Los días que nunca coincidimos Los días que finalmente coincidimos
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Los días que finalmente coincidimos

Samuel murió un martes.

La Última Hora permaneció cerrada tres semanas.

Cuando reabrió, el nuevo dueño entregó cuatro sobres.

Adrián. Valeria. Daniel. Lucía.

Dentro del de Valeria había una fotografía de dos niños.

Ella y Adrián.

Detrás:

HAY PERSONAS QUE COINCIDEN MUCHO ANTES DE ESTAR PREPARADAS PARA CONOCERSE.

En el de Adrián:

NO CONFUNDAS PROTEGER CON OCULTAR.

Y una nota para ambos:

PERDÓNENME POR HABER CONFUNDIDO PROTEGERLOS CON ESCONDERLES LA VERDAD. CUANDO HABLEN DE MÍ, RECUERDEN TAMBIÉN LAS COSAS BUENAS.

Nicolás y Mariana comenzaron a verse una vez por semana. Él no la llamaba mamá.

Hasta un domingo.

-¿Quieres azúcar?

-Sí.

-¿Cuánta?

-Dos, mamá.

Mariana lloró.

-No hagas un espectáculo.

-Déjame.

Y finalmente se abrazaron.

Carolina no volvió inmediatamente con Esteban. Él consiguió apartamento, terapia y rutina. Llegaba cuando prometía.

Un día Mateo abrió la puerta.

-Llegaste.

-Te dije.

-Antes también decías.

Esteban asintió.

-Entonces tendré que demostrártelo muchas veces.

Carolina escuchó desde la cocina.

No cerró la puerta.

Meses después, sábado, 8:17 p. m., Adrián y Valeria estaban en La Última Hora.

-¿Todavía crees que fue casualidad? -preguntó ella.

-Creo que encontrarte fue casualidad.

-¿Amarme?

-Quizá inevitable.

-Qué cursi.

-¿Y quedarme? -continuó él-. Eso sí fue una decisión.

Valeria apretó su mano.

-Entonces sigue decidiéndolo.

-Todos los días.

Daniel entró después. Lucía apareció minutos más tarde.

-¿Está ocupada? -preguntó ella señalando la silla frente a Daniel.

-Hasta ahora no.

El bartender dejó dos cafés y una nota escrita por Samuel:

ALGÚN DÍA IBAN A COINCIDIR.

Los cuatro rieron.

Durante unos minutos no hubo muertos, secretos ni grabaciones.

Solo personas vivas.

Adrián miró a Valeria.

-Te amo.

-Yo también.

-¿Eso es todo?

Ella se acercó.

-Mañana te elijo otra vez.

-¿Y pasado mañana?

-No abuses.

Afuera comenzó a llover.

Nadie corrió.

Nadie desapareció.

Nadie tuvo que esconderse.

Aquella noche, por primera vez, La Última Hora cerró sin guardar un secreto nuevo.

Durante años habían entrado por la misma puerta en días diferentes, convencidos de que las coincidencias eran accidentes sin importancia.

Tardaron demasiado en entenderlo.

Quizá el destino no decide quién permanece en nuestra vida.

Quizá solamente decide a quién pone en nuestro camino.

Todo lo demás depende de nosotros.