EXTRA #3
—De acuerdo —respondo —¿les dijiste que no demoramos?
—Sí, Antonella sigue insistiendo en que no es justo quedarse en casa esta noche, porque Leo la había invitado a salir —sonrío —le he dicho que puede traerlo a cenar, ¿verdad Anto?
Elevo la vista y miro a mi hija en el umbral, escuchando la conversación.
—Llámalo e invítalo a cenar mañana —pronuncio ganando una sonrisa —quiero conocer al chico con el que mi princesa sale.
—Papá, soy mayor —se queja mientras se acerca —¿prometen que no tardarán?
—Lo prometemos —aseguro acercándome para abrazarla, dejo un beso en su coronilla antes de apartarme —cuida de Bella, y vigila a Lía. Sabes que si algo ocurre…
—Tengo que llamar al tío Ángelo y él sabrá que hacer —responde rodando los ojos —¿por qué a él? Apenas y lo conocemos.
—Es un hombre ocupado —interviene mi esposa —pero sabrá que hacer, así que no dudes en llamarlo, cariño. La niñera debe llegar pronto, mientras tanto vigila a tus hermanas, ¿bien?
—¡Papá! —Bella aparece corriendo —¿puedo ir con ustedes?
—Me temo que no, tesoro —la recibo en brazos y forma un puchero, clara forma de manipulación —pero mañana podemos ir al parque con tus hermanas, lo prometo.
—Haces demasiadas promesas —dice la mayor de mis hijas, sin embargo, está sonriendo.
—Y cumpliré cada una de ellas, cariño —sentencio abrazándola una última vez —nos vemos en un par de horas.
Ella asiente, Bella se entretiene con su hermana mientras salimos de la casa. Nos subimos al auto y enciendo el motor, aguardando unos segundos.
Teníamos una fiesta de unos buenos amigos, son cerca de las diez de la noche y vamos tarde, sin embargo, tampoco planeábamos pasar demasiado tiempo fuera. Dejar solas a las niñas no es algo que nos agrade.
Nuestra casa está a las afueras de la ciudad, así que nos toma casi una hora llegar a nuestro destino. No planeábamos quedarnos demasiado tiempo, Jenna parece solo un poco más tranquila cuando recibe el mensaje de la niñera y uno de Anto informando que todo va bien.
Decido no beber porque tengo que manejar de regreso a casa, y la carretera federal puede ser peligrosa de noche. Así que cerca de una de la mañana, decidimos marcharnos.
—¿Lo has pensado mejor? —inquiero cuando estamos de regreso.
—No —responde Jenna con seguridad —no tengo que pensarlo mejor.
—Jenn…
—Estoy harta de esto, Lucca —dice mirándome —no puedo tolerar pasar más meses a tu lado, siempre es lo mismo, siempre dices que no volverás a hacerlo…y lo haces otra vez.
—Jenn, Lía es pequeña…
—Y es por eso por lo que no quería otra hija, pero me convenciste —reprocha —estoy segura de que podremos manejarlo, no te apartaré de tus hijas porque te adoran…pero no puedo seguir con este matrimonio.
Jenna ha decidido divorciarse, no ha habido mucho que pueda hacer al respecto, aunque es algo que estábamos manejando con discreción. No deseábamos que nuestras hijas se enterasen aún.
—Bien —mantengo la mirada al frente —llamaré a los abogados mañana…
—Nos están siguiendo —me detiene hablando con alarma —Lucca…nos están siguiendo.
—Jenna, que alguien conduzca detrás de nosotros en una carretera, no quiere decir que nos estén siguiendo —respondo —además… ¿Cómo sabes?
Miro por el espejo retrovisor al auto que viene detrás, no parece sospechoso.
—Nos ha seguido desde que salimos de la fiesta —dice —acelera.
Lo hago, conforme aumento la velocidad, el auto también lo hace. No quiero pensar que nos estén siguiendo, es decir, ¿qué motivo habría?
—¿Tengo que llamar a alguien?
—Ángelo —digo —dile que….
—¡Lucca! —el grito aterrado de Jenna me interrumpe en el momento justo en el que las luces de una camioneta delante de nosotros nos ciegan.
Intento esquivarla, intento no impactarme con ella, pero es imposible. El auto se sacude, hay cristales estallando, el sonido del metal al arrugarse y todo se vuelve un caos. Mi cabeza golpea contra algo, siento los cristales clavarse en mis brazos, y algo presionarme el pecho.
—Jenn —apenas y puedo respirar —Jenn…
No tengo una respuesta, el auto está volcado y Jenna no reacciona. Estiro el brazo para sacudir su cuerpo, pero no reacciona y el terror me invade. El olor a sangre llega hasta mí, el dolor explota en cada zona de mi cuerpo y estoy tan aturdido, pero escucho a alguien decir…
—Solo estaba uno.
Esto no es un accidente.
Ángelo, Antoni…mis hijas.
El dolor en mi cabeza explota, suelto un gemido adolorido mientras intento librarme del cinturón, pero no lo consigo.
Intento buscar el celular, pero mi mente comienza a estar más aturdida con cada segundo, todo se mueve, todo gira.
El sonido de un motor se escucha, las luces vuelven a iluminarse y solo soy capaz de escucharme gritar…gritar tan fuerte justo antes de que la misma
camioneta, impacte por segunda vez de mi lado.
Todo se apaga en segundos, mi mente se desconecta, todo desaparece. Mi cuerpo cede ante la oscuridad…dejándose caer al abismo.
Soy Lucca Lombardi…y morí junto a mi esposa en lo que todos creyeron…fue un simple accidente de auto.