Los Nombres del Río Capítulo 7Retratos y Contradicciones #2
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Capítulo 7Retratos y Contradicciones #2

No alargó el gesto: pidió a la teniente que documentara la escena con tomas generales y macro.

El perito se aproximó con guantes y, antes de tocar nada, realizó una panorámica con la cámara forense.

Raúl tomó notas en la libreta oficial: ubicación exacta del cuaderno, estado de la portada, presencia de manchas.

Cuando el perito preguntó quién sería testigo de extracción, la secretaria señaló con voz temblorosa que ella y el representante de la familia permanecerían en la puerta; Raúl pidió que quedara constancia de su presencia en acta.

Abrió la tapa del cuaderno con cuidado, sin leer en voz alta.

La primera página mostraba fechas recientes escritas con letra apretada, listas en columna y notas de campo.

El papel tenía torsión por uso, el canto presentaba huellas de dedos y una mancha parda semejante a tinta corrida por humedad.

Sobre la página siguiente aparecían los cinco apellidos ya conocidos —Iza, Olabarria, Leiva, Mendieta, Aguirre—, escritos en la misma caligrafía pero con añadidos al lado: cifras abreviadas y siglas.

Raúl dejó que los números reposaran en su vista.

Pidió a la teniente que preparara una bolsa numerada para evidencias.

Con guantes, extrajo el cuaderno, lo colocó sobre una tabla para evitar flexiones y lo introdujo en la bolsa mientras el perito fotografiaba el proceso paso a paso.

La bolsa recibió el número 031; la tapó con cinta numerada y estampó las firmas: la suya, la de la teniente, la del perito y la del representante del despacho.

El abogado miró el movimiento con la impasibilidad profesional de quien reconoce el valor de la técnica, y luego firmó la recepción sin comentar.

No hubo prisa en abrir las carpetas que quedaron sobre la mesa.

Raúl ordenó registro sistemático: facturas, copias impresas de correos internos y sobres con resúmenes de cuentas.

Entre los papeles apareció una pila de emails impresos, con cabeceras, remitentes y destinatarios; algunos tenían marcas al margen con fechas y flechas que encuadraban movimientos de dinero entre cuentas.

Los correos estaban fechados en el primer trimestre de 2022 y en el otoño anterior.

Raúl hizo que cada hoja fuera fotografiada en alta resolución, numerada y colocada en un sobre sellado diferente al cuaderno—bolsa 032 para los correos impresos—con acta que describía origen y disposición.

En un cajón, debajo del escritorio, el perito localizó un disco duro externo pequeño, pegado con una cinta que mostraba restos recientes de manipulación.

Raúl pidió al perito informático que no lo desconectara ni lo conectara a ningún equipo de oficina.

Ordenó que el dispositivo fuera embalado en sobre metálico antiestático, con firma y sello, y que se remitiera al laboratorio forense para imagen bit‑copy.

El perito apuntó la referencia del laboratorio, el plazo estimado y la condición de prioridad.

Mientras la teniente empaquetaba, la secretaria tuvo un gesto repetido: un puño cerrado junto al delantal.

Raúl le ofreció, sin dramatizar, que si quería anotar algo en confidencia lo hiciera en una hoja que sería entregada al fiscal.

Ella negó con la cabeza y dijo que solo quería que se hiciera lo correcto.

En la estantería trasera apareció, entre facturas, un sobre con recibos anotados a mano y la mención "transferencias X", con rótulos que apuntaban a terceros.

Los recibos no eran concluyentes por sí mismos, pero las cantidades y las fechas coincidían con las cifras abreviadas que aparecían junto a los apellidos en el cuaderno.

Raúl fotografió la superposición de la anotación y el recibo; colocó ambos en la misma bolsa para asegurar su correlación y escribió en el acta: "Conservación conjunta: referencia cruzada cuaderno/recibos. "

El abogado de la familia insistió en que se conservaran copias y en que se remitieran originales a su cliente.

Raúl respondió con la frialdad del procedimiento: los originales quedaban bajo custodia judicial y la documentación sería entregada a la Fiscalía; copias certificadas podrían facilitarse por el cauce legal. El hombre asintió, firmó y se retiró.

El registro avanzó hacia la sala de reuniones privada.

Allí, sobre la mesa, había un cuaderno de mayor formato con notas técnicas, esquemas del río y una entrada reciente subrayada: "reunir 23 — caserío L.

verificar papeles". Raúl subrayó la línea en su cabeza.

Pidió que la página se fotografiara con detalle antes de introducir el cuaderno en la bolsa correspondiente.

La teniente hizo la copia certificada y la introdujo en la carpeta que partiría al juzgado.

Antes de cerrar el registro en la finca, redactó la relación de objetos incautados y la firmó en presencia del secretario judicial: cuaderno 031, correos impresos bolsa 032, disco duro embalado en sobre antiestático, recibos y sobres en bolsa 033.

Tomó la foto de portada del expediente y generó el hash que anotó en la cabecera del acta.

Guardó la libreta que llevaba en el bolsillo y dejó la firma final junto a la hora.

A media mañana se trasladaron a la oficina administrativa en la central de Valdeluz con la orden de entrada pertinente.

Allí los controles eran más estrictos, la seguridad más numerosa.

El responsable de relaciones institucionales se presentó y ofreció, de nuevo, colaboración por escrito.

Raúl aceptó la presencia, pero exigió la misma cadena de custodia y la intervención del perito informático municipal.

En una sala técnica, con servidores apagados y tres técnicos supervisando, localizaron copias impresas de correos coincidentes con los hallados en la casa de Héctor; algunos archivos mostraban anotaciones en tinta roja y números cruzados con fechas de 1981.

El perito pidió tiempo para registrar bitácoras de acceso y para solicitar copia forense de los servidores, cuando la Fiscalía autorizara la medida.

Raúl dejó la petición por escrito y la fotografió; el responsable de la central la firmó como "recepción de solicitud".

No hubo resultados periciales en ese momento; solo la constatación de solapamientos: el cuaderno negro de Héctor contenía nombres que aparecían en papeles y cifras que remitían a transferencias cuya ruta debían seguir.

Antes de marcharse, Raúl dejó orden de prioridad para la imagen forense del disco y para el análisis caligráfico del cuaderno.

Encargó además que se preservaran los servidores y que no se manipularan los respaldos durante siete días salvo orden judicial adicional.

Metió la gabardina húmeda en el coche y, con la carpeta sellada en la mano, recorrió mentalmente las anotaciones.

En la última fotografía tomada del cuaderno, junto a los cinco apellidos, alguien había tachado una inicial.

Raúl dejó la mirada en esa página un instante más y, sin palabras, escribió en la hoja de custodia: "Cuaderno: evidencia de investigación interna. " Firmó.

La firma y el sello que había estampado en la hoja de custodia la noche anterior seguían frescos en el expediente cuando volvió al laboratorio al día siguiente.

La anotación en la libreta —rastrear destinatarios de las transferencias— le resonaba en la cabeza.

Entró sin anunciarse; la lluvia le había pegado en la nuca y le colgaba de la gabardina un olor leve a metal húmedo.

Sobre la mesa, el perito ya había dispuesto los soportes: el disco bit‑copy marcado HVAL_01.

bit, la carpeta con las impresiones selladas de la sesión anterior y la libreta de protocolo donde I.

Gómez había ido dejando constancia de cada operación.

El representante judicial llegó unos minutos después y, sin sorpresa, se sentó junto a la pantalla.

Raúl no necesitó explicaciones; lo veía todo en los sellos, en las firmas y en la pila de hojas numeradas. Se colocó junto al técnico y oyó la voz práctica de Gómez, exacta, sin hipérbole.

—Hemos reconstruido fragmentos de archivos y parte de la tabla —dijo—.

Los nombres que figuran en el cuaderno aparecen en columnas parciales.

Importante: los ficheros referidos a «1981/82» son nombres de archivo o referencias internas; las marcas de creación del sistema corresponden a 2021–2022 o a las fechas de escaneo y conversión digital.

Hay además cabeceras archivadas en bloques no asignados que contienen fechas antiguas en su contenido, pero eso no implica que el .

docx o .xlsx se crearan en 1981. Hay tres vías a distinguir: contenidos con fechas históricas escritas en el cuerpo, archivos modernos que contienen copias de documentos antiguos, y pruebas de manipulación de metadatos que deberemos acreditar pericialmente.

Raúl dejó que la frase calara. Había leído en la impresión anterior una línea que parecía contradecir el mundo físico: fechas de 1981 pegadas como si el tiempo pudiera viajar en metadatos. Gómez lo miró y añadió, con la mesura que exigen las pruebas:

—Para ser claros: los fragmentos recuperados contienen rótulos tipo «AUDITORÍA_COMPENSACIONES_1981» y en varios correos recuperados parcialmente aparece la línea "Date: 11/03/1981" en el cuerpo del mensaje.

Sin embargo, el sistema de ficheros registra creación y modificación en 2021–2022; la fecha del borrado coincide con el 09/04/2022.

Eso puede significar que documentos antiguos fueron escaneados o transcritos entonces, o que alguien renombró archivos con referencias históricas.

También existe la posibilidad de manipulación deliberada de metadatos; para dirimirlo necesitamos la imagen forense de los servidores y las copias de seguridad para comparar hashes y ver la cronología real de las entradas.