Capítulo 9Planos Bajo Llave #3
Pidió copia certificada de las escrituras que aparecían en las notas.
La registradora fotografió el expediente original, lo cotejó con el protocolo y comenzó a imprimir las partidas: escritura de obra pública, escritura de compraventa y, junto a ellas, una serie de pólizas notariales que remitían a la firma del notario Andrés Beltrán.
El nombre de Beltrán ya había emergido en los trazos de Tomás y en las transcripciones que había cotejado en el sótano municipal.
Anotó la referencia del protocolo notarial y pidió que la certificación incluyese: fecha de otorgamiento, nombres de otorgantes, apoderamientos, y notas marginales de cargas o rectificaciones.
Mientras la registradora sellaba las copias, Raúl fue ordenando mentalmente el siguiente paso: cotejar firmas, buscar el asiento completo de la transmisión y pedir la copia del protocolo notarial.
Sabía que para acceder al protocolo de Beltrán haría falta orden judicial o petición formal del fiscal; hizo la anotación, pero no esperó a la burocracia para cerrar lo que podía cerrar allí mismo.
Numeró las hojas, tomó fotos de las certificaciones con su cámara de trabajo, asignó hash a cada imagen y las volcó en la carpeta electrónica sellada de la brigada.
Cada archivo recibió su etiqueta: RP_42_1982_Cert01.
hash, RP_47_1984_Cert03.hash. Marcó la hora en la libreta con la misma caligrafía sin florituras.
Todo debía entrar en la cadena sin fisuras.
Cuando la secretaria del Registro le tendió las copias selladas, Elena apareció por la puerta como si la hubiera seguido; traía encima la requisitoria formal que Raúl había preparado la noche anterior para el fiscal, y la expresión en su rostro pedía la contención que no se pronuncia en palabras.
—¿Has visto la transmisión a la sociedad? —preguntó sin levantar la voz.
—Sí —respondió él—. Valcárcel S.A. por 1982; Constructora Mirador S.L. figura en 1984 como titular. Hay protocolos que pasan por Beltrán.
Elena soltó el aire por la nariz y apoyó la yema de los dedos sobre una de las copias selladas, como si sintiera la temperatura de lo que podían provocar aquellas líneas.
—Si sacamos nombres así, y acaban en prensa sin más, la gente del pueblo... ya sabes —dijo—. Aquí hay apellidos que viven hoy, y no olvido que las empanadas que compran sus hijos se hacen en la panadería de la plaza.
Raúl no alargó la réplica. Puso las copias certificadas en una bolsa numerada que la funcionaria del Registro cosió con una cinta sobre la solapa y estampó dos sellos más: uno con la numeración registral y otro con la fecha y la firma del registrador.
La bolsa recibió además una nota manuscrita de ingreso: "Remitirse a Fiscalía — petición de copia de protocolo notarial Beltrán — posible vinculación A.C. en anotaciones marginales".
—Que conste todo —dijo Elena—. Y que conste que yo he acompañado la salida de estas copias. No por prudencia administrativa; por lo que pueda pasar.
Raúl firmó donde le indicaron, y la firma cerró el circuito. Dejaron una copia adicional en la oficina del Registro con sello de depósito judicial para que, cuando el fiscal solicitara la intervención notarial, todo estuviera en orden y no se pudiese alegar desaparición o manipulación.
En la sala contigua, el registrador le entregó, además, un extracto de transmisiones: nombres de los apoderados, sellos de tasadores y una anotación repetida que llamó la atención de Raúl: "Intervención técnica: A.
C. — revisión de lindes". Aquella concordancia —la inicial A.
C. junto al sello parcial— reaparecía ahora en documentos oficiales.
Raúl la fotografió, la numeró e incorporó la imagen a la carpeta cifrada.
Fue un eco de las tintas rojas y de la casilla tachada que había quedado en las cajas del sótano.
Antes de irse, solicitó la nota simple de la sociedad Constructora Mirador S.L.
: fecha de constitución, administradores y domicilio fiscal.
La dependencia envió copia sellada que mostraba algo frecuente en sociedades pantalla: varios apoderados con domicilios en capitales lejanas y una fecha de constitución en 1983, justo después de las obras que alteraron lindes.
Entre los apoderados figuraba una gestoría con sede en una ciudad costera, y la firma de constitución llevaba una rúbrica que, por la inclinación de la letra, podía tener afinidad con firmas que Raúl había visto en sobres y recibos; no haría afirmaciones hasta la pericia caligráfica, pero el hilo parecía enlazarlo todo.
Volvieron a la comisaría con las bolsas selladas y las copias certificadas guardadas en una caja metálica bajo llave.
Raúl no tomó los originales; no era su papel.
Lo que iba a llevar al Juzgado y al fiscal era una serie de pruebas documentales reproducidas oficialmente y un rastro rastreable por los cauces reglamentarios.
Ordenó que una de las copias quedase en la caja fuerte del Juzgado, otra en la carpeta sellada de la brigada y una tercera en la carpeta del fiscal, según el procedimiento ya establecido.
Cada movimiento quedó anotado y firmado.
—Pido al fiscal orden de requerimiento sobre protocolos notariales de Beltrán y autorización para solicitar a los bancos certificaciones de cualquier transferencia desde 1980 a 1984 con destino a Valcárcel S.A.
y Constructora Mirador S.L. —escribió Raúl en la nota que preparó—.
Peritaje caligráfico comparativo entre firmas del registro y las rúbricas en sobres/actas.
Investigación sobre la identidad real de apoderados de Constructora Mirador S.L. prioridad 1.
Elena leyó la nota y dejó caer un dedo en una de las líneas donde Raúl había añadido "A.C. prioridad".
—Si esto arranca y aparece en prensa antes de que el fiscal tenga tiempo de pedir cuentas, puedes imaginar la tormenta —murmuró—. ¿Quieres que yo remita esto hoy mismo?
—Sí —contestó Raúl—. Pero por cauces sellados. Ni una copia extra sin registro. Y fírmalo todo aquí: que quede constancia de la salida.
Ella firmó. Sus dedos se movieron con la disciplina de quien pesa consecuencias.
Luego, sin teatralidad, cerraron la caja metálica y la colocaron bajo la lámpara de la oficina; Raúl tomó la libreta y anotó las prioridades por orden numérico, con la misma limpieza con la que había escrito las listas en el cuaderno de Héctor: "1) Certificaciones registrales 42/43/47 — entregadas.
2) Protocolo Beltrán — solicitar. 3) Solicitar a Fiscalía conservación y requerimiento bancario 1980–1984.
4) Peritaje caligráfico sobre firmas y comparativa con actas 0047– B y cuaderno Héctor.
5) Investigación cuentas vinculadas a A. C. (posible intermediario)".
En el margen dibujó, apenas un gesto, el mismo trazo con el que en la oscuridad del sótano había marcado la inicial A.
C. Llamó por teléfono al fiscal para anticipar la petición y dejó el mensaje en la bandeja oficial: "Envío documentación certificada por Registro.
Solicito orden para requerimiento notarial y bancaria.
Prioridad por posible distracción de activos.
" No habló de nombres más allá de los técnicos que ya figuraban en las actas.
Cuando la puerta del despacho se cerró tras ellos, Raúl depositó la carpeta sellada en la caja de pruebas y, con un último ademán seco, dibujó en la libreta una línea horizontal que separaba lo documentado de lo que quedaba por probar. Luego, con la voz baja pero firme, dijo a Elena:
—Que los peritos hablen. Y que nadie filtre una coma.
Ella asintió como quien acepta un encargo con el precio que conlleva.
Raúl dejó la linterna junto a la caja, se ajustó la gabardina y, antes de salir bajo la lluvia, volvió a mirar la nota donde había escrito "A.
C. prioridad". Con el paquete sellado en la caja fuerte y las copias certificadas en manos del fiscal, había cerrado la primera bisagra documental que convertiría sospechas en diligencias judiciales.