27 de mayo
Hoy, cuando he ido a la iglesia, tenía mi canica de la buena-mala suerte en el bolsillo del abrigo. Ahora ha desaparecido y temo que quizá se me haya caído en el banco.
Es algo que siempre llevo encima cuando siento que he tenido una racha de suerte sospechosa.
Fue Maxwell quien me la regaló, y tiene la extraordinaria capacidad de cambiar el rumbo de la suerte en cualquier dirección.
Suelo dejarla guardada en una caja, pues tentar al destino es peligroso para una joven de poca fortuna.
Sin embargo, mi conversación con el señor Pierce no solo me ha hecho pensar mucho en Maxwell, sino que, además, el desafortunado encuentro con el duque no augura nada bueno.
Parece que las cosas se le están poniendo delicadas a Emma M. Lion.
Sé que la señora First siempre revisa los bancos y deja cualquier objeto aleatorio que encuentre en una cesta junto a la puerta, así que espero poder recuperarla dentro de uno o dos días y que todo vaya bien.
Las afortunadas fuerzas de una canica de la buena-mala suerte deberían beneficiarse de pasar unas cuantas noches en la iglesia, así que no interfiero.