te lo hubiera propuesto.

Me mira y se ríe. Es la tercera vez que le oigo ese sonido. El barco, zarpar hacia lo desconocido… la ha relajado. Y, aunque no le haya propuesto follar, creo que necesita desesperadamente descargar la energía acumulada.

—¿Cuánto se tarda en llegar a Siempre Jamás? —pregunta.

—Para eso ya tienes un capitán, no me vengas con preguntas de mierda.

Apoya una cadera en la barandilla y cruza los brazos sobre el pecho.

—¿Tengo que recordarte que este es mi barco? Si quisiera, podría tirarte por la borda por insolente.

—Y entonces, ¿quién te entretendría?

La antigua reina pone los ojos en blanco, exasperada.

Rompo un cacahuete y tiro la cáscara a las olas espumosas que se forman bajo el barco.

—A esta hora de mañana ya habremos llegado.

—¿Estás emocionado?

¿Lo estoy? No lo sé. Me gusta salir a cazar cosas perdid as, pero me preocupa lo que pueda quedar de Wendy Darling cuando la encuentre.

—Me emocionaré en cuanto uses tu talento para algo útil y te metas en la mente de alguien a buscarme las respuestas que quiero.

Es nuestro trato, uno que me prometió como compensación por haberme arrastrado a la guerra de Nunca Jamás.

—¿Y qué hay del Capitán Garfio? —pregunta.

—¿Qué pasa con él? —digo mientras muerdo un cacahuete.

—¿También estás emocionado por verlo?

Resoplo y rompo otra cáscara, pero no contesto. No puedo.

Porque hay una cosa que me reconcome por encima de todo: s í, quiero encontrar a Wendy, pero hay alguien a quien tengo aún más ganas de encontrar.

Un pirata con una boca bien follable y una actitud que me encantaría quebrar.

Voy a por ti, Capitán.

Espero que estés listo para que te devore un Cocodrilo.