Los deseos oscuros del doctor (La Disciplina de Papi nº 8) Capítulo 2 Dr. Hudson
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Capítulo 2 Dr. Hudson

Nunca me apresuro en mis consultas. Todos mis pacientes reciben el tiempo y la atención que necesitan.

Y sin embargo, hoy confieso que he sentido unas ganas inusitadas de terminar con mi trabajo.

Por primera vez desde que llegué aquí, tengo algo por lo que volver, algo que esperar con ilusión.

Una de las ventajas de trabajar aquí es tener pocos pacientes, casi todos jóvenes o de mediana edad, que han pasado por exhaustivos controles médicos antes de que se les asigne un puesto. Así que, en muchos sentidos, ejercer aquí la medicina es muy fácil.

Y por supuesto está la ventaja añadida de supervisar la disciplina, el Entrenamiento de Novias y el Entrenamiento de Parto de las jóvenes que envían aquí.

Pero hoy, incluso eso me resulta pesado.

Porque ahora tengo una novia propia. Tengo a mi dulce e inocente Jessica para entrenarla, moldearla y adaptarla a mis deseos.

Sabe tan poco del mundo, y aún menos de lo que un hombre y una mujer pueden hacer juntos, que podré hacerle creer que mis predilecciones y necesidades son perfectamente normales.

Por primera vez desde — bueno, desde aquella época que prefiero no recordar, cuando todo se vino abajo y casi lo perdí todo — podré dar rienda suelta a mis deseos y tener todo lo que siempre he querido.

Se me pone dura la polla mientras pienso en ella otra vez. Es tan dulce, tan recatada, y sin embargo gimió, se corrió a chorros y se estremeció tanto al llegar al orgasmo.

Oh, va a ser una auténtica delicia entrenarla.

Abro la puerta de la cafetería y la llamo por su nombre.

Se sobresalta y se sonroja al verme.

Sonrío con indulgencia.

Con solo mirar a su futuro esposo se le pone el rostro rosa. Quizás sea el recuerdo de cómo la toqué lo que hace que se sonroje tan dulcemente.

Sé que necesito ir despacio, pero también sé que no puedo.

La necesito demasiado. La deseo.

No puedo tomar su virginidad — no hasta nuestra noche de bodas. Falta un mes entero, a menos que pueda adelantarla.

Pero hasta entonces, hay muchas otras cosas que puedo hacerle.

La miro sentada ahí con su blusa recatada de cuello alto y sin embargo no puedo evitar imaginarla arrodillada, medio desnuda, jadeando de la impresión mientras le limpio a fondo su estrecho agujerito virginal, preparándola para recibir la polla dura de Papi bien adentro de su culo, justo como debe hacer una esposa obediente.