Los navegantes Los jugadores #4
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Los jugadores #4

Aunque corría el riesgo de no volver a encontrar la recepción, subí por la escalera mecánica hasta la segunda planta, donde se hallaba la gigantesca recreación interior de Venecia del Venetian: una versión perfumada y climatizada de La Serenissima, con canal, góndolas y gondoleros vestidos con camisetas a rayas, sombreros de paja planos y pelucas rubias.

Los gondoleros cantaban en italiano, y fotógrafos profesionales inmortalizaban el paseo en góndola por esas aguas de un turquesa perfecto, bajo un cielo azul artificial.

Junto a los canales —porque son tres—, un ejército de limpiadores con fregonas y paños iban de un lado a otro, asegurándose de que el Venetian estuviera impecable en todo momento.

Al parecer, muchos turistas chinos se han sentido decepcionados tras visitar la verdadera Venecia, que encuentran maloliente, desagradable por la temperatura y sucia en comparación con la copia hipercapitalista de Macao.

La copia, por cierto, también es una copia en sí misma: el primer Venetian abrió sus puertas en Las Vegas en 1999.

Sin embargo, el complejo estadounidense es mucho más pequeño que la versión de Macao, apenas tres veces más grande que el palacio de Versalles.

En Macao todo es más grande, más vistoso y más caro. Macao es Las Vegas con esteroides.

Al igual que el original en el Adriático, el Venetian descansa sobre pilotes, aunque de hormigón y no de madera.

Ese complejo de lujo ha surgido literalmente del mar.

El principal problema de Macao siempre ha sido la falta de espacio, problema que se ha resuelto convirtiendo cada vez más fondo marino en tierra firme.

En un principio, Macao constaba de cuatro islas: Macao, Ilha Verde, Taipa y Coloane; las dos últimas no fueron colonizadas por los portugueses hasta el siglo XIX .

Ilha Verde hace mucho tiempo que quedó integrada en la isla de Macao, y ahora Taipa y Coloane también están conectadas entre sí gracias a un ambicioso proyecto de recuperación de tierras que dio lugar a la llamada franja de Cotai, donde hoy se encuentra el Venetian.

En la actualidad, más de la mitad de la superficie total de Macao son terrenos recuperados de forma artificial, y la mayor parte de ellos se han creado en las últimas décadas.

Cada año que pasa, Macao crece un poco más.

Cada metro cuadrado es valiosísimo. Con veintidós mil habitantes por kilómetro cuadrado, es una de las zonas más densamente pobladas del mundo: en los distritos con mayor densidad de población viven más de cincuenta mil personas por kilómetro cuadrado, casi el doble que en Manhattan.

El cielo de Macao está casi siempre nublado, cubierto de esmog y neblina.

Sin embargo, el de la Venecia interior del Venetian siempre es azul claro, salpicado de nubes blancas con un leve tono azafranado.

El Gran Canal está flanqueado por tiendas de lujo como Chanel, Versace, Dolce enfebrecida, las colocaba sobre el tapete siguiendo patrones ingeniosos, y perdía y perdía, ganaba, volvía a perder.

Debería haber ido al aeropuerto, pero continué jugando; todavía había tiempo, podía coger un autobús más tarde.

Al final reaccioné, recogí las últimas fichas y las cambié por dólares de Hong Kong.

El autobús del aeropuerto me llevó desde el puesto fronterizo de Macao, donde nuevas tandas de jugadores se apresuraban a cumplir con los trámites aduaneros, hasta la terminal de Macao en el aeropuerto de Hong Kong.

Un puente y túnel submarino de 55 kilómetros de longitud conecta las dos regiones administrativas especiales; es el enlace por carretera más largo del mundo sobre el agua.

El puente tardó casi diez años en construirse y se completó en 2018.

El autobús avanzaba en línea recta por el delta del río Perla, que solo se intuía como una masa negra al otro lado de la ventanilla.

En el horizonte, las luces de neón parecían llamas de hogueras encendidas.

Las megaciudades de ese delta suman casi cien millones de habitantes y se están fusionando para formar la mayor área urbana del mundo.

En esos 56.000 kilómetros cuadrados vive más gente que en Canadá, Australia y los países nórdicos juntos.

Ese era el verdadero centro del mundo. El futuro de la Tierra se estaba forjando allí, entre las luces de neón parpadeantes de la desembocadura del río Perla.

Pero nada de eso se me pasaba por la cabeza mientras estaba sentada allí, entre las dos últimas colonias europeas de Asia. Estaba demasiado ocupada calculando cuánto podría haber ganado si hubiera seguido jugando un poco más.