Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4) PRÓLOGO
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Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4)

Los príncipes fae (Crueles Niños Perdidos 4)

Por Nikki St. Crowe

© inepub.com

PRÓLOGO

La madre

La madre está descalza; el niño llora en sus brazos.

Es un niño conflictivo, nervioso y difícil de complacer. Y también bribón. La madre lo sabe, a pesar de que no hace mucho que lo conoce. El niño apenas tiene dos semanas, pero es suficiente.

En cuanto dio a luz, supo que sería un niño problemático. De todos sus partos, aquel fue el más complicado: intenso, doloroso; nunca parecía tener fin.

Ahora, la fría arena de la playa cruje bajo sus pies mientras se acerca a la orilla. Es bien entrada la noche, pero no hace frío, y las estrellas brillan. Gira el rostro hacia el universo infinito y le sonríe a todas ellas.

Entonces el bebé llora.

Aún no tiene una voz definida, solo sabe soltar quejidos, y le gusta hacerse notar.

«Préstame atención . Yo soy el más importante », parecen decir sus llantos.

Bribón y arrogante.

Si la madre se lo queda y le da un lugar junto a los otros niños, los destruirá. Lo sabe tan bien como conoce su propia naturaleza, y no hay nada que pueda hacer por ninguno de ellos.

Es él o ellos. Es la única manera.

Pero, aun así, esa idea le provoca un profundo dolor en el pecho.

Abandonar a un hijo para salvar a los demás. Tal vez el niño algún día aprenda a no ser tan irascible, pero no puede permitir que lo aprenda con ella a su lado.

Coloca sobre el agua una gran hoja que ha arrancado del ramaje del bosque e improvisa así una balsa. La madre ha oído que las aguas de la laguna son curativas, así que alberga la esperanza de que puedan curar su lado conflictivo.

Es lo mínimo que puede hacer. Es la única oportunidad que puede darle.

Acuesta al bebé sobre la hoja. Esta se hunde y el agua envuelve a la criatura. Él llora con más fuerza; ahora tiembla.

—Lo siento —le dice.

Y luego lo empuja y el agua se lo lleva.