Capítulo 15 La princesa que nunca necesitó un príncipe
Si alguien me hubiera dicho hace unos años que terminaría escribiendo un libro sobre los hombres que han pasado por mi vida, probablemente me habría echado a reír.
¡Y mira dónde estoy!
He conocido hombres con autos que roban miradas, hombres con más labia que sentido común y otros que han sabido hacerme sentir cosas bonitas. Algunos me hicieron reír. Otros me hicieron perder la paciencia. Y hubo uno que otro que me dejó pensando durante mucho tiempo.
También he sido tremenda. He coqueteado, he dicho lo que pienso sin filtro, he tomado decisiones que hoy manejaría de otra manera y he salido de situaciones pensando: «¡Ay, puñeta, qué clase de revolú!».
Porque este libro no se trata de decir que todos los hombres son malos y yo soy una santa. ¡Por favor! Los santos están en el cielo y yo a todas partes. Se trata de contar mis historias como las viví, con sus momentos buenos, sus papelones, sus equivocaciones y sus carcajadas.
Hubo hombres que quisieron cambiar mi apariencia, otros que pretendían que yo estuviera disponible cuando les diera la gana y algunos que nunca supieron apreciar el momento que tenían conmigo. Pero también hubo momentos de cariño, atracción, complicidad y diversión que no cambiaría.
Y si algo he aprendido es que no necesito una relación para sentirme completa. Puedo querer a alguien sin perderme a mí misma. Puedo disfrutar mi soltería, reírme de mis errores y seguir creyendo que todavía me quedan cosas bonitas por vivir.
No sé si algún día llegará un hombre que quiera compartir su vida conmigo de una manera diferente. Lo que sí sé es que no voy a dejar de ser quien soy para conseguirlo.
Porque yo no vine a este mundo a ser la Barbie de nadie, ni la segunda opción, ni la mujer que se queda esperando al lado del teléfono. Vine a vivir, a disfrutar, a aprender y, de vez en cuando, a meter la pata.
Y si algún príncipe se ofende con este libro, que se tome un vasito de agua.
Porque después de tantos hombres princesos, descubrí que la protagonista de mi historia siempre he sido yo.Y colorín colorado…
¡el cuento no se ha acabado!Porque mientras yo siga viva, con salud y ganas de joder, siempre habrá otra historia que contar.
¡PUÑETA, QUÉ BUENA ES LA VIDA!Los santos están en el cielo… y yo a todas partes.