30 de mayo
No me encontraba bien cuando me desperté al amanecer y me costó levantarme y vestirme para empezar el día.
No obstante, me sobrepuse.
Salí de casa y subí a la cima de Primrose Hill.
No fue tanto para ejercitarme como para sentir que había logrado Algo Grande.
Al principio, estaba gris y las nubes bajas ocultaban cualquier tipo de vista, pero se oían muchos cantos de pájaros.
Me senté en la hierba y escuché mientras contemplaba la luz del amanecer, que iba pasando del azul al rosa a medida que el sol reunía el valor necesario para disipar cuanta niebla pudiera.
Disfruto de la compañía, pero también disfruto de la soledad, del espacio para caminar, pensar y leer, por muy vaga que sea mi autoeducación en este momento. Disfruto de la libertad, supongo.
Y St. Crispian’s ofrece todo esto. Tanto la familiaridad como el anonimato.
Ay, ahora me estoy poniendo introspectiva. La introspección siempre me lleva a la pequeña cuestión de la supervivencia. Un gran fastidio.
¿Tan imposible es vivir aquí, quedarme en el lugar y en la casa que amo?
No, digo yo. Nunca es imposible.
El camino se mostrará.
Solo desearía… sentirme más segura.
Ahora estoy en casa para dedicar el día a fingir que no tengo que asistir a una cena Exclusiva esta noche.
Más tarde
La cena ha sido exclusivamente estúpida.