Antes de que todo cambiara
Valeria pidió dos días sin investigar.
Se fueron a una casa pequeña fuera de la ciudad. Adrián quemó la cena. Valeria se burló de él durante cuarenta minutos. Se rieron. Hablaron de hijos, trabajo y domingos.
-¿Quieres tener hijos?
-Sí.
-¿Cuántos?
-Uno.
-Aburrido.
-Diecisiete.
-Perfecto.
Más tarde Valeria se puso seria.
-Prométeme algo. Si alguna vez descubres algo que pueda hacerme daño, no decidas por mí.
Adrián tomó su rostro.
-Te lo prometo.
Aquella noche su intimidad fue lenta y tranquila. Después, abrazada a él, Valeria dijo:
-Creo que me estoy enamorando de ti.
-¿Crees?
-No arruines el momento.
-Yo también.
A las 4:13 el teléfono de Valeria vibró.
Una fotografía de la casa tomada desde afuera.
LOS DOMINGOS ABURRIDOS SON BONITOS.
Otra:
PREGÚNTALE A ADRIÁN QUÉ MÁS TE ESTÁ OCULTANDO.
Y una fotografía antigua.
Adrián niño.
Nicolás.
Valeria.
Los tres juntos.
USTEDES NO SE CONOCIERON EN EL TRABAJO.
Mientras dormían, un automóvil arrancó a menos de cien metros.