CAPÍTULO 26 — El Último Sacrificio
BLOQUE 1
Bieito Lameiro, todavía trabajando en el archivo a pesar del ataque sufrido semanas atrás, se había vuelto, sin que nadie se lo pidiera explícitamente, un observador cada vez más atento de cualquier movimiento inusual dentro del propio cabildo,
motivado por una determinación silenciosa de contribuir a la investigación de la única manera que su posición le permitía.
La tarde del miércoles, dos días antes del evento programado, llamó a Gabriel con una urgencia que no intentó disimular.
---Necesito hablar con ustedes en persona, cuanto antes ---dijo, con la voz baja, como si temiera que alguien pudiera escucharlo incluso a través del teléfono---. Escuché algo, sin querer, en el propio pasillo del archivo. No puedo explicarlo bien por teléfono. Necesito mostrarles algo.
Gabriel, sintiendo la urgencia genuina en la voz de Bieito, acordó encontrarse con él esa misma noche, en un punto discreto cerca del propio casco histórico, lejos de cualquier vigilancia habitual del cabildo.
Bieito nunca llegó a la cita.
BLOQUE 2
Lo encontraron, casi una hora después de la hora acordada, en un callejón lateral cerca de la ruta que normalmente tomaba desde el archivo hasta su propia casa, gravemente herido tras lo que la Policía Nacional, alertada de inmediato por Gabriel al ver que no aparecía,
describió inicialmente como una agresión con arma blanca.
El equipo médico de urgencia lo estabilizó en el lugar antes de trasladarlo al hospital, con un pronóstico inicial que, sin ser inmediatamente mortal, resultaba considerablemente grave: una herida profunda en el costado, pérdida de sangre significativa,
y una conmoción severa aparentemente causada por un golpe adicional en la cabeza.
Gabriel llegó al hospital apenas se enteró de lo ocurrido, encontrando a Adrien y a Lucía ya presentes, ambos con la misma expresión de horror y culpa compartida que él mismo sentía.
---Es mi culpa ---dijo, sin poder contener la frustración acumulada---. Le pedí que se encontrara conmigo, sabiendo el riesgo que corría cualquiera que se acercara demasiado a esta investigación, y ahora está luchando por su vida en un quirófano.
Adrien, con la experiencia de haber cargado él mismo con culpas similares a lo largo de tres investigaciones anteriores, intentó ofrecerle algo de perspectiva en medio del propio dolor compartido.
---No fuiste vos quien lo atacó, Gabriel. Fue Bastos, o quien sea que trabaje para él, decidido a silenciar a cualquiera dispuesto a hablar, sin importarle en absoluto el precio humano que eso implica.
BLOQUE 3
La fiscal Mera, llegando poco después con noticias adicionales, aportó un dato que confirmaba la relación directa entre el ataque y la investigación en curso.
---Encontramos junto al cuerpo de Bieito una nota manuscrita, parcialmente manchada de sangre pero todavía legible, que aparentemente intentó escribir antes de perder el conocimiento ---dijo, mostrándoles una fotografía del propio hallazgo---.
Solo alcanzó a escribir dos palabras completas antes de que lo interrumpieran.
Gabriel se inclinó sobre la fotografía, leyendo con dificultad la caligrafía irregular y manchada.
"Cripta. Vilanova."
---¿Qué significa esto? ---preguntó Lucía, procesando aquellas dos palabras con una urgencia considerable.
Padre Esteban, escuchando la pregunta, ofreció la asociación más inmediata que se le ocurría.
---La cripta del propio palacio arzobispal, donde Vilanova nos entregó originalmente el memorial de los Fieles Guardianes ---dijo---.
Si Bieito escuchó algo relacionado con ese lugar específico, y si intentaba advertirnos precisamente sobre eso antes de ser atacado, deberíamos considerar seriamente que Bastos y su gente planean algo directamente relacionado con esa ubicación, quizás en conexión con el propio evento del viernes.
Gabriel, sintiendo el peso completo de la urgencia que aquellas dos palabras representaban, tomó una decisión que ya no admitía más demoras cautelosas.
---Vamos a necesitar hablar con Vilanova esta misma noche, sin esperar hasta mañana ---dijo---.
Y vamos a necesitar que la fiscal Mera considere, con toda seriedad, actuar directamente sobre Bastos antes de que llegue el viernes, aunque todavía no tengamos la prueba definitiva que un juez exigiría en circunstancias normales.
Ya perdimos demasiado tiempo siendo cautelosos.
No podemos permitirnos perder también a Bieito, ni arriesgar lo que sea que Bastos esté planeando contra el propio evento de la doctora Montenegro.