CAPÍTULO 13 — Ataque en la Catedral
BLOQUE 1
Decidieron trasladar el volumen del memorial y el manifiesto de Bastos a un lugar seguro fuera del propio recinto catedralicio, conscientes de que dejarlo dentro del archivo, incluso bajo la protección adicional que la fiscal Mera había gestionado tras la amenaza anónima,
representaba un riesgo que ya no podían permitirse asumir.
Lucía se ofreció a quedarse hasta tarde aquella noche, terminando de fotografiar cada página del documento con el mismo cuidado meticuloso que aplicaba a cualquier pieza de valor histórico,
mientras el resto del equipo coordinaba con la fiscal Mera los siguientes pasos formales de la investigación desde la propia comisaría.
Trabajaba sola en la sala de consulta, con Bieito Lameiro esperando en el pasillo exterior por simple precaución, cuando las luces del propio archivo se apagaron de golpe, sumiendo la sala en una oscuridad casi total,
interrumpida únicamente por el resplandor tenue de la pantalla de su propio portátil.
---¿Bieito? ---llamó, con la voz tensa por la sospecha inmediata de que aquello no era un simple corte de suministro accidental.
No obtuvo respuesta.
BLOQUE 2
Escuchó pasos, deliberadamente silenciosos pero no lo suficiente como para pasar completamente desapercibidos en el silencio absoluto de la sala, acercándose desde el propio pasillo donde Bieito debería haber estado montando guardia.
Lucía, con los reflejos entrenados por años de trabajo en condiciones a veces precarias durante distintas investigaciones de campo, cerró de inmediato el portátil, guardándolo junto con el volumen original en la mochila que siempre llevaba consigo,
y se movió hacia la salida de emergencia lateral que había identificado, casi por instinto profesional, apenas había llegado a la sala aquella misma tarde.
La figura, vestida completamente de negro y con el rostro cubierto, la interceptó antes de que lograra alcanzar la puerta, sujetándola con fuerza del brazo en un intento evidente de arrebatarle la mochila.
Lucía forcejeó con todas sus fuerzas, gritando con la esperanza de que el sonido alcanzara a Bieito o a cualquier otra persona presente en el edificio a aquella hora, mientras el hombre, sin decir una sola palabra, tiraba con fuerza de la correa de la mochila hasta que esta cedió,
arrastrando a Lucía consigo y haciéndola caer contra el borde de una de las estanterías de madera, golpeándose con fuerza en el hombro y la cabeza.
BLOQUE 3
Bieito Lameiro, encontrado minutos después inconsciente en el propio pasillo, con un golpe considerable en la nuca pero sin lesiones que pusieran en riesgo su vida, fue trasladado de urgencia junto con Lucía al hospital más cercano, donde los médicos confirmaron,
con considerable alivio de todo el equipo, que ninguno de los dos presentaba lesiones graves más allá de la conmoción evidente y algunos golpes considerables.
---Se llevaron la mochila ---dijo Lucía, todavía en la camilla del hospital, con un vendaje sobre la ceja izquierda y el brazo derecho inmovilizado por precaución tras el golpe recibido---. El volumen original, mi portátil con todas las fotografías, todo.
Gabriel, llegando al hospital apenas se enteró de lo ocurrido, sintió una furia que le costaba contener frente a la evidente fragilidad de Lucía en aquel momento.
---¿Estás bien? ---preguntó, aunque la propia pregunta le sonó insuficiente frente a lo que acababa de ocurrir.
---Voy a estarlo ---respondió Lucía, con una determinación que ya empezaba a sobreponerse al shock inicial---. Pero perdimos el original, Gabriel. Todo lo que teníamos sobre el memorial y el manifiesto de Bastos, físicamente, ya no está en nuestras manos.
La fiscal Mera, llegando poco después con dos agentes para tomar declaración formal, confirmó lo que todos ya sospechaban sin necesidad de decirlo en voz alta.
---Esto ya no es una advertencia anónima con membrete institucional ---dijo, con la voz cargada de una determinación renovada---.
Esto es un ataque físico directo contra dos miembros de este equipo, dentro del propio recinto catedralicio.
A partir de ahora, este caso pasa a máxima prioridad, con todos los recursos que pueda movilizar, y voy a solicitar personalmente la detención preventiva del canónigo Bastos para interrogatorio, aunque todavía no tengamos pruebas suficientes para una acusación formal.
Gabriel, sosteniendo la mano sana de Lucía mientras los médicos terminaban de revisarla, sintió que la investigación acababa de cruzar un umbral que ya no admitía ninguna cautela adicional de su parte.
---Tienen el original ---dijo, pensando en voz alta---. Pero no las fotografías que Lucía ya había enviado, antes del apagón, a la nube compartida del equipo. Todavía tenemos suficiente para seguir adelante.