Los Nombres del Río Capítulo 12Los nombres en la lista #2
42%

Capítulo 12Los nombres en la lista #2

Colocó el papel vegetal sobre el mapa catastral, alisó con la uña la transparencia y trazó con lápiz una línea que unía la parcela 42 con la servidumbre que llegaba al vial de la central.

A la derecha, sobre el papel, fueron apareciendo anotaciones: "Pza 42 → Valcárcel S.A.

insc. 12/04/1982"; debajo, en letra más pequeña, "Constructora Mirador S.L.

1984 — apoderados costa". Señaló con un triángulo el caserío L.

y apoyó junto al triángulo las bolsas: 031, 032, 033, 034 y las recién numeradas 035–038.

Cada número era un punto que conectaba documentos, recibos y testimonios.

No juntó nombres todavía; primero tejió el patrón.

Sobre el papel vegetal dibujó flechas: actas con huecos de firma → anotaciones marginales «compensación acelerada — a convenir» → remisiones a A.

C. y a la Casa de la Fuente. Dejó que la repetición hablase por sí misma: la inicial A.

C. emergía en planos, en la carpeta cosida y en la carta fechada el 12/04/1982 dirigida a C.

Mendieta. Tomó la fotografía macro de la carta —034— y la acercó hasta que las letras parecían volver a secarse bajo su mirada.

Recorrió con el dedo la columna de apellidos de la copia de la hoja sellada: Iza, Olabarria, Leiva, Mendieta, Aguirre.

Los había visto como lista y luego como personas en puertas distintas; ahora los veía superpuestos con líneas registrales y recibos.

En el margen apuntó, sin cruzar nombres: "Titular original — transmisión 1982 — receptor interpuesto 1983–84".

En la hoja de trabajo agrupó tres vectores de daño: pérdida material, pérdida de medios de vida y pérdida simbólica.

Recordó una frase de Tomás que había anotado en la taberna: "No puedo...

No puedo decir nombres", y la imagen del sobre clavado con la palabra NO que encontraron en su puerta.

Esos silencios eran parte del patrón: el empeño en que la memoria no dejara rastro había sido sistemático.

Pero también había huellas materiales: el recibo de hospedaje con hora 21:17 del 15/04/1982 que apuntaba a una reunión nocturna en el caserío L.

; el cuaderno donde Héctor había escrito "reunir 23 — caserío L.

"; los recibos que iban a cuentas de gestorías costeras y no a los titulares; y la carta de A.

C. que pedía explícitamente "Evitar referencias en actas; documento de respaldo en poder de participantes".

Todas esas piezas convergían en una hipótesis operativa.

Raúl escribió la hipótesis con pulso seco en la parte superior de una ficha: "Hipótesis motivacional: expropiación irregular → pérdidas económicas y sociales → resentimiento intergeneracional → Héctor como riesgo de revisibilización/reparación.

" Debajo numeró comprobaciones necesarias.

No usó adjetivos grandilocuentes; consignó hechos que requerían verificación.

La primera comprobación fue contable y, por tanto, procesal: registros bancarios históricos 1980–1984.

Sabía que no podía pedir esas cuentas directamente; la petición debía pasar por la Fiscalía y, si no bastaba, por orden judicial.

Redactó en la ficha el esquema de solicitud: cuentas de Valcárcel S.A.

y Constructora Mirador S.L.; cuentas de gestorías y apoderados detectados en notas simples; cuentas asociadas a los apellidos de la lista; movimientos coincidentes con fechas clave.

Añadió la petición complementaria: extractos de transferencias hacia talleres locales y el proveedor identificado en anotaciones parciales del disco duro, y la exigencia de que las búsquedas se limitaran a 1980–1984 para controlar alcance y coste procesal.

Bajó la voz consigo mismo y preparó el texto que, en la práctica, sería la primera petición formal al fiscal.

En una página mecanografió: motivos, cuentas a requerir, periodos, justificación probatoria, garantías de confidencialidad y petición de medidas cautelares para evitar disposición de fondos.

Subrayó en rojo una nota procesal: "Justificar proporcionalidad — evitar apertura indiscriminada; lista de IBAN/CIF si Registro lo facilita. "

A su lado dejó otra lista operativa, más terrestre: orden de citaciones.

Primero, Olabarria —ya cooperante— para cotejar recibos y recabar testimonio firmal; segundo, Tomás Iza con protección reforzada; tercero, Julián Rueda para que certificara el envío de sobres y la reunión de abril de 1982; cuarto, la viuda cuyo sobre estaba en 036 para que entregue documentos y describa el pago reducido consignado como "pago compensatorio"; y por último, los intermediarios: el capataz Lázaro y el propietario del taller cuyo adhesivo apareció en la estación de bombeo.

Junto a cada nombre anotó evidencia a reclamar: originales de recibos, facturas, contratos de alquiler, notas de caja y testimonio grabado con firma.

Ordenó además la manera de proceder para que la operación no avisase de más: citaciones repartidas en días alternos, llamadas previas sin detalle de contenido, entrega de citación escrita donde se exigiera traer documentación original y aviso a Fiscalía de la lista.

Añadió otra nota: "No confrontar con la lista delante de testigos que no estén protegidos. Evitar filtración."

Pasó a la comprobación documental: tomó la foto macro del recibo de hospedaje y la comparó con la anotación del cuaderno.

Las cifras y las abreviaturas coincidían; en el margen del recibo, una rúbrica con dos trazos inclinados aparecía en dos documentos diferentes.

Subrayó esa coincidencia y apuntó: "Pericia caligráfica: rúbricas recibos 033 vs cuaderno 031 vs firmantes presentados.

Prioridad alta." Marcó también la carta 034 para cotejo postal: pedir al Archivo Postal provincial la copia del libro de reparto de Las Viñas y un cotejo pericial del matasellos.

Sin apartar la vista, pensó en el aspecto humano.

En la libreta, al lado de la lista de prioridades, escribió: "Medidas protección: M.

Olabarria (empleo municipal), T. Iza (intimidación activa — bolsa 014), Julián R.

(anciano, vive solo)". Dobló la hoja y la colocó en la carpeta que llevaría al fiscal; no era una formalidad, era un gesto para que quien autorizara las órdenes supiera que las solicitudes procesales tenían un coste real.

Revisó el plan operativo de citaciones en voz baja: "Llamar a Olabarria para mañana 10:00 — entrega originales o justificantes; Tomás 09:00 — coordinar presencia no uniforme a 200 m; Julián 16:00 — entrevista en su domicilio con equipo reducido; Lázaro — solicitar acta demostrativa y copia del libro de cuentas; taller — inspección con orden fiscal si procede.

" Vio que el mapa mostraba una cadena: casas afectadas → caserío L.

→ Casa de la Fuente → Central Valdeluz. El dinero había circulado en ese lazo.

Antes de preparar los sobres dirigidos a Fiscalía, colocó la copia del croquis que Tomás le había dado sobre la mesa y la miró un momento.

La Casa de la Fuente, las hiedras, el mojón de piedra; nombres que habían sido simples marcas ahora parecían hitos de una línea de tiempo.

Trazó una última flecha entre la Casa de la Fuente y la anotación "A.

C." y añadió un recordatorio personal: "Solicitar cotejo huellas en cajas 0047 y 0098 — revisar sellos. "

Guardó los formularios en sobres separados: el primero con la petición de conservaciones y extracción de documentos bancarios; el segundo con la solicitud de peritaje caligráfico y la relación de bolsas; el tercero con la propuesta operativa de citaciones y medidas de protección.

Los selló con la misma cinta numerada que había usado antes y escribió la hora junto a su firma.

Antes de levantarse para ir al registro saliente, tomó la fotografía de la hoja con los cinco apellidos —la copia sellada— y la volvió a colocar en la funda plástica; la imagen debía ser tratada como prueba y no como rumor.

Inscribió esa nueva toma en el acta de custodia con hora y su firma para dejar constancia probatoria.

Apoyó la mano en la libreta. Las piezas encajaban en un esquema que hacía sentido.

También sintió la otra cara, la que ya conocía: abrir esa verdad multiplicaría el riesgo.

Miró la nota donde había escrito "Proteger: María, Tomás, Julián" y, por primera vez en la jornada, dejó que la certeza y la cautela coincidieran en una misma frase escrita.

Cerró la carpeta, la colocó bajo el brazo y, antes de salir a la lluvia, volvió la vista a la mesa donde la línea que había trazado con lápiz unía nombres y papeles.

La carpeta pesó más de lo que esperaba; la lluvia le golpeó la gabardina mientras bajaba los escalones de la comisaría.

En el bolsillo, la libreta conservaba la última anotación: Iza — Olabarria — Leiva — Mendieta — Aguirre.

Debajo, en letra más pequeña, una instrucción simple y urgente: "Solicitar bancarios 1980–84.

Pedir orden fiscal. Priorizar peritaje. Proteger testigos.

" Salió al exterior y la noche cerró sobre él; a partir de esa madrugada, exponer a esas cinco familias ya no sería sólo un cálculo documental.

Sería poner en peligro a quienes habían decidido hablar.