Capítulo 15 #2
¿Por qué nunca le contaste lo que te pasó a ti en aquel edificio?
—Estaba en la cocina. El abuelo tenía partido en la liga de bolos. —El sudor le relucía en la frente; las axilas de la blusa se le habían oscurecido—. Dylan… entró por la puerta de atrás, fuera de sí, gritando, cubierto de sangre. Tenía un tajo enorme en la mejilla.
El mundo se detuvo. Maggie sintió una dolorosa opresión en los pulmones, pero aquello era bueno, ¿no? Un misterio resuelto. Alex tenía un hermano, y él era quien había atacado a Maggie. Pero si después se fue a casa, entonces no estaba en Yarrow con Aiden. ¿Verdad?
—Al menos sabemos que yo no maté a ese tipo —dijo, con más veneno en la voz del que pretendía.
—Ajá. Pero ya he hablado con Tysdale para que saquen a los perros; estarán rastreando los cimientos del edificio del parque a primera hora. No queremos decepcionarlos cancelando la búsqueda.
La presión en la mano hizo que bajara la vista.
Maggie no se había dado cuenta de que había alargado la mano hacia Reid, pero estaba apoyada en él en vez de en el alféizar bajo la ventana, aferrada a su antebrazo.
Él le cubría la mano con la suya. Cuando alzó la mirada, la estaba observando, con los ojos húmedos y tristes, pero firmes.
Apoyo. El fuego que le ardía en el pecho remitió.
Era como si le estuviera drenando la tensión del cuerpo a través de las yemas de los dedos, aunque el corazón seguía desbocado, latiéndole con violencia en las sienes.
Los dos volvieron la vista hacia la ventana cuando Malone habló:
—¿Qué le pasó en la mejilla, señorita Dahlgren?
Alex se encogió de hombros. Bajo los fluorescentes, tenía el rostro pálido y enfermizo.
—Supuse que se había metido en otra pelea. Que había recibido lo que se merecía.
Al decir aquello, irguió los hombros. Sorbió por la nariz.
—Porque ya había atacado a gente antes —dijo Birman.
Maggie le lanzó una mirada fulminante. Como si tú no lo hubieras hecho, Señor Orden de Alejamiento.
Alex tragó saliva con dificultad y asintió.
—Me había dado unas palizas terribles antes. A mi abuelo también. Y su padre..., quiero decir, mi padre, le daba unas palizas de muerte a mi madre. Antes de que ella... desapareciera.
Maggie frunció el ceño.
—¿Eso tampoco lo sabías? —dijo Reid—. El abuelo denunció a su padre por robo mayor y atraco a mano armada. Dijo que le apuntó con una pistola y vació la caja fuerte.
—Creía que su madre estaba muerta. Y que su padre las había abandonado cuando ella era un bebé.
Su voz sonó hueca. ¿Le había dicho Alex la verdad sobre algo alguna vez? A Maggie le escocían los ojos.
—Así que Dylan entró por la parte de atrás —dijo Malone—. Siento tener que remover recuerdos tan dolorosos, pero necesitamos saber... ¿Qué ocurrió después?
A Alex le temblaban los hombros. Maggie apretó con más fuerza el brazo de Reid.
Una parte de ella quería irrumpir en la sala y abrazar a su amiga, decirle que todo iba a salir bien, que lo resolverían comiendo tacos y viendo una película estúpida.
Pero otra parte quería darle un puñetazo en la cara.
Sí, Maggie tenía sus propios pecados y también había ocultado cosas; entendía que el trauma podía llevarte a callar.
¿Pero cáncer? ¿Cáncer, Alex? Podría haber dicho que se había caído de un trepador o que la había atropellado un coche.
Tenía la garganta atenazada por un calor que no sabía si era empatía o furia. Una cosa era perdonar un error fruto de un momento de debilidad, pero para eso había que pedir perdón, no esperar a que te pillaran en una mentira.
—Yo... yo grité —dijo Alex—. Grité tan fuerte , pero supongo que no lo bastante para que me oyeran los vecinos. Y entonces él... él... cogió un cuchillo del taco de cuchillos.
Los ojos le brillaban, llenos de lágrimas que no llegaron a resbalarle por las mejillas. Alex nunca lloraba.
—Intenté quitármelo de encima, pero se me echó a la espalda. Me mordió.
Cruzó el brazo por delante del pecho y se tocó un punto de la parte alta de la espalda. A Maggie se le cortó la respiración. El lugar que señalaba... era donde tenía el tatuaje. El corazón multicolor, de trazos libres. ¿Se lo había hecho para tapar la cicatriz?
—Parece que este tipo sigue un patrón —dijo Reid, pero su voz le llegó como si hablara bajo el agua. Maggie solo podía oír a Alex.
—Me rasgó la camiseta y luego... luego arremetió contra mí con el cuchillo. Creo que quería clavarme el cuchillo en el corazón.
Igual que había muerto Aiden. No era una coincidencia. No podía serlo.
—Piquerismo —dijo en voz baja—. La compulsión consiste en apuñalar o morder; de ahí obtiene la gratificación sexual.
Y él era joven entonces, apenas empezaba a descubrir cuánto le gustaba la sensación de hundir los dientes en carne viva. Aún estaba experimentando con su modus operandi.
Alex aspiró hondo y temblorosamente, abrazándose los bíceps. Autoprotección.
—Me giré en el último momento —continuó. Hablaba tan bajo que Malone se inclinó hacia delante para oírla, con el rostro convertido en una máscara de compasión—. En vez de clavárseme en el pecho, la hoja se me clavó en el... Y cuando retiró la mano de un tirón...
Hipó, se recompuso y volvió a tragar saliva.
—Salió corriendo, pero yo estaba tan asustada que... que no podía...
Sus palabras se deshicieron en una retahíla de susurros ininteligibles.
—Jesucristo —dijo Reid.
—¿Por qué no llamó a la policía? —espetó Birman.
Y en aquellas palabras Maggie oyó el modo en que él la había interrogado la noche en que Aiden desapareció: ¿Dónde estabas, Maggie? ¿Qué te pasó en la muñeca, Maggie? ¿Viste a tu hermano? ¿Estabas enfadada con él? Se le erizó la piel.
—Quería matarme —dijo Alex con la mirada clavada en el regazo—. Yo solo quería ir al hospital. Necesitaba ir al hospital. Había tanta sangre... Creí que me moría.
Levantó la cabeza y sostuvo la mirada de Malone, el más amable de los dos detectives, el que más seguridad le inspiraba.
—No quería morir .
Malone asintió, con los labios caídos.
—Entonces, ¿fue directamente de casa al hospital? —preguntó.