CAPÍTULO 28 — Hacia el Pórtico da Gloria
BLOQUE 1
Se reunieron a las dos de la madrugada en una entrada lateral del palacio arzobispal, con Vilanova encabezando el pequeño grupo autorizado a acceder a la cripta: Gabriel, Adrien, Lucía, Padre Esteban,
y dos agentes de la Policía Nacional que la fiscal Mera había conseguido movilizar en tan poco tiempo, todos conscientes de que cada minuto de demora podía representar la diferencia entre llegar a tiempo o encontrar, una vez más, la evidencia destruida antes de poder protegerla.
---Por aquí ---indicó Vilanova, guiándolos por un corredor estrecho que descendía gradualmente desde el propio palacio hacia lo que, según explicó, había sido originalmente parte de las fundaciones más antiguas del complejo catedralicio,
anteriores incluso a la construcción del propio Pórtico en el siglo XII.
El aire, frío y cargado de la humedad característica de cualquier espacio subterráneo de piedra antigua, llevaba consigo un silencio absoluto que a Gabriel le recordó, con una punzada de nostalgia inesperada,
la misma sensación que había experimentado meses atrás descendiendo hacia la iglesia bajo la roca de O Cebreiro.
---La cripta está justo delante ---anunció Vilanova, deteniéndose frente a una puerta de madera reforzada, considerablemente más moderna que el resto de la construcción circundante, con un candado que él mismo abrió con una llave que llevaba consigo desde su propia designación como deán.
BLOQUE 2
Dentro, la cripta resultó ser un espacio reducido, con apenas capacidad para media docena de personas, dominado por un pequeño altar de piedra sin ninguna decoración particular y, en el extremo opuesto, exactamente donde Vilanova había indicado, una abertura estrecha,
disimulada tras un panel de madera que cualquier visitante casual habría confundido con un simple elemento decorativo del propio muro.
---Este es el pasadizo ---dijo Vilanova, apartando el panel con cuidado---. Lleva directamente hacia la parte posterior del Pórtico, al espacio que los restauradores usaban tradicionalmente para trabajos de mantenimiento discretos.
Antes de que pudieran avanzar más, uno de los agentes de policía, apostado brevemente en la entrada de la propia cripta como precaución, hizo una señal urgente hacia el resto del grupo.
---Hay luz al final del pasadizo ---informó, en voz baja---. Alguien ya está ahí dentro.
Gabriel sintió que el corazón se le aceleraba de golpe, comprendiendo que habían llegado, por muy poco margen, justo a tiempo para lo que fuera que estuviera ocurriendo al otro lado de aquel pasadizo estrecho.
BLOQUE 3
Avanzaron con extremo cuidado, en fila, con los dos agentes encabezando la marcha con las armas reglamentarias ya desenfundadas pero mantenidas bajas, siguiendo el protocolo de aproximación silenciosa que la situación exigía, mientras el resto del grupo los seguía de cerca,
conteniendo la respiración con cada paso sobre la piedra desgastada del propio pasadizo.
La luz, cálida y parpadeante como la de una linterna de mano o una vela, se hacía cada vez más intensa a medida que se acercaban al final del recorrido, revelando, poco a poco, el contorno de una figura solitaria trabajando con evidente concentración sobre algo que Gabriel,
todavía a cierta distancia, no lograba distinguir con total claridad.
Padre Esteban, reconociendo la silueta antes que ninguno del resto del grupo gracias a décadas de familiaridad con las figuras del propio cabildo, susurró el nombre que todos ya esperaban escuchar.
---Bastos.
El canónigo, arrodillado frente a la parte posterior de la estructura del Pórtico con una pequeña herramienta metálica en la mano, se giró bruscamente al escuchar el eco de aquel susurro amplificado por la propia acústica del pasadizo estrecho, con una expresión que,
por primera vez desde que Gabriel lo conocía, revelaba algo parecido al pánico genuino ante haber sido descubierto.
---Llegaron demasiado tarde ---dijo, con la voz todavía firme a pesar de la evidente sorpresa, mientras se ponía de pie despacio, sin soltar la herramienta que sostenía---.
O quizás, doctor Llorente, llegaron justo a tiempo para entender por qué esto siempre fue necesario, y por qué va a seguir siéndolo, sea cual sea el resultado de esta misma noche.