Capítulo 10Huella en el Correo #3
Desde la oficina postal se encaminó al despacho del notario Beltrán con la requisitoria del fiscal.
En la notaría, el portero le recibió con la calma controlada de quien ve pasar historias por la puerta.
El notario, ya anciano en el recuerdo del pueblo, no estaba; un auxiliar manejaba el archivo con precisión casi ritual.
Raúl presentó la orden judicial ampliada con la solicitud de copia de libros de correspondencia y de registro de entradas y salidas del buzón para abril de 1982.
—Sin orden, no puedo abrir protocolos —dijo el auxiliar con la voz firme de quien respeta la obligación—. Pero con esto puedo facilitarle copias certificadas de los registros de entrada.
Lo condujo a la sala donde, detrás de una vitrina, había libros de acuse y fojas con remisiones.
El auxiliar pidió que esperaran mientras localizaba el volumen de 1982.
Raúl apoyó la mano sobre la mesa, dejó que el silencio marcara el tiempo.
Cuando el libro apareció, sus páginas mostraban sellos, entradas mecanografiadas y anotaciones de manos distintas.
Encontró allí el asiento que esperaba: 12/04/1982 — carta recibida, remitente: A.
Castaño — destino: C. Mendieta — recogida por: firma ilegible — «entrega buzón rural Las Viñas» — observación: «sobre amarillo».
La rúbrica de recepción tenía la inclinación de quien firmaba a prisa; el auxiliar reproducía copias certificadas en presencia del acta de intervención.
Raúl pidió que la copia llevara el sello del protocolo y que el auxiliar consignara su firma en el acta: nombre, puesto y hora.
Mientras esperaban, Raúl observó otra línea: una serie de entradas anteriores con remitente «A.
Castaño — Casa de la Fuente» y destinatario «Notaría Beltrán» fechadas semanas antes, con la palabra «devuelto» en un par de casos y con la anotación marginal «entregado en mano por mensajero».
Las repeticiones dibujaban un patrón. En el margen de una página alguien había escrito con lápiz una referencia poco clara: «actas — 134/81 — ver».
Raúl apretó la mandíbula; la correlación con el expediente municipal que ya tenía era más que casualidad.
Pidió que le entregaran las copias selladas en sobres numerados; anotó la hora en su libreta y, antes de irse, preguntó con voz baja, medida:
—¿Sabe quién firmó la recepción en aquel día?
El auxiliar miró por la ventana. Señaló un folio y dijo:
—No figura nombre completo. Solo una rúbrica. Pero en el libro de control hay una nota de recogida firmada por «J. R.», y por aquí pasó mucho el mensajero de la Casa de la Fuente en esa temporada.
La inicial devolvió a Julián Rueda. Raúl dejó que la coincidencia quedara plana en la mesa.
Ordenó que esas copias se incorporasen inmediatamente al paquete para la Fiscalía, que quedaran selladas y que una fotocopia certificada se quedase en la carpeta de la brigada con su hash.
Hizo constar en el acta que no se extraían originales.
De vuelta en la comisaría, con los sobres numerados en la mano y las copias ya registradas en la carpeta, Raúl colocó los papeles sobre la mesa bajo la lámpara.
Releyó las entradas: matasellos de Las Viñas, remitente A.
Castaño, destino C. Mendieta; la Casa de la Fuente repetida; buzón rural como modo de entrega; notas marginales que aludían a actas.
Juntó los sellos, las firmas parciales y las referencias de caja en un solo bloque visual y, con la caligrafía seca de su libreta, trazó la acción inmediata.
Redactó la citación: comparecencia para que Arturo Castaño, ingeniero responsable de obra, se presentara en la comisaría a declarar sobre su papel en las comunicaciones entre 1981–1982 y para que aportase cualquier documentación o lista de correo que tuviera.
La frase quedó clara y sin adornos: «Citación a declarar — remitente identificado en registros postales y notariales — A.
Castaño — Presentación inmediata por orden fiscal».
Repasó la petición, la selló y la numeró como prioridad uno.
Ordenó que la notificación se realizara por burofax y por entrega personal, y que incluyese la exigencia de aportar correspondencia, listados de envío y cualquier contacto utilizado en esa fecha.
Antes de cerrar la carpeta, dejó una anotación en el margen: «Coincidencias postales/notariales: remitente A.
C. (Casa de la Fuente) — buzón Las Viñas — destinatario C.
Mendieta / Beltrán / Administración técnica.
Citación: Arturo Castaño. Prioridad». Puso debajo su firma.
Colocó la libreta junto a las copias selladas y cerró la carpeta.
Raúl se permitió un instante de mirada fija sobre la hoja con el matasellos —una mancha de tinta que había devuelto un nombre— y escribió en voz baja, para sí: «Cita a A.
Castaño. Preparar peritaje caligráfico sobre firmas de buzón y cotejo con A.
C. en cajas». Luego alzó la cabeza y salió a la lluvia; tenía una citación que presentar y un interrogatorio que preparar.