Los Nombres del Río Capítulo 25Confesiones entre papeles #4
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Capítulo 25Confesiones entre papeles #4

—Adjunto propuesta de apertura de diligencias por homicidio, por indicios según las actas y la autopsia preliminar; por encubrimiento y falsas instrumentaciones documentales —las anotaciones marginales, los planos alterados y las actas fuera de registro—; y por delitos contables derivados de la utilización de la cuenta pasarela.

No pedimos hipótesis acusatoria concluyente; pedimos que se inicien diligencias penales que permitan verificar responsabilidades y ordenar las medidas cautelares precisas.

Incluyo, además, petición de medidas cautelares patrimoniales para evitar disposición de documentos o fondos vinculados a las sociedades señaladas hasta resolución judicial. —

Explicó punto por punto: los cruces contables (bolsa 075 y extractos), la correspondencia fechada y matasellada (bolsa 034), la carta del altillo con la nota "compensación acelerada" (bolsa 056) y las entradas del cuaderno con anotaciones próximas a las fechas de transferencia.

Añadió la transcripción de la declaración de Rafael Ortuño, la fotografía de la pasarela y el fotograma con hora 22:12.

Todo ello, dijo, articulaba "un conjunto indicativo" que justificaba las medidas.

El fiscal marcó la casilla en rojo de una de las páginas y le pidió el original del acta donde Alejandro había inscrito su entrega voluntaria.

Raúl sacó la hoja, la dejó sobre la mesa y miró al fiscal como quien coloca una pieza en el tablero.

No hubo teatralidad, solo la confirmación administrativa: sello, firma, hora y huella.

—¿Protección para los testigos mencionados? —repreguntó el fiscal.

—Sí —respondió Raúl—. Y que conste que pedimos protección también para cualquier funcionario que aporte documentación u ofrezca testimonio, incluido el archivero y la administrativa que ha manifestado disposición a colaborar sin exponerse públicamente.

Ya hay intentos de manipulación dentro de la comisaría; la estación 12 mostró accesos anómalos y un paquete duplicado ha desaparecido; hace falta custodia judicial efectiva. —

La fiscalía aceptó la petición provisional: decretó medidas operativas de protección inmediata mientras evaluaba la vía cautelar.

Ordenó, además, que la teniente entregara las copias selladas y que la brigada quedara a cargo de la logística de protección.

Firmó el acuse, estampó la hoja con el sello del fiscal y entregó a Raúl una copia con anotaciones manuscritas: "Iniciar trámites: PBX, HVAL_01.

bit, citaciones a notario y gestor, informe pericial contable priorizado. "

Antes de levantarse, el fiscal hizo una pregunta concreta y práctica:

—¿Quiere que se solicite prisión provisional para alguien ahora mismo?

Raúl esperó. No era su papel pedir la prisión sin los datos probatorios que la Fiscalía necesitase; su función era ofrecer el mapa de indicios y pedir los medios judiciales.

Aun así, hubo un nombre que, por su condición de detenido y por la gravedad de su confesión, debía permanecer bajo custodia preventiva: Rafael Ortuño ya estaba en situación de detención y su declaración había quedado en acta. Raúl lo hizo constar sin solemnidad.

—Solicitamos que se evalúe la medida cautelar idónea para quienes representen riesgo de fuga, alteración de pruebas o reiteración delictiva —dijo—. En particular, la situación procesal del detenido aparece en el expediente; proponemos conservación de custodia según criterio judicial.

El fiscal asintió y cerró el sobre con la hoja de acuse; la teniente firmó.

La carpeta, por fin, cambió de manos: el expediente operativo que había acompañado a Raúl por calles y sótanos cruzó el umbral de la Fiscalía hacia el buzón de las decisiones.

Raúl firmó la recepción y aguardó a que el funcionario topase el sello definitivo.

Cuando salió del despacho, la lluvia había dejado un rastro de brillo en la acera. Ató la cinta de la carpeta con el mismo gesto mecánico con que había sellado bolsas en la noche. En la puerta, la teniente le devolvió una mirada corta, contenida como un permiso tácito.

Se detuvo un instante, apoyó la espalda en la piedra del edificio, y miró la carpeta sellada que llevaba consigo: fotografías, hashes, actas, una carta matasellada, la copia manuscrita de Alejandro, la lista de Héctor en bolsa 003.

Había nombres en hojas, confesiones en actas y la posibilidad de un proceso que empezaba a encajar.

Creyó ver, por un segundo, una pequeña ola en el vidrio del río como una confirmación sin palabras.

Guardó la carpeta en el maletero del coche y se quedó un segundo más en la plaza.

La lluvia seguía, insistente. Sabía que aquello era apenas el primer impulso: la fiscalía tomaría decisiones, se solicitarían peritajes, se dictarían órdenes, algunos nombres quedarían suspendidos en la acusación.

También sabía que la reparación verdadera sería larga y que las heridas del valle no se cerraban con una firma.

Aun así, al cerrar el coche, notó que la verdad, por fin, tenía una fila de papeles que la sostenía.