25 de marzo
Domingo de Pascua. Me había esperado un sermón interpelando a Dios respecto a la cuestión de la inmortalidad, pero el Joven Hawkes se limitó a leer cada pasaje de la Biblia que consideraba aludía a la Resurrección de manera simbólica, figurada o literal.
A continuación miró largo y tendido a los fieles de St. Crispian’s y dijo: «Amén».
Se lo agradezco. Hoy no habría podido soportar un sermón, por hermoso que fuera.