Los diarios de Emma M. Lion 2: Una señorita muy poco victoriana 30 de mayo
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30 de mayo

No me encontraba bien cuando me desperté al amanecer y me costó levantarme y vestirme para empezar el día.

No obstante, me sobrepuse.

Salí de casa y subí a la cima de Primrose Hill.

No fue tanto para ejercitarme como para sentir que había logrado Algo Grande.

Al principio, estaba gris y las nubes bajas ocultaban cualquier tipo de vista, pero se oían muchos cantos de pájaros.

Me senté en la hierba y escuché mientras contemplaba la luz del amanecer, que iba pasando del azul al rosa a medida que el sol reunía el valor necesario para disipar cuanta niebla pudiera.

Disfruto de la compañía, pero también disfruto de la soledad, del espacio para caminar, pensar y leer, por muy vaga que sea mi autoeducación en este momento. Disfruto de la libertad, supongo.

Y St. Crispian’s ofrece todo esto. Tanto la familiaridad como el anonimato.

Ay, ahora me estoy poniendo introspectiva. La introspección siempre me lleva a la pequeña cuestión de la supervivencia. Un gran fastidio.

¿Tan imposible es vivir aquí, quedarme en el lugar y en la casa que amo?

No, digo yo. Nunca es imposible.

El camino se mostrará.

Solo desearía… sentirme más segura.

Ahora estoy en casa para dedicar el día a fingir que no tengo que asistir a una cena Exclusiva esta noche.

Más tarde

La cena ha sido exclusivamente estúpida.