Capítulo 7Retratos y Contradicciones #3
El técnico abrió una ventana con una tabla de metadatos: nombre de archivo, fecha de última modificación visible, fecha de borrado lógico y propietario del recurso. Raúl observó sin intervenir; las cifras se le iban haciendo mapa.
—Aquí —señaló Gómez—: "AUDITORÍA_COMPENSACIONES_1981.
docx — última modificación 12/03/2022; borrado 09/04/2022 01:14; propietario: Héctor".
Más abajo: "TRANSFERENCIAS_81‑82.xlsx — última modificación 10/04/2022 02:02; borrado 09/04/2022 01:17.
" Los campos de "creado" responden a 2021/2022 por la conversión a .
docx/.xlsx o por el escaneado. En el contenido recuperado aparecen referencias a expedientes antiguos —134/81— y nombres como Beltrán y Ardanaz, pero esos nombres están en el texto, no en una marca de tiempo del sistema heredada de 1981.
Raúl subrayó en su libreta la coincidencia más importante: las horas de actividad intensa la noche del nueve y las marcas de borrado poco después.
Recordó la nota que había dejado en el cuaderno de Héctor: cifras abreviadas y siglas al lado de los apellidos.
Los elementos se acoplaban con una gravedad que no admitía adornos.
—¿Recuperable en su integridad? —preguntó, controlando el ritmo de la voz.
—Parcialmente —contestó Gómez—. Hay clusters sobreescritos y fragmentos irreparables, pero podemos reconstruir cabeceras completas de correos y varios archivos con contenido significativo.
Para correos íntegros necesitamos la imagen de los servidores de la central y de cualquier copia de seguridad remota; sin esa imagen no podemos garantizar integridad probatoria plena.
Además, si hubo manipulación de metadatos, la comparación entre versiones en servidores y la bitácora del sistema nos lo mostrará.
Será trabajo de días y exige autorización judicial para acceder a sistemas remotos y a las copias de seguridad.
Gómez mostró impresiones: cabeceras que habían emergido del área de intercambio y del espacio Slack del disco, líneas arrancadas en mitad de frases. Raúl leyó en voz baja:
"De: andres.beltran@notaria‑beltran.es Para: hector.valcá[email protected] Asunto: Re: Compensaciones — expediente 134/81 Fecha: 11/03/1981"
Y otra, donde aparecían destinatarios y una referencia a pagos: "De: [email protected] Para: [email protected]; [email protected] Asunto: Transferencias — asunto: pagos adicionales"
El perito puntualizó que las frases con fechas antiguas podían proceder de correos escaneados o de transcripciones incorporadas a mensajes más recientes.
Raúl pensó en la carpeta cosida del sótano donde había leído "compensación acelerada" y en la hoja del cuaderno con las iniciales A. C. Todo empezaba a articularse.
—Quiero que solicite formalmente imagen forense de los servidores de Valdeluz y de sus copias de seguridad —dijo—.
Que conste en acta la petición al fiscal; que cada extracción vaya con hash y firma; y que nos den prioridad en la reconstrucción de correos que contengan referencias a expediente 134/81 y a los apellidos del cuaderno.
Además, pediré al banco histórico copia certificada de transferencias que coincidan con los rangos anotados.
Y que se compruebe cualquier modificación de metadatos entre versiones.
Gómez anotó y pidió claros: tiempos, recursos y limitaciones.
Raúl aceptó que no habría resultados instantáneos; la técnica exigía paciencia.
Anotó en la libreta: "Peritaje digital exhaustivo — servidores Valdeluz, copias de seguridad, bitácoras, correo; priorizar TRANSFERENCIAS y AUDITORÍA_COMPENSACIONES.
Solicitud fiscal formalizada. Cadena de custodia: HVAL_01. bit en caja del Juzgado."
El técnico añadió lo que la evidencia técnica no podía callar: la bitácora del sistema mostraba sesiones coincidentes con actividad intensa durante la madrugada del 9 de abril, inicios de comandos de borrado y, tras ellos, reinicios y parches aplicados en las horas siguientes.
Esa secuencia técnica, dijo Gómez, es coherente con un intento de limpieza urgente tras localizar documentos sensibles.
No daba nombres, no hacía acusaciones; señalaba una mecánica.
Raúl cerró los ojos un instante y los abrió con el gesto firme que usaba para ordenar a otros la calma. No era su papel convertir una mecánica en culpabilidad, pero sabía leer patrones: quien conoce dónde buscar actúa más rápido; quien teme la exposición borra sin contemplaciones.
Exigió fotocopias selladas de todo lo recuperado, sellos para las impresiones y la numeración habitual. Firmó cada hoja y marcó prioridades en la carpeta. A su alrededor, el laboratorio respiraba un orden profesional que no prometía certezas, solo rutas.
Antes de marcharse, repitió en voz baja para sí la consecuencia inmediata: cotejar las columnas parciales donde aparecía "Beneficiarios / Entidad receptora" con las cifras abreviadas del cuaderno de Héctor; pedir a Elena que prepare las fotografías del sótano con las anotaciones marginales; requerir al fiscal la autorización para imagen completa de la central.
Cada pieza tenía que ensamblarse con otra sin dejar huecos que un abogado pudiera explotar.
Salió del laboratorio con la carpeta al hombro.
Por primera vez desde que el embalse devolvió el cuerpo, la sospecha general comenzó a tomar forma definida: Héctor había reunido papeles y nombres que vinculaban pagos a expedientes antiguos, y alguien, la noche del nueve, había tratado de borrar esa ruta.
La tarea siguiente quedó clara en su libreta, bajo el subrayado de un solo nombre: Beltrán.