30 de abril
Esta mañana me han despertado los sonidos del inquilino preparándose para la jornada. Era temprano, por la ventana entraba una luz tenue.
No estaba cansada, así que me vestí y salí de casa antes de que amaneciera Agnes.
Quería disfrutar al máximo de mi último día de libertad antes de convertirme en esclava del calendario social de tía Eugenia.
Después de media hora sentada en Jacob’s Well, enfilé Whereabouts justo cuando salía el inquilino.
Al estar yo lejos, no me vio, y yo tampoco pude verlo a él bien, tan solo me fijé en que miraba hacia mi ventana.
Le encuentro bastante andarín para ser cojo.
Me ha llegado un paquetito. Al quitarle el papel vi que había una nota.
Emma:
Estas son tus tarjetas de visita, que usarás cuando yo lo juzgue conveniente. Ven a verme mañana a las once y hablaremos de las obligaciones sociales que es mi intención asignarte. Quedas avisada.
Tu tía
Suspiré hondo e inspeccioné el paquete. Allí estaban, pulcramente apiladas, y cuando saqué una vi un hermoso león grabado en oro en el reverso levantado sobre sus patas traseras y con las delanteras en posición de ataque.
Por el anverso y en letras doradas figuraban mi nombre y dirección.
Pero lo que más me sorprendió fue el borde pintado de las tarjetas.
Era de un bonito verde mar, a juego con mis ojos.
Por mucho que afirme despreciar el Afecto, tía Eugenia no encargaría una tarjeta así a menos que lo sintiera, aunque los detalles los haya escogido Arabella.
Fuera como fuera, me llevé la tarjeta al pecho, cerré los ojos y respiré hondo.
Aunque sea lo último que haga, pienso conservar esta casa. Y nadie me la va a arrebatar.
Emma M. Lion
Lapis Lazuli House
Londres