Capítulo 9Planos Bajo Llave #2
Recortó con la tijera de la oficina dos rectángulos de papel vegetal y comenzó a superponerlos sobre el plano antiguo.
Medía con la regla la escala escrita en el margen y la comparó con la del catastro: 1:5.
000 contra 1:2.000; conversaciones de proporciones que su cerebro traducía en centímetros y milímetros.
Trazó pequeñas líneas de referencia, alzó la vista para comprobar el mojón señalado en la esquina noroeste y buscó el mismo mojón en la fotocopia del catastro actual.
Allí no estaba en el mismo sitio: la franja que en 1981 figuraba como lindero de parcela 42 ahora prolongaba un brazo de terreno sobre la que hoy aparecía dibujada una servidumbre de acceso a la central.
El trazo en tinta roja que alguien había hecho en el plano había desplazado la línea, y el desplazamiento no dejaba lugar a dudas: una porción de huerta había sido absorbida por una franja que, sobre el plano moderno, alimentaba el vial de entrada a la obra.
El gesto técnico de superponer papeles le dio una evidencia que no necesitaba palabras: la tinta roja coincidía con ganancia de metros hacia el camino de la presa.
Anotó la coordenada con la caligrafía seca de la libreta: "Pza 42 — ampliación margen hacia vial — correlación 004/2022".
Luego pasó al siguiente punto donde la tinta roja cruzaba una curva de lindes junto al cauce: el nuevo boceto incorporaba una orilla que antes pertenecía a una finca cerrada de manzanos.
Respiró, casi sin pensar, mientras buscaba en la fotocopia del acta cosida la línea tachada de la que había hablado Elena: "compensación acelerada — a convenir".
La tachadura y la anotación compartían papel y costado con la misma A. C.
Sacó el paquete de notas simples que había impreso: tres documentos, cada uno con el sello de consulta telemática y con fechas de consulta recientes.
No eran certificaciones dominiales, lo sabía, pero ofrecían nombres y fechas de inscripción que podía contrastar.
La parcela 42, a fecha de 1982, aparecía inscrita como propiedad de la empresa Valcárcel S.A.
; sin embargo, una transmisión posterior, fechada en 1984, mostraba un asiento donde figuraba el nombre de "M.
Ardanaz" como nuevo titular. Otra parcela, la 47, había pasado a nombre de una sociedad de personas —una combinación de iniciales y razón social breve— constituida en 1983, el año siguiente a la aparición de los planos con tinta roja.
Raúl siguió las fechas con el dedo, como quien apunta un camino en un mapa: 1981 — obras — 1982 — actas con tachaduras — 1983–84 — transmisiones a terceros.
La repetición le dio ritmo. A un lado, las actas de campo firmadas por el secretario municipal aparecían con líneas en blanco; en dos casos, donde la línea del secretario debía ir, había recortes pegados con tipografías distintas.
En la copia del registro de la parcela, en cambio, la cadena de transmisiones mostraba anotaciones que nombraban a un notario: Beltrán.
Raúl apretó los dedos en la libreta hasta que la tinta permaneció oscura en el papel.
Enlazaba hechos: trazo rojo que modificaba linderos, actas con recortes, transmisión posterior de dominio a personas vinculadas al equipo técnico o a quienes habían actuado en la obra. El patrón emergía lento pero constante.
Imprimió una ampliación de la esquina donde la curva de lindes se solapaba con la servidumbre del camino.
En el margen de la ampliación, la fotografía mostraba la anotación "A.
C." dentro de un sello parcial. Raúl dejó el dedo índice sobre esas letras.
Arturo Castaño; el nombre que Tomás había pronunciado bajo la lluvia apareció ahora en tinta y en registros.
Encendió el portátil y, con la cámara de alta resolución, tomó una secuencia de macrofotografías de la tinta roja, del sello A.
C. y del recorte pegado que ocultaba la rúbrica del secretario.
Cada fotografía fue numerada, registrada con fecha y hora, y guardada en una carpeta sellada que ya llevaba el sello de la oficina.
Anotó el hash provisional en su libreta: "Hash 9. 2 — planos A.C. — Fotogramas 001–012".
Respiró hondo y fue ordenando los pasos siguientes en la hoja de papel en blanco: solicitar certificaciones dominiales, pedir notas simples ampliadas en certificación registral, requerir al Registro escrituras de transmisión y cotejar firmas con el sello de Beltrán; encargar a perito caligráfico la comparación de las firmas del acta con las de las escrituras posteriores.
Cada ítem iba cerrado con una marca: prioridad.
Sabía que sin copias registrales certificadas no podría convertir la correspondencia cartográfica en cadena de titularidades admisible.
Lo había dicho antes: los peritos tenían que hablar; ahora tocaba pedirles la palabra, con el fiscal de testigo.
La noche se fue acortando en la ventanilla cuando Elena entró sin anunciarse; venía del archivo con más fichas del catastro y dejó sobre el plano una carpeta con folios.
—Te traje las notas simples impresas y la ficha del registro que pude sacar bajo requisitoria de la que hablamos —dijo sin levantar mucho la voz.
No preguntó qué buscaba; dejó el material y, en el silencio, cerró la distancia con un movimiento breve que parecía pedir confianza.
Raúl asintió y, sin levantar la vista del entramado de líneas, deslizó una de las fichas hacia ella.
—Fíjate en la 42 y en la 47 —dijo. Elena frunció la boca al ver las coincidencias y dejó escapar el aire por la nariz.
No necesitó decir más. Ambos sabían que aquello debía subir de grado.
Armó un sobre con las copias firmadas, incluyó las fotografías numeradas y escribió en su interior una nota dirigida al fiscal: "Correlación cartografía 1981–1984.
Posible desplazamiento de lindes en parcelas 42, 43, 47.
Solicito certificación registral completa de dichas parcelas, copias autorizadas de escrituras 1982–1984 y peritaje caligráfico sobre firmas del secretario municipal y del notario Beltrán.
Presencia reiterada iniciales A.C. en documentación marginal.
" Cerró el sobre, le estampó la fecha y lo fijó con una tira numerada.
No era todavía la orden judicial; era la petición que le permitiría pedirla.
Antes de guardarlo, repasó una última vez los papeles extendidos: un mapa con tinta roja, una hoja con la anotación "a convenir" y la inicial A.
C. repetida como un sello; las notas simples con transmisiones en 1983–84; los recortes pegados que ocultaban rúbricas.
Las piezas se alineaban sobre nombres concretos: un ingeniero que había trazado lindes, un notario que figuraba en transferencias y un contratista cuyo apellido aparecía en las anotaciones de la obra.
No había una sentencia. Había, sin embargo, trazabilidad.
Guardó la libreta en el bolsillo interior de la gabardina y colocó el sobre en la carpeta que llevaría al fiscal al día siguiente.
Antes de levantarse, miró por la ventana empañada la calle donde la lluvia seguía lavando huellas.
La cartografía le había dado un mapa de beneficiarios posibles; el próximo paso exigía formalidad: certificaciones, peritos, órdenes.
Cerró la carpeta con la precisión con que se cierra una caja fuerte y, al hacerlo, dejó sobre la mesa la última nota escrita, breve y sin dramatismos: "Seguir trazabilidad — pedir certificaciones dominiales — cotejar actas y escrituras — A.
C. prioridad." Luego alzó la lámpara, recogió los papeles y salió sin más ruido que el roce de la gabardina mojada contra la puerta.
Tras salir de la comisaría, se dirigió al Registro.
Aún con la carpeta apretada contra el pecho, Raúl cruzó el umbral del Registro con la sensación del papel húmedo clavada en la palma; el aire dentro olía a tinta fresca y a metal de sellos.
No necesitó presentar más que la requisitoria y la hoja que ya llevaba en el expediente.
La funcionaria del mostrador leyó la cabecera, asintió con profesionalidad y lo condujo a un despacho donde un registrador de voz contenida le pidió en voz baja los números catastrales.
Raúl deslizó los recortes y las coordenadas, señalando las parcelas que había marcado la noche anterior: la 42, la 43 y la 47.
El registrador tecleó con la calma de quien consulta una biblioteca de piedra y, en un lapso medido, le ofreció las opciones: nota simple informativa, certificación de dominio y copia autorizada de las escrituras inscritas.
Explicó el procedimiento: las certificaciones se emiten con sello y firma del cuerpo registral, las notas simples pueden entregarse en el acto si no hay cargas que impidan la expedición, y las copias integrales requieren un plazo mínimo para su tramitación y el pago correspondiente.
Raúl aceptó todo; pidió prioridad y dejó constancia de que las copias irían directamente al fiscal.
Las notas llegaron primero: folios con membrete, sellos y numeración oficial.
Raúl leyó en voz baja las líneas de titularidad mientras las sostenía con guantes.
Los titulares de 1979–1981 aparecían con apellidos que le resultaron coherentes con los vecinos de la lista de Héctor, luego una transmisión de 1982 inscrita a nombre de Valcárcel S.A.
, y, por último, una anotación de transmisión de 1984 donde la finca figuraba a nombre de una sociedad inscrita en 1983 con denominación de tipo genérico —Constructora Mirador, S.L.
—, con administrador nominal que no residía en la comarca.
Raúl dejó que la frase se posara en el despacho.