Capítulo 49 #2
Como la paz entre los olímpicos y los ctónicos se sentía extremadamente tensa luego de la revelación de Zeus (ya casi podía oler el pie de trinchera y escuchar los cantos de batalla), probablemente no estuvieran blofeando.
Atenea miró de nuevo a Hades.
—¿A quiénes recomiendas? —preguntó.
Hades sonrió lentamente y con picardía.
—Al Dúo Escarlata.
Pasó un largo momento; luego todos los presentes estallaron en ruidosas conversaciones.
Alexis se puso pálida a mi lado.
—¿Quiénes son? —pregunté, mientras alguien gritaba algo desde la última fila.
No estaba actualizada con la jerga espartana moderna debido a mi violento encarcelamiento. La estasis de edad implicaba que no estuviera consciente durante el encierro, y que físicamente solo t uviera veintiún años, lo que explicaba por qué mis poderes todavía estaban en desarrollo.
De alguna manera, a pesar de que mi cuerpo estuviera en estasis, mi mente recordaba… todo .
También estaba el horrible dolor punzante de mi brazo izquierdo, que me negaba a mostrarle a cualquiera.
«No pienses en eso».
—El Du-Dúo Escarlata son… —Alexis se detuvo como si le diera miedo decirlo.
Hubo un alboroto a mi izquierda.
—No —dijo Patro un par de asientos adelante—. Nos negamos a…
«¿De qué habla?».
Se calló cuando una mano con un tatuaje que decía «MUERTE» en los nudillos le tapó la boca.
Había hombres peligrosos, y luego estaban los hombres violentos . La distinción era crucial.
Aquiles y Patro eran de los últimos.
No había conocido a nadie tan volátil en Esparta, criatura oscura o ctónica.
Había algo especialmente desequilibrado en esta nueva generación.
Patro me había acorralado unas doce veces en la villa. Siempre que no había nadie mirando, me arrinconaba contra una pared y me decía que sabía que estaba jugando un juego sucio.
Ahora, me miraba con furia.
Sus ojos esmeralda se encontraron con los míos, un odio puro ardía en sus profundidades.
El miedo me apretó la garganta cuando me di cuenta de lo que estaba pasando aquí.
«Ay… Cronos».
—¿ Ellos son el Dúo Escarlata? —le pregunté a Alexis—. ¿Por qué les dicen así? ¿Es porque los ojos de Aquiles son rojos o tiene algo que ver con la sangre? Tal vez es un juego de…
—¡Lo harán! —gritó Afrodita señalando a su hijo—. Obedecerás las órdenes.
Patro asintió con rudeza.
« Por favor, Cronos, no».
«Esto no puede ser».
«Ellos me van a hacer daño igual que los…».
—Perfecto —dijo Atenea—. El asunto está resuelto, este septiembre, Medusa se inscribirá en Universidad Olímpica de Rodas con Patro y Aquiles como sus guardaespaldas.
Estoy segura de que pueden hacer una carrera en…
—Entornó los ojos mientras observaba a los dos peligrosos hombres ctónicos—. Estudios sobre la guerra.
Patro puso los ojos en blanco.
—A Alexis también le gustaría asistir —dije de repente.
Alexis soltó mi mano, y yo sentí demasiado pánico para ofrecerle una sonrisa de disculpa.
Caronte y Augusto se inclinaron hacia adelante a su lado y los dos me lanzaron una mirada mortal.
No sentí nada.
«Sobrevive».
«Necesitas sobrevivir».
«Patro y Aquiles te van a hacer daño y…».
—Es una universidad olímpica. ¡Históricamente los ctónicos no tienen permitido inscribirse! —gritó un espartano con una pequeña corona de laurel unas filas atrás.
—¡Sí! — respondieron otros olímpicos.
Estallaron burlas.
La expresión de Caronte se retorció mientras me observaba con tristeza en sus ojos azules. Había estado actuando extraño desde la semana anterior, cuando Alexis reveló cómo me había liberado.
Alexis me dijo que se debía a que él era mi hermano, pero yo no lo entendía. Los espartanos rara vez formaban vínculos familiares; nuestra cultura se enfocaba en el poder y la competencia.
—¿Qué hac es? —susurró Alexis discretamente.
«Me van a hacer daño».
—La educación es buena —respondí rápidamente—. Me dijiste que tu sueño siempre fue asistir a una universidad espartana. Ahora puedes hacer una carrera en matemáticas. Podemos estar juntas.
«Podemos estar a salvo».
Ella parpadeó mientras me miraba como si estuviera en shock.
—¿Alexis, eso es cierto? —preguntó Hades por encima del clamor.
Apreté su mano con fuerza.
Alexis cerró los ojos por unos segundos, pero cuando los abrió, su expresión era decidida.
—Sí, me gustaría asistir —dijo, brindándome una pequeña sonrisa.
Sentí que un nuevo calor explotaba en mi pecho, y la extraña luz que flotaba sobre su cabeza brilló con más intensidad.
Caronte se atragantó.
La abracé.
—Gracias —repetí entre su cabello rizado. Alexis me abrazó con fuerza.
«Estarás segura».
«E starás a salvo».
«Todo va a salir bien y puedes…».
—Está decidido —dijo Atenea—. El Dúo Escarlata compartirá habitación con Medusa. Ella no se apartará de su lado. La seguirán y la protegerán.
Patro me fulminó con la mirada; lentamente se pasó el dedo índice por enfrente de la garganta, y su rostro atractivo se retorció de malicia.
—Pasando a nuestro siguiente punto —dijo Atenea con calma, sin saber que me acababa de condenar a muerte—. La Federación sigue investigando por qué los titanes están mutando. Hasta ahora, nuestros esfuerzos no han servido para nada.
—Te vas a arrepentir —dijo Patro con los labios.
Le devolví una mueca.
Ya me arrepentía.